sábado, mayo 27, 2006

Aventura en casa

Llego a mi casa después de otro día inútil en el trabajo y me encuentro con que no hay nadie. Atravieso la cocina, voy hasta mi pieza, me saco la campera (aunque imagino que en unos minutos me la voy a tener que poner de nuevo porque mi casa es un frigorífico) y voy volviendo hasta el comedor como para comer algo cuando escucho un ruido extraño, como de algo que ha caído al piso tratando de no hacer mucho ruido. Siento un estremecimiento a modo de golpe frío en el estómago y me pongo a la espera de escuchar algo más, mientras adopto una grotesca posición de “en guardia”. No escucho más nada. Sigo en la puerta de mi pieza sin atreverme a ir hasta el comedor y miro a través de un espejo colgado en la pared buscando qué cosa es la que hizo ese ruido. Ya me empiezo a impacientar imaginando que eso también está esperando a ver qué hago yo, entonces busco algún objeto contundente como para ir listo para romper huesos – o al menos intentarlo- pero no veo nada. Al final se me ocurre sacarme el cinto del pantalón (chicas, suspiren) y voy para el comedor mientras respiro hondo. Cruzo la puerta de mi pieza muy lentamente sin despegar los ojos del espejo y casi me caigo cuando veo que algo, muy chiquito, como de 15 cm. de alto, sale corriendo por encima de un sillón y se mete atrás de una puerta abierta. Trato de estabilizarme y recuperar la calma y me pongo a pensar qué mierda hacer. Pienso que si salgo corriendo muy rápido y cierro la puerta de la cocina tras de mí, estaré a salvo y podré salir afuera de nuevo. Pero después pienso mejor qué carajo será eso que vi correr y esconderse atrás de la puerta (la puerta de la sala en donde está la computadora). Sigo mirando con ojos extasiados esperando ver si eso se asoma, pero nada. Sin embargo, estoy seguro de que está ahí. Entonces vuelvo a respirar hondo (extrañamente, cada vez que lo hago es como si recuperara fuerzas, aunque no haya hecho ningún gran esfuerzo anteriormente) y comienzo a deslizarme muy lentamente y sin hacer ruido hacia el comedor. Lo único que se escucha es el tic-tac del reloj. No quito la vista ni por un segundo de aquella puerta, sabiendo que eso está ahí, probablemente con más temor que yo o quizás esperando que me acerque para sacarme los ojos. Sigo con el cinto en mi mano derecha dispuesto a romper lo que sea y avanzo casi sin saber que estoy haciendo. El temor de que mis sentidos me traicionen está a punto, pero me sigo acercando a la puerta, prácticamente decidido a cerrarla para dejar al descubierto a eso. Pronto me encuentro a escasos centímetros y creo –y solo creo- escuchar una imperceptible respiración. Siento que la cabeza me da vueltas ante tan insólita situación. El tic-tac del reloj se torna insoportable y absurdamente me pregunto cómo se le puede ocurrir seguir sonando en una situación así. Entonces se apodera de mí ese clásico arrebato de decisión y cierro la puerta dispuesto a lo que sea, y veo a un pequeño ser de unos 15 centímetros de alto, con evidentes rasgos humanos, de un color entre marrón y gris, que corre en dos patas ante mi incrédula mirada, y huye saltando por entre el sillón y el televisor, mientras lanza unos delirantes chillidos, y se va para la cocina, y lo pierdo de vista, pero escucho que la puerta se abre, y no sé porqué voy corriendo hacia allá y salgo al patio, y veo al pequeño ser que se pierde mientras corre a gran velocidad, y desaparece por entre la hierba, y el cielo es naranja, porque es el atardecer.

miércoles, mayo 24, 2006

Ventana

Y mientras la vieja que viene una vez por semana se pone a limpiar la oficina en donde me toca trabajar, me voy hacia otra oficina vacía a esperar que termine y empiezo a mirar por la ventana. La vista es una gran postal de la ciudad. Veo los edificios enormes, totalmente estáticos y muertos, aunque luego recuerdo que dentro de ellos albergan vida y eso me produce un extraño estremecimiento, casi divertido. Sigo mirando el paisaje y siento algo de fascinación por aquella vista. Hasta se me ocurre que podría estar todo el día mirando. Pienso que desde esta altura todo es pequeño y vulnerable, incluso ese edificio que veo allá a lo lejos, un hotel azul en forma de cilindro. Y sigo mirando y se me ocurre que soy una especie de ojo gigantesco que lo ve todo desde su posición. Y una sensación rara me invade cuando pienso que esa gente que pasa por la calle, aquellos albañiles sobre el edificio y esos que van en auto, no saben que los estoy mirando. Y ni siquiera se les ocurre pensarlo. Pero entonces pienso que quizás justo en este momento alguien en alguna de esas ventanas me puede estar viendo y yo no me doy cuenta. Entonces recorro con la vista cada una de esas inertes torres de cemento imaginando que mis ojos podrán encontrarse con los ojos de la otra persona. Y mientras estoy en eso creo sentir que ya sé desde donde me está observando. Justo desde aquella lejana ventana, que desde aquí se ve como un rectángulo muy chiquito. No puedo ver a aquella persona, pero estoy seguro que la estoy mirando. Incluso parece ser una mujer. Tengo que ir hacia allá. Tengo que tratar de llegar a esa ventana, encontrarme con ella y saber quién es. Le digo al jefe cualquier excusa y me voy del edificio. Cuando ya estoy en la calle pienso si acaso ella también habrá salido.

domingo, mayo 21, 2006

.IV

Este es un libro con un mensaje perturbador; señala algunas de las aparentes debilidades en los fundamentos. Uno se turba porque lo que se ha dicho nos ofrece un difícil sentimiento que nosotros lo teníamos en lo profundo durante mucho tiempo pero que nunca estuvimos dispuestos a admitir por nosotros mismos. Es otra de aquellas frías y poco comprometedoras situaciones donde la verdad desnuda y la naturaleza humana viajan en diferentes direcciones. La verdad particular es simplemente que no tenemos evidencia confiable para la secuencia evolutiva de la familia de los invertebrados. Nosotros les hemos estado diciendo a los estudiantes durante años que no acepten cualquier afirmación a primera vista sino que examinen la evidencia y, lo peor es descubrir que nosotros mismos hemos fallado en seguir nuestro propio consejo.

John T. Bonner - Científico Evolucionista - hablando sobre el libro de G. A. Kerkut, otro científico evolucionista.

jueves, mayo 18, 2006

.II

Si no podés sentirte bien, al menos siempre podrás hacer que otros se sientan mal.

domingo, mayo 07, 2006

Historia

Se me ocurrió que podía escribir una historia. Una historia sobre un tipo que entra a un edificio muy alto para llegar al techo y de ahí tirarse y matarse. Se me ocurrió que mientras el tipo va subiendo se va encontrando con mucha gente y con obstáculos que debe superar para llegar hasta el techo. Y a medida que sube por las escaleras tiene arrebatos de decisión y solo piensa en llegar rápido para tirarse, pero después tiene momentos de debilidad y espera que aparezca algo que le impida lograr su objetivo. Sigue subiendo en medio de su dilema y acá es donde tengo una duda. La idea es que al tipo le falta solamente un piso para llegar arriba y de pronto aparece algo que llama su atención. Puede ser un cuadro colgado en la pared, una música que suena y que le trae recuerdos de un mejor pasado, no importa mucho en realidad lo que sea, sino lo que representa y el cambio que hace en su mente. Pero creo que lo mejor sería que el tipo se encuentra con una chica. Una chica que conoció alguna vez y que ahora vuelve a ver después de cierto tiempo. Se saludan con entusiasmo y deciden ir a tomar algo mientras pueden charlar mejor. De esa manera el tipo desiste de llegar al techo y tirarse. Se me había ocurrido que podía escribir esa historia. Pero es una mierda de historia.