miércoles, septiembre 20, 2006

Adolfito y las negras

Por lo general trato de no hablar de este tipo de temas ya que me parece generan discusiones que no llevan a nada. Antes me tomaba la molestia de llevarlas a cabo porque creía que eran útiles pero últimamente me doy cuenta que a casi nadie le importan las conclusiones que se puedan sacar de una discusión y mucho menos les importa ponerse de acuerdo, sino que lo único que se busca es pelear, vencer, ridiculizar al otro y dejar una imagen de “miren qué capo que soy”. Una discusión de estas (y más cuando es sobre un tema complejo) lo único que muestra es gente que cree tener una verdad absoluta y que se esfuerza por demostrarle al otro lo equivocado que está. Y a medida que la discusión avanza se van perdiendo sus parámetros iniciales y la única motivación termina siendo quién es el más vivo y quién da las respuestas más originales y humillantes. Para colmo, en Internet este tipo de discusiones se multiplican y son todavía más patéticas porque los involucrados se refugian en su anonimato y se transforman en auténticos filósofos de computadora y reparten insultos y humillaciones y al final la discusión inicial se convierte en cualquier cosa y la única conclusión que podemos sacar es que nunca se van a poner de acuerdo y que el ser humano puede llegar a ser muy estúpido. Por supuesto, hablo en general. No todas las discusiones son inútiles.

Pero soy reincidente y toda esta introducción venía a cuenta de un hecho que hace poco presencié. Resulta que estaba el sujeto A (a quien llamaré Marcos), el sujeto B (a quien llamaré Pablo) y un servidor. Estábamos teniendo una suerte de conversación inútil sobre mujeres o algo así y de pronto Marcos dijo: “A mi no me gustan las mujeres negras, no me atraen” (entiéndase por “mujeres negras” a mujeres de raza negra, africanas). Entonces Pablo respondió: “Uh, qué bien lo tuyo, Adolfito Hitler”. Marcos se sorprendió por ese comentario y dijo: “¿Y qué querés que diga? No me gustan”, a lo que Pablo insistió agregando: “Sí, todo bien, Adolfito” y aprovechó para dirigirse a mi diciendo: “Muy buena la opinión de Adolfito ¿No?”. Marcos pronto interrumpió señalando: “No, no, pará. Yo estoy diciendo que las negras no me atraen en el sentido sexual, nada más”. Después de esa aclaración, la charla fue cambiando hasta llegar a una conclusión con la que curiosamente los dos estuvieron de acuerdo.

Entonces yo pienso ¿En algún momento Marcos dijo que odiaba a los negros como para merecer que Pablo lo comparara nada más y nada menos que con Hitler? ¿Dijo acaso Marcos que los negros no sirven para nada? ¿Dijo que los negros son todos unos retrasados, ignorantes e inferiores? ¿Dijo que habría que llevarlos a todos a los campos de algodón? ¿Dijo que habría que meterlos en la cárcel solo por ser negros y después matarlos en una cámara de gas? No. Solamente dijo que las mujeres negras no lo atraen, sexualmente hablando. Así fue como lo aclaró después, pero en realidad ni hacía falta aclararlo. Ya se sabía que se refería a eso. La conversación venía por ese lado, era obvio que se refería a eso y nada más que a eso. Yo lo entendí al instante. Pero parece que Pablo no. Parece que Pablo vio en esa frase una idea racista, extrema y peligrosa. Una idea nazi. Porque si no, no lo habría comparado con Hitler.

Entonces yo me pregunto ¿Puede Pablo ser tan obtuso y cerrado como para pensar que el comentario de Marcos fue racista? (y quiero decir que conozco lo suficiente a Marcos como para afirmar que no es racista) ¿O será que Pablo solamente respondió con un dogma, sin tomarse la molestia de analizar ni lo que había escuchado ni lo que iba a responder? Si Marcos hubiera dicho “no me gustan las rubias” ¿Pablo le habría dicho “racista” o “pantera negra”? Seguramente no. Pero como Marcos dijo “no me gustan las negras”, Pablo reaccionó sin pensar ni un segundo. Salvando las distancias, reaccionó como reaccionaba Hitler cuando pensaba en los judíos, reaccionó como los miembros del Ku Klux Klan cuando veían a un negro, reaccionó como los militares argentinos de la década del ´70 cuando pasaba un chico con el pelo largo, reaccionó como los comunistas soviéticos cuando les hablaban del capitalismo, reaccionó como los ultraderechistas de EE.UU cuando les nombran a los árabes, reaccionó como los palestinos contra los judíos y los judíos contra los palestinos, como Fidel Castro cuando alguien le hace el menor planteo, y así podría seguir. Es decir, reaccionó despreciando al otro solo por ser y/o pensar diferente. Por nada más. Ni se tomó la molestia de PENSAR.

Pablo se debe considerar a sí mismo como alguien muy “progre”, de mente muy “abierta”, como alguien que hace de la tolerancia un estilo de vida, como alguien que tiene ideas profundas, que acepta a todos y no excluye a nadie, como alguien que defiende a las minorías, a los inmigrantes ilegales, a los desposeídos, pero con su comentario de “Adolfito” mostró todo lo contrario. Una intolerancia absoluta contra alguien que no había dicho nada malo.

La actitud de Pablo no es más que la muestra de una pose, de una moda. Porque ahora está de moda hacerse el “progre” ¿viste? Sí loco, ahora son todos re tolerantes y defienden a los pobres, ahora son todos admiradores del Che, ahora son todos de izquierda ¿viste? Ahora todos piden justicia por los desaparecidos. Ahora todos putean a Bush y a Israel. ¡Pero ni saben porqué lo hacen! ¡En ningún momento se ponen a analizar nada! Simplemente repiten como boludos frases hechas. ¡Es gente que tiene como ídolo al Chavo Fucks…! Y además lo hacen solo de la boca para afuera. ¡Capaz que pasa un pendejito por la parada del colectivo pidiendo alguna moneda y no se la dan! ¡Pero eso sí, ellos son re progres! (nótese la ironía con la que el autor usa en este párrafo el prefijo “re”)


Ahora si llegás a decir que no te gusta la cumbia te tildan de “facho” (?¡). Ahora vale decirles “yankees” a los norteamericanos pero no les podés decir “bolitas” a los bolivianos porque inmediatamente pasás a ser un “intolerante” (¿?). Ahora ni siquiera podés considerarte un patriota (sea lo que sea que signifique eso) porque ahí nomás te asocian con los militares (¡¡¡). ¡Ojalá el único pecado de Hitler hubiera sido que no le gustaba la cumbia! ¡Ojalá lo peor de Mussolini hubiera sido que a los bolivianos les decía “bolitas”! ¡Ojalá la peor barbaridad de Videla hubiera sido que prefería el tango al rock!

Lo que voy a decir es otra gran frase hecha, pero estoy convencido de que es la pura verdad: todos los extremos son malos. TODOS. No importa si sos “de izquierda” o “de derecha” (dicho sea de paso, qué conceptos tan absurdos). Si llegás al punto de comparar a alguien con Hitler solo porque las mujeres negras no le paran la pija, sos un obtuso, un extremista, un fascista de izquierda. Esta tendencia se afirma día a día. Ahora todos se cuidan de lo que van a decir. Ahora hasta es preferible hablar bien de Bin Laden que de Blumberg. Todo es una pose, una moda, todos se quieren poner la remerita para ser cool. Y se van al extremo y dicen pelotudeces. Ahora es más importante lo que decís que tus mismos hechos. Lo que hay que hacer es encontrar el equilibrio. Esa es otra frase hecha, pero así es. Un régimen no puede meter en cárceles clandestinas a personas solo porque opinan diferente, sea ese régimen de izquierda o de derecha, sea Bush, o Fidel Castro. Todos los extremos son malos. Y la gente se muere igual, sea quien sea el que ordene su muerte, vista de traje y corbata o con uniforme militar. Hay que encontrar el equilibrio. Y si queremos despreciar a alguien solo porque opina diferente a nosotros, adelante. Pero no nos disfracemos de tolerantes ni de progres (sé conservador o liberal, pero nunca seas un mentiroso – Rousseau dixit)

Uf. Me cansé. Me voy.

Ah. Cierto. Ustedes quieren saber a qué conclusión llegaron Marcos y Pablo durante la charla que dio pie a este post. Bueno, la conclusión fue que si viene una mina, ya sea negra, rubia, morocha, asiática, judía, gitana, gorda, fea, lo que sea y se les entrega… se la mandan a guardar igual (Lógicamente, yo también me sumé a esa conclusión)

Sí. El ser humano está hecho mierda!!!

ACTUALIZACIÓN DE ÚLTIMA HORA: No se crean, yo también soy un pelotudo y me esforcé para que este post quedara lo más políticamente correcto posible así ningún boludo se confunde y se piensa que soy un facho.

domingo, septiembre 10, 2006

Sábado a la noche

Mientras escribo esto son las 02:30 hs del sábado... o mejor dicho, de la madrugada del domingo. Bah, es sábado a la noche. Hace un par de horas estuve viendo una película con Padre y Hermano y desde hace un rato estoy tirado en mi cama, a veces leyendo viejos escritos, a veces mirando el techo (hay muchos puntitos que se superponen con los puntitos de mi vista), a veces solo perdiéndome en mis pensamientos; todo mientras el sueño me va invadiendo con demasiada lentitud para lo que en este momento quisiera. Desde afuera llega el sonido del viento y muy a lo lejos se escuchan las ovaciones de un grupo de mujeres entusiasmadas en uno de esos lugares en donde hay tipos que se ponen en bolas y bailan y un tipo los presenta con voz de locutor.
Es sábado a la noche. Una noche cálida y algo primaveral. Es La Gran Noche De Los Clichés Y Las Frases Hechas. Clichés y frases hechas como: “la previa”, “¿hacés algo hoy?”, “salir”, “caravana”, “tomar algo”, y otros más dignos de la prensa como “diversión”, “ritual”, “tragos”, “descontrol”. Es la noche de cumplir con uno de los tantos ritos sagrados de la sociedad. Porque además de estudiar, de casarse, de tener hijos y de tantos otros que ahora no tengo ganas de enumerar, uno de los grandes ritos que todo buen ciudadano debe cumplir es divertirse un sábado a la noche. Y si tenés 23 años, con más razón todavía. Hay que salir. Ya sea al boliche, al baile de La Mona, al cuarteto fino de La Barra, al abasto a algún recital de eso que todavía algunos despistados llaman “rock”, o sino, al departamento en Nueva Córdoba de algún amigo con plata (que puede ser jujeño, de Santa Cruz, de Formosa, sanjuanino, de Carlos Paz, o de donde sea pero seguro que no es de Córdoba Capital). La idea es estar con amigos, pasarla bien, distraerse. Con un poco de suerte (en mi caso, mucha suerte) terminar teniendo sexo con una amiga, con una recién (des)conocida, o con una puta, es lo mismo. Por supuesto, lo más importante de todo es el alcohol. De ninguna manera debe faltar. Incluso puede afirmarse que es lo único que a todos les importa. Ese es el rito de La Gran Noche De Los Clichés Y Las Frases Hechas. Hacerse el ocupado y el responsable durante la semana y cuando llega el “finde” “distenderse” y pasarla bien (sí, ya sé que se me va la mano con las comillas y la cursiva).
Pero yo no he cumplido con el rito sagrado. No lo he cumplido hoy y hace como dos meses que no lo cumplo. Hace mucho tiempo que no veo a ningún amigo ni amiga, y hace años que he dejado de pertenecer a un grupo de amigos. Ahora soy como una isla que flota a la deriva, o es más, como un naufrago que habita esa isla (pedazo de analogía). Alguien que tiene amigos y conocidos en todos lados y en todos los círculos pero que al mismo tiempo no pertenece a ninguno. Y mientras el resto de la gente de mi edad se comportan como buenos ciudadanos y respetan las tradiciones, y organizan salidas, y se juntan en la casa de alguien a beber (y cuando se empieza a hacer de día toman mate) yo estoy tirado en mi cama escribiendo esto. No he tenido ganas de “salir”. He preferido quedarme en mi casa, tirado sobre la cama, escribiendo esto y/o mirando el techo. En realidad, hace tiempo que no tengo ganas de nada, aunque a veces me engañe a mí mismo y piense lo contrario. Aunque me embarque en varios proyectos y de hecho los empiece a ejecutar, no tengo ganas de nada. Aunque me quede trabajando hasta tarde en ellos, no me interesan. Solo soy fiel al rito de ir a trabajar y siempre me pregunto para qué. Por eso mismo no he salido esta noche. ¿Para qué? Nunca puedo dejar de hacerme esa pregunta. Podría estar pasándola bien. Cada vez que salgo lo hago, hoy no hubiera sido la excepción. No soy muy exigente. He hecho todo lo que se puede hacer un sábado a la noche, aunque nunca fui un gran habitante de la noche ni mucho menos (¿habitante de la noche dije? No… si soy un maestro para inventar conceptos…). Pero siempre me pregunto para qué. ¿Para qué vivo? me pregunto también (y tengo la respuesta a eso: para nada). Y a veces, y solo a veces, me pregunto si no sería mejor ser menos “raro” y más “normal”. Si no sería mejor pertenecer a un grupo de amigos que se juntan y “organizan salidas”, si no sería mejor no sentir tanta repulsión al estudio y a estas alturas tener un título en lugar de haber abandonado para siempre los estudios, si no sería mejor no amargarse tanto por cosas cotidianas que a otros no les afectan, si no sería mejor aborrecer un poco menos la existencia y no desear tanto esa muerte que no llega, si no sería mejor dejar de preguntarse para qué, si no sería mejor ser como esos que se ponen de novios con cualquiera porque al fin y al cabo lo que importa es estar con alguien, no de quién se trate ese alguien. (estaba por poner “lo que importa es ponerla” pero me pareció algo ordinario) Si no sería mejor cumplir con el rito sagrado del sábado a la noche, aunque no haya ganas, porque se trata de salir y nada más. Pero no. Solo me lo pregunto a veces. Porque en realidad sé que aunque soy un suicida potencial, aunque me ponga enfermizo, cínico, depresivo por las más asombrosas cuestiones existenciales y los detalles cotidianos más pelotudos, aunque sea así, también puedo ser todo lo contrario. El más despreocupado de todos, el más feliz por estar vivo y blablabla (no me pidan que baile en bolas, tampoco irse al extremo)
Y ahora les voy a decir algo… este post iba a terminar con algo tipo “y ya sabemos porqué en realidad todos salen el sábado a la noche y porqué se llenan los bares, los boliches, los pubs, y etc. Por esa clásica frase: “por la falta de amor”. Por eso cumplimos el rito… o dicho sea de paso, todos los ritos. Porque queremos alguien que nos quiera. ¿Eh? ¿O no? Sí, sí, no va a faltar el que diga: “yo salgo para divertirme” y blablabla, pero antes de atajarte pensá un poquito y…”
Así iba a terminar este post pero, no sé. Me dio fiaca terminarlo.


Nota del Autor (o el más cheto "N. del A."): ¡Qué larga que me quedó esta mierda!