martes, abril 24, 2007

Un día en la vida de un Joven Redactor

Actualización (8 de mayo 2007): Debido a la gran (?) cantidad de malinterpretaciones que se han suscitado con respecto a este post, me veo en la cuasi obligación de aclarar que todo lo que van a leer es simplemente UN PUTO SARCASMO. Quienes llevan algo de tiempo leyendo este blog lo habrán entendido al instante (quiero creer) pero los que no, sencillamente imagínenme como todo lo contrario a lo que a continuación se relata. En pocas palabras, el que hace el relato no soy yo, sino, un personaje... uno de esos que acostumbran a ser elegidos como "los mejores bloggers" (listo, ya expliqué el sarcasmo, soy un pelotudo, pero me había cansado de recibir comentarios que nada que ver)

Me levanté temprano como todo lunes para ir a trabajar. La mañana estaba un poco oscura pero aún así no prendí la luz porque tenemos que acostumbrarnos a ahorrar energía antes de seguir destruyendo el planeta (las próximas generaciones nos lo agradecerán). Antes de salir me llevé mi Mp3 cargado con música ideal para arrancar el día: Los Redondos, Sumo, Manu Chao y por supuesto, los Cuatro Dioses de Liverpool (nunca pueden faltar). También le metí algo de La Mona (antes que nada, soy bien cordobés).
El laburo estuvo un poco pesado pero traté de ponerle ganas. Lo que más bronca me dio es que yo era prácticamente el único que intentaba hacer las cosas bien, los otros pibes ni se gastan. Ese es el problema de nuestra generación: queremos que todo nos venga de arriba en vez de esforzarnos para alcanzar nuestras metas. Este es el país de la cultura de “soy re vivo, que trabajen los giles”. Pero la culpa es de los políticos y de los que viven en los countries, por supuesto.
Después del laburo me fui hasta el centro porque tenía muchas cosas que hacer. Me subí al bondi y me puse a leer Rayuela. Pero el viaje no duró demasiado, ya que el colectivo se rompió y nos tuvimos que bajar todos. Lo mismo de siempre. La culpa es de los políticos y de las empresas. Son todos fascistas.
Entonces preferí caminar hasta el centro, de paso para contribuir con la ecología y en el camino me encontré con unos amigos con los que estamos organizando un Ciclo de Teatro Multicultural (ya se van a enterar de qué se trata). Después me crucé con mi amiga Vale, que al principio no me reconoció (¡qué colgada que es!) pero nos pusimos a charlar y me comentó que había ido a ver “300” y que le había encantado, no como “Apocalypto”, que tiene un mensaje fascista. Me tuve que despedir porque se me hacía tarde, pero quedamos en vernos pronto porque nos debemos un porrón. Al rato me encontré con mi amiga Agus, que labura en una revista y tiene un programa de radio en la UTN. Me dijo que estaba por ir a hacerle una nota no sé a quién y que la semana que viene me quiere hacer una nota a mí. Jaja, justo a mí, qué país generoso. Después me encontré con mi editor que está por publicar mi primer libro de poemas y de observaciones ácidas de la vida cotidiana y me dijo que estaba arreglando para que dé una charla en la Feria del Libro (ya les voy a avisar con tiempo cuándo es).
Cuando se hacía de noche volví a mi casa y me puse a reflexionar sobre las próximas elecciones, la web 2.0, el conflicto entre Palestina e Israel, Youtube, la década del ’80, los atentados en Irak (Bush genocida), el cambio climático, las tiras de Liniers, el cine europeo, Bob Marley y Jim Morrison y lo linda que es Córdoba a pesar de todo (porque como dije, antes que nada soy bien cordobés y escucho La Mona)
En medio de tantas reflexiones llegué a una conclusión: a pesar de todo, debemos agradecer que estemos en democracia y que tengamos libertad para expresar lo que pensamos. El Che Guevara así lo hubiera querido.
Cuando llegué a mi casa, prendí la máquina y vi que en La Voz habían mencionado mi blog como uno de los destacados de Córdoba. Me sorprendió y me alegró bastante, aunque también pensé que hay blogs que merecen estar ahí mucho antes que el mío, como por ejemplo el de mi amiga Agus reflexionosobreelmundo.blogspot.com. Pero igual agradezco mucho este reconocimiento, aunque yo simplemente escribo porque es lo que me gusta. Gracias también a ustedes que me leen.
Después apagué la máquina porque hay que ahorrar energía y luchar contra el cambio climático.

miércoles, abril 04, 2007

Mi encuentro con la Colgada

Aunque ella recién me conocía ya me buscaba e intentaba por todos los medios caerme bien. Al parecer yo le había causado la impresión de ser alguien como ella: culto, profundo, melancólico y, por supuesto, colgado. Uno de esos que se creen intelectuales y divertidos al mismo tiempo, que escuchan a Pink Floyd y a Radiohead, que saben tocar con la guitarra algún tema de los Beatles, que leen a Cortázar (sobre todo a Cortázar), a Dolina y algún otro, que hablan del suicidio, que hacen de la ironía un estilo de vida, que critican a Tinelli, ateo y con ganas de viajar y conocer el mundo. Si esa impresión le había causado ella debía tener unos esquemas demasiado cuadrados y limitados porque yo podría ser el más cliché de los estereotipos, pero jamás ESE estereotipo. Pero lo cierto es que si para ella el mundo era o blanco o negro, yo estaba en lo negro, al igual que ella, y por eso quería acercarse. Pero no solo por eso. Se le notaba (y desde varias cuadras) que andaba en busca de amor, de alguien que la entretuviera un rato y la acompañara. ¿Y qué tenía ella para ofrecer? Todo un disfraz de “profunda”, de “colgada”, de “alternativa”, de “yo analizo todo”, de “irónica”, de “loca”, de “mente abierta”, de “rebelde”, de “divertida”. Su papel le salía casi perfecto, a excepción de lo de “divertida”. En su desesperación por hacerse la profunda se olvidaba de divertirse y ahí es donde fallaba. Pero de todas formas también fallaba en todo lo demás. Sin que le preguntaran se ponía a criticar al sistema, a la sociedad, a la televisión. Citaba autores, hablaba sobre su concepción filosófica del mundo (¿qué será eso?), decía cosas como “yo antes escribía muchos poemas y una vez…”. En realidad todo eso estaba bien ¿Por qué habría de tener algo malo? Pero lo que me molestaba mucho era que se notaba –y demasiado- que solo lo hacía para impresionar. Lo hacía tan mal que caía en el ridículo, y cuando me acordaba que no solo lo hacía para impresionar sino también para encontrar un novio (¡) ya hasta me daba lástima. Lo peor era cuando se hacía la “rara”, la “fuera de lo común”, la “colgada”, como le gustaba decir. Mencionaba como al pasar toda su gama de locuras copadas: hablar en voz alta cuando iba caminando por la calle (“sin que me importe lo que piensen los demás”, aclaraba), escribir en un cuaderno toda esas cosas que se le ocurren cuando va en el colectivo, salir a caminar cuando llueve (“pero cuando llueve muy fuerte”), nunca frecuentar lugares muy concurridos sino esos más tranquilos y “misteriosos” como ciertas plazas y parques…
En fin, no se soltaba nunca, nunca se relajaba, había terminado por creerse ella misma su papel de “chica rara y conflictuada diferente a todas las demás”. Se creía un personaje pero no lo era en absoluto. Los que realmente son personajes, los “locos”, los “raros”, no pretenden demostrarlo a cada momento. Simplemente lo son.
Al final me hartó y empecé a esquivarla. Al poco tiempo la encontré y me dijo que estaba “muy bien”. Yo ya sabía porqué pero dejé que ella me lo dijera: “estoy saliendo con alguien”. Ya no le hacía falta su disfraz de “colgada”. Ahora simplemente mostraba su aire de superioridad. “Superadas” les dicen.