jueves, mayo 31, 2007

2007

El día en que deje de lado la idea del suicidio sabré que me he vuelto loco del todo.

domingo, mayo 13, 2007

Rael va a un curso de ventas on-line

La mañana estaba muy fría. Rael entró al lujoso hotel y antes de que pudiera siquiera orientarse oyó la voz de una mujer “¡Jorge! ¡Jorge!”. La mujer se acercó hasta él y le preguntó “¿Vos sos Jorge?”. Casi tuvo ganas de decirle “¿Te parezco a un Jorge?” pero solo respondió con un patético y somnoliento “no”. Luego se acercó a un guardia y le preguntó por el “curso que organiza Deremate.com” y fue dirigido hacia el “fondo, por el pasillo, en el salón de convenciones”.
Rael había sido enviado hasta ese hotel por sus jefes que también iban a asistir “para ver de qué se trataba”. De más está decir que a Rael no le hacía la menor gracia y hasta hubiera preferido ir directamente a trabajar “que venir a esta pelotudez” que encima “seguro que no sirve ni para un carajo”.
Rael llegó a un salón con mesas con manteles blancos y tazas de té y café sobre ellas. También había medialunas y gente que hablaba entre sí y le confirmaba la inscripción a chicas rubias (“ni una sola morocha, andá a cagar”) que llevaban planillas y sonreían. Cuando una de ellas se acercó a Rael y le preguntó por su nickneim por poco le responde “elvergadoranonimo_98” pero al instante comprendió que se trataba del nick que te daban al momento de inscribirte por mail. El nick lo sabía uno de los jefes así que tendría que esperar que llegaran. Mientras tanto se dedicó a deambular cerca de la puerta, con las manos en los bolsillos de la campera. Si un psicólogo lo hubiera visto habría dicho que colocarse cerca de la puerta, apartado del resto de la gente, indicaba cierta inseguridad, pero en realidad lo que quería Rael era irse bien a la mierda y tenía la esperanza de que sus jefes no llegaran y así poder irse a su casa caminando.
El salón estaba lleno de gente abrigada que tomaba café mientras hablaban entre sí. Algunos parecían empresarios pero la mayoría parecía gente cualquiera que soñaba con formar una gran empresa para no tener que ser más un empleado. Gente cualquiera igual que Rael pero con la diferencia que Rael era el único que no quería estar ahí. Se preguntó porqué le molestaba tanto. Si al fin y al cabo solo era una puta charla en un puto hotel y listo. Quizás hasta sería interesante. Quizás (aunque era muy improbable) hasta sería útil. Rael ya estaba ahí, ahora ni pensaba y le daba lo mismo, solo esperaba que las horas pasaran rápido pero aún así se preguntaba “¿por qué me molesta tanto?”. Incluso conocía mucha gente que desearía estar ahí y que incluso le dirían “¿Así que fuiste a un curso? ¡Qué bueno!”. ¿Qué podía tener de bueno? Él no lo veía. Era como viajar. Jamás entendería qué mierda podía tener de divertido viajar. Solo lo veía como un montón de molestos preparativos para luego ir a un lugar con gente exactamente igual que uno, y edificios y cosas iguales que en cualquier lado y sacar patéticas fotos y gastar plata en boludeces y hacer de cuenta que la estás pasando lindo cuando en realidad no, y después volver a casa. No, definitivamente a Rael no le gustaba viajar (por eso jamás había salido de su provincia) y tampoco le gustaban los cursos. Y además, éste no era ningún “curso”. Porque llegaron los jefes, toda la gente entró al salón de convenciones, Rael entró con ellos y luego se sentaron todos a escuchar… publicidad. Una publicidad descarada sobre los beneficios de usar Deremate.com. Para colmo, esta gente había pagado para estar ahí y escuchar eso (Rael no había pagado un peso, habían sido sus jefes) ¡Y para colmo, uno de los disertantes (jaja, “disertantes”) era un amanerado con voz irritante! Rael pronto se durmió del aburrimiento. Tuvo un extraño sueño en el que corría desnudo por un prado verde para luego zambullirse en un lago cristalino en donde lo esperaban docenas de colegialas que también estaban desnudas.
Rael despertó. Le llamó la atención ya no escuchar la voz de ningún disertante. Levantó muy lentamente la cabeza y vio que todos estaban dormidos pero en posiciones grotescas, de hecho, muchos estaban tirados en el piso. En ese instante oyó que la puerta se abría detrás de él. Se hizo el dormido y luego vio que entraban varios tipos vestidos como enfermeros, que llevaban extraños instrumentos y algunas camillas y eran guiados por una de las chicas rubias. Se acercaron a la fila de más adelante, tomaron a una chica que más que dormida parecía muerta y procedieron a sacarle sangre. Rael se estremeció y creyó que todavía estaba soñando, pero eso no podía ser: allí no había ninguna colegiala desnuda. Entonces aprovechó que los enfermeros estaban muy lejos de él y se levantó y salió corriendo por la puerta. Pasó por el salón en donde estaban las mesas con los manteles blancos y ahí se dio cuenta: él había sido el único que no había tomado café. Quién sabe qué le habrían puesto. “Algún gualicho” pensó Rael, y luego salió del hotel y se fue caminando muy rápidamente hasta su casa.