lunes, febrero 16, 2009

Objetos perdidos

Tengo algo que contarles a todos los lectores de este blog: cosas raras me están pasando. Cada dos por tres pierdo algo. Cualquier objeto que tenga en mi mano, a los pocos minutos lo estoy buscando desesperado para no volver a encontrarlo. Supongo que es porque ando extremadamente distraído y no importa cuánto intente concentrarme, en algún momento voy a sentir esa extraña sensación de despertar a la realidad y voy a exclamar un “la puta madre ¿dónde dejé ese libro/remedio/lápiz labial?”. Esto me pasa desde hace unos dos años y va creciendo. Antes observaba a alguien distraído cometer un error y pensaba en cómo podía ser tan descuidado, cómo podía no concentrarse, si al fin y al cabo no es tan difícil. Pero ahora me doy cuenta de lo casi inevitable que es. Me distraigo, me pierdo en un misterioso limbo mental, me enredo en mis pensamientos y cuando vuelvo a abrir los ojos me doy cuenta que no sé qué estaba haciendo. Trato de recordar porqué fui de mi pieza a la cocina o porqué abrí ese mueble. La mayoría de las veces lo recuerdo, aunque cada vez me cuesta más, pero lo que nunca puedo hacer es recuperar un objeto perdido. Ya he perdido una llave de tuercas, una pomada para la piel, plata y, como si fuera poco, mi documento. Lo raro es que muchas de las cosas que he perdido han sido en mi casa. Es decir que todavía tienen que estar ahí ¿No? Pero por más que busque por todos lados, que vea debajo de la cama, que meta la cabeza en lugares donde nunca podría estar esa mierda de objeto perdido, no encuentro nada y queda para siempre extraviado. Mi casa no es grande, no tiene tantas cosas, no tiene rincones oscuros ¿por qué se me pierden las cosas? Es una pregunta a la que siempre puse como respuesta “por boludo” pero hace dos días hablando de este asunto con mi mamá me dijo “hay dos razones porque las cosas se pierden: porque las descuidás o porque las guardaste demasiado bien”. La razón donde yo siempre creí que encajaba era “por descuidado” (o sea “por boludo) pero esta reflexión de mi mamá me hizo pensar en la otra posibilidad. Me dio miedo. Por primera vez en mi vida empecé a considerar la posibilidad de estar loco. Dudé un poco ¿Realmente quería dar ese paso? No quise pensar mucho más y me dirigí hacia una caja que Andrea me regaló con muchos regalos en su interior en un cumpleaños. Ahora la uso para guardar algunas cosas. La abrí y sentí una muy molesta sensación de decepción y satisfacción. Ahí estaba todo: libros, pomada para la piel, plata, lapiceras, la llave, papelitos, todos los objetos que creía haber perdido estaban en esa caja. Caja que, por cierto, rara vez abro. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué había hecho eso? Y lo peor ¿Por qué no me acordaba? Semejante descubrimiento quería decir que yo no había perdido nada, que mientras utilizaba esos objetos caía en una suerte de ¿sonambulismo? ¿hipnotismo? o lo que fuera, me levantaba y los guardaba en la caja. Luego despertaba, no me acordaba de nada y empezaba a putear por haberlos perdido. Increíble. ¿Estoy loco? ¿Loco en serio? ¿Tengo esa locura de verdad, que sin que te des cuenta te toma silenciosamente y te horroriza cuando la descubrís? En un estado casi de ensueño empecé a revisar la caja para ver si estaba el famoso documento que perdí hace un año. No estaba. Había otro documento, de una chica, dentro de una billetera que jamás había visto. Tenía plata y unas tarjetas. Qué ¿Ahora también me quedaba con las cosas que no eran mías? ¿O la había encontrado en la calle? Continué revisando la caja y descubrí un revólver. No sé nada sobre revólveres. Nunca toqué ni disparé ninguno. O por lo menos no me acuerdo.

3 comentarios:

Guadalupe dijo...

Ni siquiera el revólver me impresionó.
Sigo preguntándome porqué pierde el lápiz de labio...

Rael dijo...

Aah, vio? (?)

Anónimo dijo...

A mi tambien me pasa eso pero todavia no encuentro mis cosas