domingo, diciembre 07, 2008

La educación que recibí (una clase de "informática" mezclada con ¿inglés?)

A ver qué les parece esta. Resulta que yo estaba en 6to año (año 2001) y cae una vieja a darnos clases de Informática (ustedes saben, Word y no mucho más porque jugar al Solitario ya sabíamos). La clase no pintaba como para ser muy reveladora porque la vieja empezó hablando de la diferencia entre hardware y software, cosas que ya conocíamos o que no nos importaban porque en el fondo lo que a todos nos interesaba era dónde conseguir porno gratis en eso llamado "Internet". La cuestión es que la vieja arranca y dice:

-"¿Saben que quiere decir hardware? Veamos, es una palabra en inglés..."hard" significa "mano", por lo tanto hace referencia a las cosas que se pueden tocar con la mano, como el teclado, el monitor, la impresora...".

Todos los chicos asentían como diciendo "claro, tiene mucho sentido". Nos mirábamos con Gasper y no lo podíamos creer. La vieja siguió con el software y puso como ejemplo al Word.
-"¿Y qué quiere decir "
word"? "Trabajo", porque es un programa que sirve para trabajar".

En ningún momento se me ocurrió intervenir. Si la vieja quería impartir su sabiduría y los chicos querían aprender de Informática en el colegio ¿Quién era yo para impedirlo?

jueves, noviembre 27, 2008

Catálogo de pesadillas personales

La primera pesadilla de la que tengo memoria y que considero fue la peor y la que más me impactó, la tuve como a los 8 años. Yo estaba en mi casa con mi familia y de pronto un ser extraño destruía la pared y entraba para atacarnos. Se trataba de un gordo de bigote, como de 40 años, parecido al malo de Commando, que usaba un casco y un traje de metal. Dicho así parece más bien un villano salido de los Power Rangers pero en ese momento me estremeció porque lograba vencernos. Ni mi papá ni mi mamá podían pararlo y al final el gordo nos adormecía a todos tirándonos un polvo blanco que sacaba de un frasco. En ese momento me desperté.
Salvo algunas pocas excepciones no soy alguien que haya tenido o tenga pesadillas al uso, con monstruos, asesinos, sangre y esas cosas. Mis pesadillas son en realidad sueños molestos en donde vivo situaciones incómodas. Por ejemplo, un sueño recurrente que tengo (aunque hace varios meses que no) consiste en que alguien me está esperando y yo nunca puedo ir a su encuentro porque una serie de obstáculos que parecen puestos a propósito me lo impiden. Lo peor de todo es que ir a encontrarse con ese alguien siempre supone algo muy bueno, algo de lo que tengo muchas ganas, ya sea porque es mi novia, porque es una morocha de generosas curvas, porque es mi familia esperándome para comer un asado, o por lo que sea. La cuestión es que siempre digo “esperame, busco una cosa y vuelvo” y nunca puedo volver porque me voy demorando y enredando cada vez más y al final la ansiedad y la angustia se vuelven insoportables porque pasan horas y no puedo liberarme.
Hay otro tipo de sueño que suelo tener que es más intenso y se acerca un poco más a lo que es una pesadilla propiamente dicha. Empiezo cometiendo un crimen (casi siempre es matar o golpear a lo bestia a alguien pero en legítima defensa, o al menos con una excusa que para mí es suficiente) y después me encuentro con que tengo que huir y esconderme de todo el mundo, familia y policía incluidas. El desarrollo del sueño siempre se trata de que voy por la ciudad escondiéndome y buscando la forma de salvarme porque, si me llegan a atrapar, ya no hay salida. Me van a meter preso y, lo que me parece peor, sufriré una humillación pública de la que no hay vuelta atrás. En el sueño siempre estoy solo y con la sensación de que nadie me puede ayudar y que, además, no hay a dónde esconderse y pronto me van a agarrar. Pero lo peor es el sentimiento de culpa, la certeza de que no estoy siendo “acusado de un crimen que no cometí” sino que merezco que me persigan porque todos son inocentes menos yo. Sin embargo nunca me pueden atrapar y por lo general, el sueño termina cuando cruzo la frontera o me subo a un avión para escapar definitivamente.
Una variante de este sueño también me tiene escapando por las calles pero porque la ciudad está siendo atacada por invasores (a veces son extraterrestres) que tiran bombas desde el cielo. Siempre consigo llegar a un lugar seguro donde está el ejército y otros sobrevivientes formando una resistencia. Cuando llega esta parte, casi siempre el sueño toma otro rumbo o me despierto, lo que me parece una lástima porque hasta ese momento pinta interesante, con mucha acción, explosiones y un clima apocalíptico muy zarpado.
Desde hace uno o dos años he empezado a tener una tercera clase de sueño molesto con tintes pesadillescos. La temática es como la de mi peor pesadilla: un extraño (o varios) me atacan. Cuando era chico y tenía este tipo de sueños no me podía defender. Quería hacerle frente al extraño pero desfallecía. El cuerpo no me respondía y me terminaba cayendo vencido al suelo sin necesidad de que el atacante me hiciera algo. Pero ahora no pasa eso. Ahora siempre me defiendo y siempre termino ganando y eliminando a los atacantes. Estos atacantes no tienen poderes ni nada parecido, pero son bastante peligrosos. Usan palos, o espadas, o incluso armas de fuego y su objetivo siempre es matarme. Pero no pueden. Vienen de a 3 o 4, me rodean y yo los termino haciendo mierda ¿Y cómo lo hago? Haciendo trampa. Porque justo cuando están por herirme, hago un movimiento imposible (que a veces incluye volar y todo), un movimiento que no entra dentro de las reglas del sueño, pero aún así puedo hacerlo y de esa forma elimino a los atacantes. Sin embargo, los atacantes no mueren. Hacen de cuenta que se mueren, como representando un papel, como aceptando que yo soy el dueño del sueño y que ellos son simples formas creadas por mi mente. Se tiran al suelo, gritan “Aaah” y quedan fuera de combate. He notado que lo hacen de mala gana, como diciendo “si no fuera porque sos el dueño del sueño no te salvaría nada”.

viernes, noviembre 07, 2008

La religión del siglo XXI: El Ecologismo

El miércoles 5 de noviembre se murió el escritor Michael Crichton. Tengo que aclarar que nunca leí una novela suya y que difícilmente lo haga alguna vez, pero este autor se había ganado un lugar en mi corazón (?) a los 10 años, cuando vi Jurassic Park (basada en una novela suya), un ícono de mi generación. La idea de un zoológico/parque de diversiones instalado en una isla tropical con dinosaurios peligrosos que se escapaban de sus jaulas para desmembrar gente me pareció tremenda, una idea digna de una mente privilegiada, inquieta y enferma. Ver esa película (hoy en día la sigo viendo cada vez que tengo la oportunidad) fue el único contacto que tuve con la obra de Crichton. Sin embargo,hace poco volví a acercarme a las ideas de este autor al ser una de las voces que se alzaron contra esta nueva religión que ha surgido: el ecologismo. A continuación voy a pegar un artículo de Michael Crichton que lleva por nombre "Comentarios para el Commonwealth Club" en donde habla de los peligros de convertir al Ecologismo en una religión (aunque yo pienso que es más bien una secta). Estoy totalmente de acuerdo con lo que escribe, hace tiempo que venía con la idea de escribir algo así (bueno, ya supe intentarlo el año pasado), pero el tema es tan complejo que no sabía por dónde empezar, por más que en mi mente estaba bien claro. Este discurso de Crichton me viene perfecto. No voy a agregar nada más. Léanlo porque no tiene desperdicio.


Comentarios para el Commonwealth Club

Por Michael Crichton
Traducido por Mariano Bas Uribe


San Francisco, 15 de septiembre de 2005

Se me ha pedido hablar sobre cuál considero el mayor reto que tiene que afrontar la humanidad y tengo fundamentalmente una respuesta. El mayor reto que tiene que afrontar la humanidad es el reto de distinguir la realidad de la fantasía, la verdad de la propaganda. Conocer la verdad ha sido siempre un reto para la humanidad, pero en la era de la información (a la que considero más bien la era de la desinformación) se convierte en algo especialmente urgente e importante.

Debemos decidir diariamente si las amenazas que nos acechan son reales, si las soluciones que se nos ofrecen resultarán buenas, si los problemas que se nos dice que existen son de hecho problemas reales o no lo son. Cada uno de nosotros tiene un concepto del mundo y todos sabemos que ese concepto nos viene en parte dado por lo que otra gente y la sociedad nos dicen, en parte generado por nuestro estado emocional, que proyectamos hacia fuera, y en parte por nuestras auténticas percepciones de la realidad. En resumen, nuestro esfuerzo por determinar cuál es la realidad es un esfuerzo por decidir cuáles de nuestras percepciones son auténticas y cuáles son falsas porque nos las han inculcado o vendido o se han generado a través de nuestras propias esperanzas y temores.

Como ejemplo de este reto, hoy me gustaría hablar de ecologismo. Y con el fin de que no se me entienda mal, quiero dejar perfectamente claro que creo que nos incumbe vivir de forma que se tengan en cuenta todas las consecuencias de nuestras acciones, incluyendo las que afecten a otras personas y al medio ambiente. Creo que es importante actuar de forma que se respete el medio ambiente y creo que será siempre necesario pensando en el futuro. Creo el mundo tiene problemas reales y creo que puede y debería mejorarse. Pero también pienso que es tremendamente difícil decidir qué constituye una acción responsable y que las consecuencias de nuestras acciones son a menudo difíciles de prever. Pienso que nuestras pasadas formas de acción medioambiental son descorazonadoras, por decirlo suavemente, porque incluso nuestros esfuerzos mejor intencionados habitualmente se tuercen. Pero pienso que no reconocemos nuestros fallos anteriores ni los afrontamos directamente. Y creo saber por qué.

Yo estudié antropología en la universidad y una de las cosas que aprendí fue que ciertas estructuras sociales humanas siempre reaparecen. No pueden eliminarse de la sociedad. Una de esas estructuras es la religión. Hoy en día se dice que vivimos en una sociedad laica en la cual mucha gente (la mejor, la más ilustrada) no cree en ninguna religión. Pero pienso que la religión no puede eliminarse de la psique de la humanidad. Si suprimimos alguna forma, simplemente reaparece en otra. Podemos no creer en Dios, pero seguimos teniendo que creer en algo que dé sentido a nuestra vida y al mundo. Esa creencia es religiosa.

Hoy día, una de las religiones más poderosas del Mundo Occidental es el ecologismo. El ecologismo parece ser la religión que eligen los ateos urbanos. ¿Por qué digo que es una religión? Bueno, basta con mirar sus creencias. Si se miran con cuidado, vemos que el ecologismo es de hecho una perfecta reconfiguración del siglo XXI de los mitos y creencias tradicionales del judeocristianismo.

Hay un Edén inicial, un paraíso, un estado de gracia y unidad con la naturaleza, hay una caída de la gracia en un estado de contaminación como resultado de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y como consecuencia de nuestros actos hay por llegar un día del juicio para todos. Todos somos pecadores energéticos, condenados a morir, salvo que busquemos la salvación, que ahora se llama sostenibilidad. La sostenibilidad es la salvación en la iglesia del ecologismo. Igual que la comida orgánica es su comunión, esa hostia libre de pesticidas que ingiere la gente buena con las creencias correctas.

El Edén, la caída del hombre, la pérdida de la gracia, el juicio final que viene... son estructuras míticas profundamente enraizadas. Son creencias profundamente conservadoras. Incluso puede que estén impresas en el cerebro, por lo que sé. Sin duda no quiero disuadir a nadie de ellas, como no quiero disuadir a nadie de la creencia en que Jesucristo es el hijo de Dios que resucitó de entre los muertos. Pero la razón por la que no quiero disuadir a nadie es que no puedo hacerlo. No hay hechos a discutir. Son asuntos de fe.

Y eso es lo que pasa, tristemente, con el ecologismo. Cada vez más, parece que los hechos no son necesarios, porque los principios del ecologismo son creencias. Se trata de si vas a ser un pecador o salvarte. De si vas a estar en el lado de los salvados o de los condenados. De si eres uno de los nuestros o de los suyos.

¿Estoy exagerando? Me temo que no. Porque sabemos mucho más acerca del mundo de lo que sabíamos hace cuarenta o cincuenta años. Y lo que ahora sabemos no apoya demasiado ciertos mitos básicos del ecologismo, sin embargo los mitos no mueren. Examinemos algunas de esas creencias. No hay un Edén. Nunca lo ha habido. ¿Cuál fue el Edén del maravilloso pasado mítico? ¿Fue el tiempo en que la mortalidad infantil era del 80%, cuando cuatro de cada cinco niños morían de enfermedad antes de cumplir cinco años? ¿Cuando una mujer de cada seis moría al dar a luz? ¿Cuando la esperanza de vida era de 40 años, como en la de América hace un siglo? ¿Cuando las plagas se extendían por todo el planeta, matando a millones de golpe? ¿Fue cuando millones morían de hambre? ¿Fue entonces cuando hubo un edén?

¿Y qué hay de los pueblos indígenas, viviendo en un estado de armonía con el paradisíaco medio ambiente? Bueno, nunca lo vivieron. En este continente, los recién llegados que cruzaron el puente de tierra se establecieron inmediatamente expulsando a cientos de especies de grandes animales y lo hicieron varios miles de años antes de que llegara el hombre blanco para acelerar el proceso. ¿Y cuáles eran sus condiciones de vida? ¿De amor, paz y armonía? Difícilmente: los primeros habitantes del Nuevo Mundo vivieron en un constante estado de guerra. Generaciones de odio, de odios tribales y batallas constantes. Son famosas las tribus guerreras de este continente: comanches, sioux, apaches, mohicanos, aztecas, toltecas, incas. Algunos practicaban el infanticidio y los sacrificios humanos. Y aquellas tribus que no fueron ferozmente guerreras fueron exterminadas o aprendieron a construir sus pueblos en altos acantilados para tener ciertas medidas de seguridad.

¿Qué hay de las condiciones humanas en el resto del mundo? Los maoríes de Nueva Zelanda realizaban masacres habitualmente. Los dyak de Borneo eran cazadores de cabezas. Los polinesios, viviendo en un entorno lo más cercano al paraíso que puede imaginarse, batallaban constantemente y crearon una sociedad tan terriblemente restrictiva que podían perder la vida si pisaban la huella del pie de un jefe. Fueron los polinesios los que nos dieron el concepto de tabú, así como la misma palabra. El buen salvaje es una fantasía y nunca fue una realidad. El que todavía haya quien crea en él, 200 años después de Rousseau, demuestra la tenacidad de los mitos religiosos, su capacidad para perdurar a pesar de siglos de hechos que los contradicen.

Incluso hubo un movimiento académico a finales del siglo XX que afirmaba que el canibalismo era una invención del hombre blanco para demonizar a los pueblos indígenas (sólo académicos podrían plantear una batalla de este tipo). Hasta pasados treinta años los profesores no acordaron que sí, que de hecho el canibalismo aparece entre seres humanos. Mientras tanto, los montañeses de Nueva Guinea continuaron comiendo los cerebros de sus enemigos hasta que finalmente se les hizo entender que cuando lo hacían corrían el riesgo de contraer el kuru, una enfermedad neurológica mortal.

Más recientemente, los amables tasaday de Filipinas resultaron ser un truco publicitario, una tribu inexistente. Y los pigmeos africanos tienen una de las tasas de homicidios más altas del mundo.

En resumen, la visión romántica de un mundo natural como un feliz edén sólo la sostienen personas sin experiencia real acerca de la naturaleza. La gente que vive en la naturaleza no es en absoluto romántica. Pueden tener creencias espirituales acerca del mundo que les rodea, pueden tener un sentido de la unidad de la naturaleza o de la vida en todas sus formas, pero siguen matando animales y arrancando plantas para comer, para vivir. Si no lo hicieran, morirían.

Y si, incluso ahora, nos situáramos en medio de la naturaleza aunque sólo sea unos días, rápidamente se nos quitarían todas nuestra fantasías románticas. Hagan un safari por las junglas de Borneo y en poco tiempo tendrán la piel llena de llagas, bichos por todo el cuerpo, picándoles el pelo, entrándoles por la nariz y las orejas. Tendrían infecciones y molestias y si no estuvieran con alguien que sepa qué hacer, pronto morirían de hambre. Pero lo más probable es que incluso en las junglas de Borneo no experimenten la naturaleza tan directamente, puesto que habrán cubierto todo su cuerpo con repelente de insectos y estarían haciendo todo lo posible para mantener alejados a los bichos.

La verdad es que casi nadie quiere vivir la naturaleza real. Lo que quiere la gente es estar una semana o dos en una cabaña en el bosque, con cristales en las ventanas. Quieren una vida más simplificada por un tiempo, sin todos sus cachivaches. O un agradable descenso de un río de unos pocos días, con alguien que haga la comida en su lugar. Nadie quiere realmente volver a la naturaleza y nadie lo hace. Sólo es palabrería (y a medida que la población mundial se va convirtiendo en urbana, palabrería desinformada). Los granjeros saben de qué se trata. La gente de ciudad, no. Sólo es fantasía.

Una manera de evaluar la persistencia de la fantasía es tener cuenta la cantidad de gente que muere porque no tiene el más mínimo conocimiento acerca de cómo es la naturaleza en realidad. Se ponen junto a animales salvajes, como un bisonte, para sacarse una fotografía y mueren pisoteados, suben a una montaña con tiempo inestable sin el material apropiado y mueren congelados. Se ahogan entre las olas en vacaciones porque no pueden concebir el poder real de lo que despreocupadamente llamamos “la fuerza de la naturaleza”. Han visto el océano. Pero no han estado en él.

La generación de la televisión espera que la naturaleza actúe cómo ellos quieren. Piensan que todas las experiencias vitales pueden grabarse en vídeo. La idea de que el mundo natural siga sus propias normas y le importe un rábano lo que uno espera se les aparece en forma de choque brutal. La gente acomodada y educada en un entorno urbano tiene la capacidad de llevar su vida diaria a su manera. Compran ropa de su gusto y decoran sus casas como les parece. Dentro de ciertos límites, pueden conseguir un mundo urbano cotidiano que les guste.

Pero el mundo natural no es tan maleable. Por el contrario, reclama que te adaptes a él (y si no lo haces, mueres). Es un mundo duro, poderoso e inmisericorde, que la mayoría de los urbanitas occidentales jamás ha experimentado.

Hace muchos años, yo estaba haciendo senderismo en las montañas del Karakorum, al norte de Pakistán, cuando mi grupo llegó a un río que teníamos que cruzar. Era un río glaciar, de un frío helador y discurría muy rápido, pero no era profundo: tal vez tres pies como mucho. Mi guía puso cuerdas para que la gente se agarrara a ellas mientras cruzaba el río y todo el mundo, uno a uno, lo hizo con muchísimo cuidado. Pregunté al guía cuál era el problema de cruzar un río de tres pies de profundidad. Me dijo: bien, supongamos que usted se cae y sufre una fractura. Estamos a cuatro días de camino de la última población grande donde había una radio. Incluso si el guía volviera al doble de velocidad para obtener ayuda, tardaría al menos tres días antes de poder volver con un helicóptero. Si es que hubiera algún helicóptero disponible. Y en tres días, yo probablemente habría muerto por mis lesiones. Por eso es por lo que todo el mundo cruzaba con tanto cuidado. Porque en la naturaleza un pequeño resbalón puede ser mortal.

Pero volvamos a la religión. Si el Edén es una fantasía que nunca existió y la humanidad nunca fue noble, buena y amable, si no cayó en desgracia, ¿qué pasa con el resto de los principios religiosos? ¿Qué hay de la salvación, la sostenibilidad y el juicio final? ¿Qué hay acerca de la futura condena medioambiental de los combustibles fósiles y el calentamiento global, si no nos postramos de rodillas y conservamos todos los días?

Bueno, resulta interesante. Podemos haber advertido que últimamente falta algo en la lista del día del juicio. Aunque los predicadores del ecologismo durante cincuenta años han estado dando la alarma acerca de la población, en la última década las cifras de población mundial parecen haber experimentado un cambio inesperado. Las tasas de fertilidad disminuyen en casi todas partes. Como consecuencia, durante mi vida las sesudas predicciones sobre el total de población en el mundo han ido de un máximo de 20.000 millones, a 15.000 millones, a 11.000 millones (que era la estimación de la ONU hacia 1990), a los actuales 9.000 millones, y seguramente pronto será menor. Algunos piensan que la población mundial tocará techo en 2050 y después empezará a disminuir. Algunos predicen que en el 2100 habrá menos gente que ahora. ¿Es una razón para alegrarse, para decir aleluya? Sin duda no. De inmediato, escuchamos acerca de la inminente crisis de la economía mundial por la disminución de población. Escuchamos acerca de la inminente crisis por el envejecimiento de la población. Nadie, en ningún lugar dirá que los temores principales expresados durante la mayor parte de mi vida han resultado no ser ciertos. A medida que avanzábamos hacia el futuro, esas visiones del día del juicio desaparecieron, como un espejismo en el desierto. Nunca estuvieron ahí (aunque todavía aparecen, en el futuro). Como los espejismos.

Muy bien, entonces los predicadores se equivocaron. Hicieron una predicción errónea, son humanos. ¿Y qué? Desafortunadamente, no es solo una predicción. Son un montón. Se está acabando el petróleo. Se están acabando los recursos naturales. Paul Ehrlich: 60 millones de americanos morirán de hambre en los 80. Cuarenta mil especies se extinguen cada año. La mitad de las especies del planeta se extinguirán para el año 2000. Y más y más y más.

Con tantos fallos en el pasado, podríamos pensar que las predicciones medioambientales serían más cautelosas. Pero no: es una religión. Recordemos que el chalado en la acera llevando el cartel que predice el fin del mundo no se rinde cuando el mundo no termina el día que él espera. Simplemente cambia su cartel, fija un nuevo día del juicio y vuelve a recorrer las calles. Una de las características definitorias de la religión es que nuestras creencias no se ven alteradas por los hechos, porque no tienen nada que ver con los hechos.

Así que voy a darles algunos hechos. Sé que no han leído nada acerca de lo que les voy a decir en el periódico, porque los periódicos literalmente no informan de ellos. Puedo decirles que el DDT no es cancerígeno y no causa muertes a los pájaros y nunca debería haber sido prohibido. Puedo decirles que la gente que lo prohibió sabía que no era cancerígeno y lo prohibieron de todas formas. Puedo decirles que la prohibición del DDT ha causado la muerte de decenas de millones de gente pobre, principalmente niños, cuyas muertes son directamente atribuibles a una cruel sociedad occidental avanzada tecnológicamente que promovió la nueva causa del ecologismo creando una fantasía acerca de un pesticida y dañando así irrevocablemente al tercer mundo. La prohibición del DDT es uno de los episodios más desgraciados de la historia del siglo XX en América. Lo sabíamos bien y de todas formas lo hicimos, y dejamos morir a gente en todo el mundo sin que nos importara en absoluto.

Puedo decirles que el fumador pasivo no corre riesgo alguno ni lo ha corrido jamás, y la EPA siempre lo ha sabido. Puedo decirles que la evidencia del calentamiento global es mucho menor de lo que sus proponentes nunca admitirán. Puedo decirles que el porcentaje de terrenos urbanizados en EEUU, incluyendo ciudades y carreteras, es del 5%. Puedo decirles que el desierto del Sahara está disminuyendo de tamaño y el total de hielo de la Antártica se está incrementando. Puedo decirles que un grupo de expertos de máximo nivel concluyeron en la revista Science que no hay tecnología conocida que nos permita detener el incremento de dióxido de carbono en el siglo XXI. Ni la eólica, ni la solar, ni siquiera la nuclear. El grupo concluyó que era necesaria una tecnología totalmente nueva (como la fusión nuclear), y que en caso contrario no podía hacer nada y mientras tanto todos los esfuerzos serían una pérdida de tiempo. Decían que cuando los informes del IPCC de la ONU afirmaban que existían tecnologías alternativas y podrían controlar los gases de efecto invernadero, la ONU estaba equivocada.

Puedo detallar, con suficiente tiempo, los hechos que justifican estas opiniones y puedo citar los artículos apropiados que no aparecen en revistas de chalados, sino en las revistas científicas más prestigiosas, como Science y Nature. Pero esas referencias probablemente no importarán nada más que a un puñado de ustedes, porque las creencias de una religión no dependen de los hechos, sino más bien son materias de fe. Creencias inamovibles.

La mayor parte de nosotros ha tenido alguna experiencia en tratar con fundamentalistas religiosos y entendemos que uno de sus problemas que no se ven a sí mismos en perspectiva. Nunca reconocen que su manera de pensar es sólo una de muchas otras posibles y que pueden ser igual de buenas o útiles. Por el contrario, creen que su manera es la correcta, todas las demás son erróneas, están en el negocio de la salvación y quieren ayudarnos a ver las cosas de la forma correcta. Quieren ayudar a salvarnos. Son totalmente rígidos y no les interesan los puntos de vista opuestos. En nuestro moderno y complejo mundo, el fundamentalismo es peligroso a causa de su rigidez y su impermeabilidad a otras ideas.

Quiero defender que es nuestro momento para realizar un gran cambio en nuestro pensamiento acerca del medio ambiente, similar al que se produjo en torno a primer Día de la Tierra en 1970, cuando se expresó por primera vez esta inquietud. Pero esta vez necesitamos sacar al ecologismo de la esfera de la religión. Necesitamos acabar con las fantasías míticas y las predicciones apocalípticas. En su lugar, necesitamos empezar a hacer ciencia pura y dura.

Hay dos razones por las que pienso que todos necesitamos librarnos de la religión en el ecologismo.

En primer lugar, necesitamos un movimiento medioambiental y ese movimiento no es muy efectivo si resulta ser como una religión. Sabemos por la historia que las religiones tienden a matar gente y el ecologismo ya ha matado en distintos lugares entre 10 y 30 millones de personas desde los años 70. No es una buena cifra. El ecologismo necesita estar absolutamente basado en ciencia objetiva y verificable, necesita ser racional y flexible. Y necesita ser apolítico. Mezclar preocupaciones medioambientales con las fantasías fanáticas que tiene la gente sobre un partido político u otro es olvidar la fría verdad: que hay poca diferencia entre los partidos, excepto en su retórica. Al esfuerzo por promover legislación eficaz para el medioambiente no le ayuda pensar que los demócratas nos salvarán y los republicanos no. No olvidemos qué presidente fundó la EPA: Richard Nixon. Y no olvidemos qué presidente otorgó licencias petrolíferas federales, permitiendo las perforaciones en Santa Bárbara: Lyndon Johnson. Así que dejemos la política aparte cuando pensemos en el medio ambiente.

La segunda razón para abandonar la religión ecologista es más apremiante. Las religiones piensan que lo saben todo, pero la triste realidad del medio ambiente es que nos vemos con sistemas evolutivos increíblemente complejos y normalmente no estamos seguros de cuál es la mejor manera de proceder. Los que están seguros demuestran así su tipo de personalidad o su sistema de creencias, no su nivel de conocimiento. Nuestra actuación en el pasado, por ejemplo, gestionado parques naturales, es humillante. Nuestro esfuerzo de cincuenta años sobre la supresión de fuegos forestales es un desastre bienintencionado del que nuestros bosques nunca se recuperarán. Necesitamos ser humildes, profundamente humildes, a la vista de lo que intentamos hacer. Necesitamos probar varios métodos para hacer las cosas. Necesitamos ser abiertos para examinar los resultados de nuestros esfuerzos y flexibles al sopesar necesidades. Las religiones no son buenas para ninguna de estas cosas.

¿Cómo nos las arreglaremos para arrancar el ecologismo de las garras de la religión y volver a hacer de él una disciplina científica? Hay una respuesta sencilla: debemos establecer requisitos más estrictos para lo que constituye el conocimiento en el entorno ecologista. Estoy absolutamente harto de supuestos hechos politizados que simplemente no son verdad. No es que esos “hechos” sean exageraciones de una verdad subyacente. Tampoco que ciertas organizaciones depuran el caso para presentarlo de la manera que más les interesa. En absoluto: lo que están haciendo cada vez más grupos es presentarnos sus mentiras, pura y simplemente. Mentiras que saben que son falsas.

Esta tendencia empezó como la campaña contra el DDT y se mantiene hasta hoy día. En este momento, la EPA está politizada sin remisión. Siguiendo a Carol Browner, probablemente sea mejor cerrarla y empezar de nuevo. Lo que necesitamos es una organización más cercana a la FDA. Necesitamos una organización que sea despiadada en la consecución de resultados verificables, que financie proyectos de investigación idénticos a más de un grupo y así todos en este campo se harán honrados rápidamente.

Porque al final la ciencia nos ofrece la única manera de evitar la política. Y si permitimos que la ciencia se politice, estamos perdidos. Entraremos la versión Internet de las épocas oscuras, una era de crecientes temores y prejuicios salvajes, transmitidos a la gente que no conoce nada mejor. No es un buen futuro para la raza humana. Es nuestro pasado. Así que es el momento de abandonar la religión del ecologismo y volver a la ciencia del ecologismo y basar firmemente en él nuestras decisiones políticas públicas.

Muchas gracias.

Créditos: Lo saqué de acá

miércoles, noviembre 05, 2008

Predicción

Me acabo de acordar que cuando iba a primer año un gordo me dijo que yo iba a terminar siendo alguien groso, como un juez o algo así. ¿Semejante predicción porque me sacaba 8 en Geografía?
Qué fiero le erró.

lunes, noviembre 03, 2008

Temporada de sapos reventados

Es primavera, hace calor, se acerca fin de año y empiezan a aparecer los primeros sapos reventados. Caminando por el barrio ya he visto unos cinco o seis. Al principio están frescos y brillantes, con las patas extendidas y las vísceras saliendo por la boca, pero en cuestión de horas empiezan a desinflarse hasta convertirse en una especie de pedazo de cartón sucio y opaco. La temporada de sapos reventados ya empezó y, como todos los años, brotarán desde el asfalto cada vez más a medida que avance el calor.

lunes, septiembre 15, 2008

Sucesos paranormales

No soy alguien al que le hayan pasado cosas “raras”. Si conozco gente que tiene muchas anécdotas con ese tema. Gente que ha visto moverse cosas que no deben moverse, gente que ha escuchado voces, que ha visto sombras que se deslizan, etc. Yo no. A veces quisiera tener una de esas historias pero mis 25 años de existencia son muy comunes, corrientes y mediocres. Solamente una cosa “paranormal” he vivido. En octubre del 2005, creo que era jueves. Primero empezó con un sueño. Yo estaba en mi casa, una chica con unos gatitos tocaba el timbre y me los ofrecía. Yo le decía que ya tenía varios gatos y perros por lo que no había lugar para más pero que podía ayudarla a ofrecérselos a la gente (no sé porqué me ofrecí a eso, la chica del sueño no estaba tan buena) Al instante yo caminaba por una calle de mi barrio llevando dos gatitos, uno en cada mano. Después me desperté. Ese día tenía que juntarme con unos tipos de la facultad para “hacer un trabajo” (un trabajo de mierda, por cierto). Antes de irme a tomar el colectivo le conté a mi mamá el sueño ya que me parecía curioso. Llegué a la parada del A3 pero hacía tanto calor y el sol pegaba tan fuerte que me quedé a unos metros de la parada, debajo de un árbol que daba una buena sombra. Estuve ahí varios minutos mirando a lo lejos para ver si aparecía el A3 cuando empecé a escuchar unos maullidos de gato chiquito. Miré para todos lados y lo encontré adentro de una bolsa de portland vacía. Lo saqué de ahí y me quedé mirándolo sin saber qué hacer, pero no tuve mucho tiempo para pensar porque había más maullidos y eran de otro gatito que estaba atrapado entre una pared y una alambrada. Estaba casi aplastado y lo saqué rápidamente. En ese momento, el otro gatito (el de la bolsa) salió corriendo hacia la vereda del frente y se subió a un arbusto. Los dos eran muy chiquitos pero parecían tener edad para comer solos. Me crucé con el gatito de la pared en brazos hacia el arbusto en donde estaba su hermano con la idea de dejarlos juntos, pero cuando lo hice me di cuenta de que me seguían. Estuve unos segundos dudando y para colmo vi que a lo lejos venía el A3. Me daba mucha cosa dejar a esos gatitos en medio de la calle y con el sol pegando tan fuerte así que agarré a cada uno con una mano, dejé que el A3 se fuera y me volví a mi casa caminando por el barrio, llevando los dos bichos igual que en el sueño que acababa de tener.

martes, septiembre 02, 2008

La galería del fin del mundo

Breve explicación introductoria: El siguiente post está publicado en otro blog que abrí recientemente "El Fin del Mundo Empieza en Córdoba". El contenido de dicho blog es una mezcla autobiográfica/ficcional (?) y quise hacerlo participar de un concurso organizado por el "famoso" "Festival Resonante" al que fui invitado vía mail. El concurso consistía en enviar un post, varios o incluso un blog entero que girara en torno a la "interactividad" (¿alguien sabrá lo que es?) pero fui literalmente rechazado. Me dijeron que "no entendían la dinámica". La mina que recibía los links dijo "dame un día para verlo bien y te respondo ¡no te quiero dejar afuera!", pero nunca respondió. Es curioso porque las bases del concurso nunca decían que antes había que pasar por un proceso de selección en donde una mina tenía que entender "la dinámica". En fin, yo de buena onda quise participar (¿o todavía tengo que tomar como un favor que no me dejen afuera?) pero nunca me respondieron y, por supuesto, me dejaron afuera nomás. Bueno, acá va una muestra de El Fin del Mundo Empieza en Córdoba. Pasen por dicho blog si tienen ganas.


Me pasó el año pasado, estoy casi seguro que ya era verano. Eran como las 8 de la tarde. Iba por el centro, a la altura de Deán Funes y Obispo Trejo, la peatonal. De repente empezó a llover, pero con todo. Una de esas lluvias de verano que tienen gotas enormes y te pegan en la espalda y casi te hacen doler. Entonces me quedé en una galería. Es una galería al aire libre, grande y con techo de hojas. No fui el único. También se refugiaron una mujer como de 50 años con un chico como de 10, una chica vestida como secretaria, un tipo de traje, dos amigas universitarias y un tipo como de 30, con aire de “recién salgo del trabajo”. Todos nos quedamos bajo ese techo de hojas (que tampoco protegía tanto) esperando que la lluvia parara para seguir. La espera se empezó a hacer larga. La gente pasaba corriendo a refugiarse. Cada vez llovía más fuerte. Seguíamos todos en la galería, mirando la lluvia y puteando en silencio por la demora. La lluvia continuaba y no parecía tener ganas de parar. Las amigas universitarias charlaban medio en voz baja. La mujer de los 50 años le ofrecía algo al pendejo de 10. Creo que era un alfajor. Me daban ganas de pedirle uno. El tipo que recién salía del trabajo miraba su reloj. El del traje miraba la lluvia con las manos en los bolsillos. La secretaria lanzaba un suspiro. “Tiene cara de ortiba” pensé. “Pero tiene buenas tetas” agregué. En ese momento, mientras le miraba de reojo las tetas a la secretaria, apareció una mujer vestida como monja, arrastrando un carrito. La anciana habrá tenido como 100 años. Es una que siempre anda por el centro, creo. Llegó a la galería, nos miró a todos y se me acercó. “La puta madre –pensé- ¿Por qué justo a mi?”. La vieja monja me dijo algo pero por el ruido de la lluvia no la escuché. Le dije “¿Cómo?” pero ella no pareció oírme y siguió hablando. No le entendí nada, pero la última frase la escuché muy claramente: “el fin del mundo”. Después de eso se fue arrastrando su carrito bajo la lluvia. El fin del mundo acababa de decir la señora. “¿Posta será el fin del mundo?” me pregunté. Miré para la calle a ver si estaba lloviendo fuego pero no, solo mucha agua. Ah, y un tipo que pasaba corriendo y un perro callejero lo seguía haciéndole fiesta pensando que el tipo querría jugar. Empecé a divagar con la mente. Imaginé que si fuera el fin del mundo, el grupo de gente que estábamos refugiados en esa galería tendríamos que unirnos para sobrevivir. Me puse a pensar quién sería cada personaje. El del traje posiblemente sería el líder. Una de las amigas universitarias sería la mina que se pone las pilas y ayuda. La otra sería la que llora porque quiere volver a casa. La secretaria sería la mina ortiba que no quiere hacer nada. El tipo que recién sale del trabajo sería el que se enfrenta al líder porque no comparte sus mismas ideas. El pendejito de 10 años sería el pendejito de 10 años que tiene visiones y nos anuncia quién se va a morir. ¿Y yo? ¿Qué personaje sería yo? ¿El que se muere al principio? ¿El que sigue al líder y lo ayuda? ¿El que hace la suya y apenas se relaciona con los demás? ¿El que se transforma en líder cuando el tipo de traje se muere? ¿El que se levanta a todas las minas? (ése seguro que no) ¿El gracioso? ¿El malo que se reivindica salvándole la vida a alguien? Un escalofrío (y posta que fue un escalofrío) me recorrió todo el cuerpo cuando vino a mi mente, de forma clara, el personaje que yo sería: El único que sobrevive para contar lo que pasó.

jueves, agosto 21, 2008

La Sangre del Barrio (autopromoción)

Hace unos días mencioné como al pasar que estoy escribiendo el guión de un cómic mientras un amigo dibujante lo ilustra. Bueno, hemos abierto un blog para ir contando cómo avanza el proyecto y esas cosas. El cómic se llama La Sangre del Barrio y se trata de una banda de chicos que pelean contra otras bandas usando piedras y palos. Pasen si tienen ganas lasangredelbarrio.blogspot.com

lunes, agosto 11, 2008

Cumpleaños: fiesta sorpresa y lo que vino después

Dos días antes de mi cumpleaños dije que no era divertido cumplir años el día del amigo porque nadie te da bola y todos prefieren pasarla con su grupo de amigos. También dije que no pensaba hacer nada salvo ir al cine como en los últimos años.
Bien, resulta que llegó el 19 de julio y casi a las 12, ya para transformarse en domingo 20 me encontré en un lugar llamado “Centro Güemes”. Había ido hasta ahí acompañado por Andrea buscando a una amiga –Alabama- que me había llamado un rato antes diciéndome que quería brindar con nosotros a modo de pequeña celebración por mi cumpleaños y el día del amigo. Según ella, estaba “en el ensayo de unos amigos” y necesitaba que fuéramos a rescatarla porque no podía irse así como así.
Llegamos hasta el Centro Güemes, subimos unas escaleras y vi a mi amigo de la secundaria Juncos y a mi hermano Gabriel que me sacaba una foto. No entendí nada. Andrea me dijo “¡Sorpresa!” y acto seguido vi que también estaban mi mamá, mis tíos, mi abuela, mi papá y varios de sus amigos, y por supuesto, Alabama, que servía cerveza. Era una fiesta sorpresa y acababa de caer como un niño.
En realidad toda la semana había sospechado que algo así se venía debido a los extraños movimientos y llamadas de mis viejos y Andrea, pero nada me hizo darme cuenta que la sorpresa sería justo el sábado a la noche (qué pelotudo, la verdad)
Al rato fueron llegando más familiares, César y amigos de mi viejo ¿Por qué iban tantos amigos de mi viejo? Porque la sorpresa incluía la primera presentación en vivo de nuestra banda. Resulta que desde hace un año venimos ensayando a modo de trío: mi papá en guitarra y voz, Andrea en bajo y yo en batería. Como invitados en algunos temas participan mi mamá y mi hermano tocando el teclado. Es toda una banda familiar y se llama Micomicona Grey, en referencia a una banda de rock que tuvo mi viejo en los ’70. Todos los temas que hacemos fueron compuestos por él entre los ’70 y la actualidad.
Bueno, fue un tremendo evento. Había luces y hasta un poco de cotillón. También estaba la familia de Andrea. Estaban casi todos. Sacaban fotos, grababan videos, aplaudían. Los amigos de mi viejo estaban como locos. Son “fans” de su música desde que todos eran pendejos así que imagínense. Fue prácticamente perfecto. Nunca pensé que la pasaría tan bien. Todo fue ideado por la increíble Andrea y también contó con la gran ayuda de Alabama. Mucha gente participó también. Además de mis viejos (que invitaron a mucha gente e hicieron un par de gestiones) también algunos amigos de ellos ayudaron. Uno de ellos hasta prestó un camión para trasladar los instrumentos, las luces y otras cosas. Para mi fue genial y no sé si alguna vez tuve un mejor cumpleaños (bueno, tal vez sí, pero era pendejo y no me acuerdo)
Si las cuatro o cinco horas que duró la cuestión fueron perfectas y fue como elevarse hasta lo más alto, todo lo que vino después fue exactamente lo contrario.
En los días que siguieron pareció que todos estaban esperando que terminara la fiesta para hundirse en el enojo y llenarse de tristeza (y hacerme muchos reproches en el proceso). Hubo peleas, gritos, malas caras, llantos, oscuridad, depresión, reproches (y más reproches), indiferencia, más peleas, más depresión y más oscuridad (y más llantos)
¿Valía la pena volar tan alto para que después te pegaran un tiro y te hicieras mierda contra el suelo? ¿Valía la pena verlos reir y recibir sus buenos deseos para después aguantar sus reproches? ¿Tiene sentido alegrarse por cuatro o cinco horas, alegrarse como no lo has hecho en mucho tiempo para inmediatamente después angustiarte, angustiarte como tampoco lo has hecho en mucho tiempo?
La madrugada del 20 de julio del 2008 permanecerá para siempre en mi recuerdo de forma blanca y pura como un perfecto cumpleaños en donde la pasé increíblemente bien con (casi) toda la gente que quiero. Gente para con la cual solo tengo palabras de agradecimiento.
Pero todo lo que vino después también permanecerá en mi recuerdo, para que no me olvide nunca que la vida al fin y al cabo es un gran desierto de mierda con algunos pequeños oasis de cuatro o cinco horas.

miércoles, julio 30, 2008

Vida en otros planetas

Siempre me gustó crear ilusiones. Inventar mundos e historias. Me gusta recrear fantasías y que la gente se divierta con ellas. Tal vez por eso me metí a estudiar Cine, allá por el 2002. Qué pelotudo que fui: lo único que encontré fueron fórmulas matemáticas para sacar fotos y profesores paranoicos que solo tenían en la cabeza la palabra “dictadura”.
Actualmente no encuentro la forma de calmar la sed de crear ilusiones. Trato de escribir pero no me sale nada. Lo único que más o menos va encaminado es el guión de un cómic que estoy escribiendo desde el año pasado. El problema es que un amigo mío lo está dibujando pero no va muy rápido que digamos y la historia es tan larga que seguramente lo terminaremos cuando seamos dos viejos de mierda.
Salvo por ese cómic, la inspiración me ha abandonado en gran medida y para colmo estoy totalmente desmotivado, sobre todo porque me gustaría trabajar en algo donde pueda usar ese supuesto “talento” pero no encuentro nada y todo indica que voy a terminar en un call center o vendiendo electrodomésticos usando una camisa blanca y pantalón de vestir. Ah, y corbata.
Sin embargo, hubo una época en donde no había límites para la imaginación y podía delirar todo lo que quisiera: cuando era pendejo. Jugando hice de todo: programas de radio, revistas, historietas, películas (con un proyector de juguete), y mucho más. También jugué clásicos como el fútbol en algún baldío y pelearme contra otras bandas a base de piedras (tenía mi propia banda, claro). Pero todo tenía que tener su tinte de fantasía. Por ejemplo, si jugábamos al fútbol teníamos que armar un campeonato lleno de clubes inventados y jugadores ficticios. Así todo tenía mucha más gracia.
En mi loca búsqueda de crear ilusiones y vivir aventuras me puse a sacar fotos con una cámara muy modesta que me prestó mi papá. En un libro encontré un truco que me pareció muy bueno: se podía recortar una figura de cartulina (en el libro era una bruja volando sobre su escoba), pegarla en el vidrio de una ventana y sacarle una foto para que pareciera que realmente había una bruja volando por el cielo. Me gustó la idea y pensé “¿Por qué no un OVNI?”. Recorté un pequeño ovni negro que dibujé (con la legendaria forma de platillo volador), lo pegué en la ventana, le saqué una foto y listo. Quedó un OVNI de la puta madre. Tenía unos 12 años e iba a 6to grado de la primaria. En esa época los pendejos nos dedicábamos a esas pelotudeces y no a hacernos los novios con nuestro fotolog de mierda lleno de letras “k” por todos lados (sí, estoy hecho un viejo choto).
La escuela no era un buen lugar para crear ilusiones. El barrio era mejor. Pero aún así quise intentarlo. Le comenté a un compañero (en la onda Harry Potter pero con más puteadas) que le había sacado una foto a un OVNI. “¿En serio?”. “Sí, mañana te la traigo”. Y al otro día caí con mi documento que no hubiera resistido el más burdo análisis de cualquier fotógrafo pero que bien podía servir para engañar a un pendejo (y más si ese pendejo se parecía a Harry Potter). Le mostré la foto en plena clase y Harry no lo podía creer. Seguro que no lo imaginaba tan real. ¡Los OVNIS existían! ¡Había vida en otros planetas! Los ojos me brillaban, pero no por engañar a Harry Potter sino porque de repente mi creación se volvía real. Sentí lo que debe experimentar un escritor cuando su relato provoca que los lectores digan “¡Noo! ¡Qué zarpado!” o “¡Qué hijo de puta este personaje!”. Sin embargo, el asunto se me escapó de las manos. Detrás de nosotros se sentaba Roberto, uno de esos pendejos hinchabolas que son el centro de atención y que después, en la secundaria, se transforman en Populares que se sientan al fondo y gritan cosas “graciosas” mientras las chicas suspiran por ellos hasta que llegan a 4to año y empiezan a convertirse en patéticos “Populares en decadencia”. Roberto vio mi foto y se apoderó de ella diciendo “¡A ver! ¡Uuuh! ¿La sacaste vos?”. “Eh… sí”, dije, mientras sospechaba lo que se venía. “¡Seño! ¡Mire la foto que sacó CC!”. Yo no quería saber nada ¡No estaba preparado para tanto éxito! Pero ya era tarde. En un segundo, la seño y todos los pendejos del grado estaban alrededor de la foto del OVNI maravillándose de lo que veían. Sorprendida, la seño (jovencita y morocha) se me acercó y me dijo ¿”La sacaste vos? ¿Cómo fue?”. Y yo, qué iba a decir. “Eh… estaba con la cámara, lo vi pasar por el cielo y le saqué una foto…”. Después, Roberto siguió con el tour y se fue con la directora.
Gran parte del colegio se enteró de mi foto y actualmente todos ellos deben protagonizar acaloradas discusiones en donde afirman que hay vida en otros planetas. Esto porque yo era algo así como “el mejor alumno”. El más honesto y confiable. El que no era capaz de engañar a nadie. Eso fue lo que convenció a todos (incluso a la seño y a la gorda de mierda de la directora) de que mi foto era 100% real. Por suerte era la última hora y pronto me pude ir.

A la salida se me acercó un compañero diciéndome que debería llevar la foto a la televisión y hacerme famoso y ganar guita. No le di bola y me fui caminando hasta mi casa, aliviado de que nadie hubiera sospechado (después de todo, tenía una reputación que guardar) y feliz de que otra ilusión se volviera real.

sábado, julio 19, 2008

Aguanten los '90

Alguien llegó a este blog escribiendo en gugle: "nick copado para matar a las chicas"

jueves, julio 17, 2008

Cumpleaños

El domingo es mi cumpleaños.
Sí, cumplo años justo en el día del amigo.

No, no es divertido cumplir años en el día del amigo.

Nadie te da bola porque todos quieren pasar ese día con su grupo de amigos (y vos no formás parte de ese grupo)

Lo mejor es no organizar nada así te ahorrás la decepción de que nadie vaya.

¿Algún festejo? En el 2006 fui solo a ver Vecinos Invasores. El año pasado Andrea me regaló muchos chocolates. Supongo que este año iremos a ver Kung-Fu Panda (me atrae más que la del robotito que salva al mundo)

viernes, junio 06, 2008

Rael conoce a Máximo

Rael va de visita a la casa de unas amistades. Dichas amistades tienen un hijo de 3 años que se llama Máximo. A Rael le causa cierta gracia que se llame así cuando mide menos de un metro. El niño también le causa una buena impresión. Rael siente “ternura”. Máximo es inquieto y habla mucho. Da vueltas por la casa, se sube encima de Rael, dibuja y corre y luego vuelve para mostrarle a Rael sus dibujos. Rael se ríe y se asombra de no tener que fingir que Máximo le cae bien. Realmente le cae bien. Solo hay un problema: Máximo es demasiado inquieto. Muy curioso, corre por todos lados, levantando objetos y hablando. No para de hablar. Rael comienza a abrumarse por la energía de Máximo. “¿Cuándo se cansará y se irá a dormir?” se pregunta. Pero eso no solo no sucede sino que además, las amistades de Rael deben salir de urgencia y lo dejan a solas con Máximo. “Son solo 20 minutos” dicen. “¿Los 20 minutos más largos de mi vida?” se vuelve a preguntar Rael. Y Máximo vuelve a la carga. Juega con Rael, corre, habla, levanta objetos, dibuja, muestra sus dibujos, se sube encima de Rael, le hace preguntas, vuelve a correr… Rael comienza a impacientarse. Mira el reloj y solo han pasado 5 minutos. La energía de Máximo se lo lleva por delante. Rael yace cansado sentado en un sillón. De buena gana huiría de Máximo y se escondería en algún lugar de la casa. Máximo se va para la cocina. “A ver si el pendejo se porta y me trae algo de comer” piensa Rael. De pronto escucha ruidos de metales que caen al piso. Rael se estremece y lo primero que se le viene a la mente es la palabra “cuchillos”. Rael se levanta de su cómodo sillón y va para la cocina. En cuanto entra siente un profundo ardor en el brazo. “¡Te dí, te dí!” grita Máximo. Rael se mira el brazo derecho y no puede creer lo que ve: un manantial de sangre brota de una de sus venas abiertas. Máximo con un cuchillo en la mano lo mira sonriente. Rael se toma fuertemente el brazo. La impotencia de no poder detener la sangre que se escapa con velocidad de su cuerpo lo desespera. Y Máximo vuelve a la carga. Sus pequeñas manos se vuelven peligrosas y pretenden “darle” de nuevo. Rael lo esquiva incrédulo y un “¡Pará, pendejo de mierda!” se le escapa de su boca. Máximo parece no escucharlo y lo persigue por toda la casa riendo y tratando de “darle” más cuchillazos. Rael no puede creer lo que está viviendo pero solo puede correr por la casa mientras riega todo el blanco piso con su roja sangre. Rael no puede usar sus manos para detenerlo porque están muy ocupadas impidiendo que la sangre siga saliendo. “¡Mirá, Máximo, me cortaste, me vas a matar! ¿Ves? La gente se muere cuando le das con un cuchillo”. En cuanto termina de pronunciar esa frase, Rael se da cuenta de lo ridícula que suena. Sigue corriendo y Máximo no se detiene. Rael siente que se descompone, que se desmaya. Un fuerte dolor en la pierna lo vuelve a la vida: Máximo le ha vuelto a dar. Rael sabe que tiene que hacer algo. El pequeño Máximo no se va a detener en breve. Rael se detiene y lo espera. Máximo llega pronto dispuesto a clavarle el cuchillo, quizás en el estómago o quizás más abajo (¡). Entonces Rael lo patea. Sí, como si fuera una pelota de fútbol. Como si fusilara a un arquero en una definición por penales. Máximo vuela y se estrella contra una pared. “No vale” dice con una cara triste y luego cae en el blanco piso.

jueves, marzo 20, 2008

Defensores de causas justas

Algunos los llaman "zurditos", otros "progres", otros... bueno, no sé. Se trata de esa banda de pelotudos ignorantes (no todos) que se llenan la boca hablando de la dictadura y los derechos humanos pero que a su vez admiran al comunismo, un sistema de mierda que mató 100 millones de personas. Manada de boludos que se creen superiores (no todos), mejores seres humanos, defensores de causas justas y de los oprimidos del mundo pero que se masturban pensando en Fidel Castro (un dictador como cualquier otro: mentiroso, manipulador, asesino, amante del poder, traidor) y el Che Guevara, un asesino y torturador… ah, pero claro, él solo mataba “malos” (igual que Rambo), por ejemplo, pobres campesinos que no estaban de acuerdo con sus ideas. La mentalidad de estos payasos (no todos) es tan cerrada que hasta llegan a justificar atrocidades porque son por “una buena causa” (lo mismo podrían decir los militares de la dictadura a quienes ellos tanto odian). Su estupidez es tan grande que creen que el mundo se divide en dos (algo así como “buenos” contra “malos”). De esta manera, EE.UU sería el mal y los terroristas árabes que ponen bombas serían los buenos (porque, según los zurditos, los árabes son más pobres que los yanquis, por lo tanto pueden poner bombas ya que pelean por sus derechos).

Los izquierdosos de hoy aman mezclar lo que venga. La idea es ponerse del lado de todas las causas buena onda que existan: derechos de la mujer, derechos de los homosexuales, Palestina, ecología (?), Irán, Chávez, etc. La contradicción de estos tipos es tan grande que no les importa si en Irán la homosexualidad es un delito que se paga con la muerte o si en Cuba durante mucho tiempo se perseguía a los homosexuales. Qué importa si Chávez tiene claras actitudes de dictador, si intentó hacer un golpe de estado o si anda comprando armas por todos lados. Mientras después ande puteando a Bush, todo bien. Los zurditos pueden mezclar todo por más ridículo que parezca. Y más vale que no le hagas notar sus errores. Ellos son perfectos. Si acaso se te ocurre señalarles algo que para vos está mal… ¡cagaste! Ahora sos un fascista (su insulto preferido).¿Acaso no estaban en contra de la discriminación? Porque a los progres no les importa llegar a un consenso. No quieren hablar y buscar un entendimiento. Dejando de lado a los boludos que se hacen los de izquierda solo para levantarse minas, los zurditos de verdad no son democráticos. Solo usan la democracia para imponer sus ideas y lo que para ellos es correcto. El comunismo no es democrático. No quiere la libertad, odia al ser humano. Quiere una sociedad parecida a un hormiguero. No es nada nuevo que el nazismo y el fascismo nacieron como movimientos sociales que buscaban justicia.

En fin, la izquierda no es ni buena ni mala, lo mismo pasa con la derecha. En realidad, no sé si siguen existiendo. En realidad creo que solo es una lucha de poderes inventada por los gobiernos para distraer a los boludos (divide y vencerás). Yo creo que en el mundo hay gente honesta que busca hacer lo bueno (aún con todos sus errores) y gente de mierda que apenas se levanta piensa en qué nuevas cagadas mandarse. De todas maneras, el mundo tiene tantos matices que una buena persona puede ser capaz de lo peor, así como alguien que solo hizo cagadas toda su vida, puede ser capaz del mejor gesto. No es necesario declararse de una ideología para ser “bueno” o “malo”. Eso es una pelotudez. Y si te vas a declarar de izquierda más vale que hagas el esfuerzo de diferenciarte de los “zurditos”, porque podrán decir que tienen buenas intenciones y quizás hagan algunas cosas bien, pero lo que más se ve son todas sus contradicciones, su discriminación contra los que no piensan como ellos, su admiración por asesinos y por sistemas asesinos, persecución religiosa, etc.

Yo antes simpatizaba con la izquierda. Ahora que descubrí lo que en verdad es, no. Ahora izquierda y derecha me dan lo mismo. Me chupan la pija las ideologías. Vamos a los hechos. El político que haga las cosas bien, que siga, el que no, que se vaya a la mierda, sin importar a qué ideología responda. Yo tomaré lo mejor de cada cosa. Me parece bien que el Estado intervenga siempre en determinadas cosas y también me parece bien que haya competencia y libre mercado. Yo sigo con lo mío, haciendo las cosas que me gustan, tratando de sobrevivir mientras el mundo se va a la mierda. Solo pido que no me rompan las pelotas. Y después… que cada uno haga lo que quiera.

¡El Apocalipsis está cerca!

miércoles, enero 02, 2008

Advertencia sobre los días malos que vendrán

Siempre llega un momento en el que la vida del hombre se va arruinando cada vez más y ya no vuelve a recuperarse. No me refiero únicamente a lo físico, porque es sabido que en cuanto nacemos empezamos a morir, sino que me refiero específicamente a las otras cosas: las relaciones humanas, el trabajo, los deseos, la esperanza, esas cosas.

Esto que escribo es para advertirles. Guarden mis palabras porque todas se cumplirán en sus vidas, si es que no se están cumpliendo ahora mismo.

Vendrán días de mierda en los que ustedes se esforzarán por mantenerse de pie, por conservar la calma y la esperanza de que todo irá mejorando, pero quienes los rodean harán causa común contra ustedes y dedicarán su tiempo en destruirlos. Lenta y minuciosamente irán devorándolos, matando cada señal de buenas perspectivas en ustedes. Los juzgarán, rechazarán y exigirán cosas insólitas de todos ustedes. Prepárense porque será un golpe terrible y devastador. Las personas a las que más aman los acusarán de haber cambiado y de haberse convertido en malas personas. Ustedes jurarán que no es así, pero desconcertados por esas palabras se esforzarán por tratarlos bien y por volver a ser buenas personas. Pretenderán ser atentos y buscarán por todos los medios un equilibrio. Pero su esfuerzo será en vano, las cosas no mejorarán y seguirán recibiendo ataques. El miedo con el que crecieron desde chicos se irá cumpliendo día a día sin que puedan hacer nada: el miedo a quedarse solo.

Así es, las personas a las que más aman los irán dejando solos argumentando que ustedes fueron los primeros en hacerlo. Es muy duro, es prácticamente insoportable. Ustedes gastarán hasta la última gota de fuerza en evitar que todo empeore e incluso dejarán la salud en ello pero será totalmente inútil. La mayoría de los días cerrarán los ojos ante esa realidad y se dirán “no es posible, seguramente esto no está pasando” pero créanlo, será puramente real y todo se irá arruinando cada vez más y no volverá a recuperarse. De repente verán que quienes los acusan de haber cambiado son precisamente los que más han cambiado. El desconcierto ante ese cambio será terrible. La salud mental de ustedes también se verá afectada y ya no sabrán ni qué hacer ni qué creer. Buscarán refugio en varias cosas y tal vez lo encuentren en Dios pero aún así todo irá de mal en peor y la angustia comenzará a devorarlos hasta el final. Vivirán cosas horribles que jamás pensaron que vivirían y llorarán todo el tiempo por más que no quieran. Los obligarán a tomar insólitas decisiones, los avasallarán, consumirán sus fuerzas y no querrán llegar a ningún entendimiento. Lo peor será que ustedes seguirán amando a esas personas y seguirán sintiendo y sabiendo que serían capaces de dar la vida por ellos. Pero ellos ya no verán eso. Ya no creerán una palabra de ustedes. Entonces morirá toda esperanza. Llegará la tan temida soledad. Se acabarán las fuerzas por completo. Y la incredulidad de “esto no está pasando” ya no estará porque en ese momento se acordarán de que ya se los había advertido. Será el infierno.