Oye, hijo, las cosas están de este modo
Una radio en mi cuarto me lo dice todo
No preguntes más
Tenés sábados, hembras y televisores
Tenés días para amar aún sin los pantalones
No preguntes más
Sui Generis- Instituciones (1974)
Hace un rato terminé de leer un libro más que interesante: Los Amos de la Globalización- Internet y Poder en la Era de la Información, escrito por la periodista española Nuria Almirón y publicado en 2002.
Con un lenguaje directo, entusiasta y hasta “combativo”, la autora brinda un análisis profundo sobre lo que se ha dado en llamar “la Sociedad de la Información”, que no es otra cosa que la era que estamos viviendo, marcada por la innovación tecnológica y cuyo símbolo principal es Internet.
Nuria describe con lujo de detalles quiénes son los amos del mundo, aquellos poderosos que controlan Internet, que fabrican las redes, los equipos y el software que usamos para conectarnos, que ponen en órbita sistemas de satélites como Echelon, diseñado especialmente para interceptar nuestras comunicaciones en busca de supuestos terroristas. Amos del mundo que se enriquecen en base a sus oscuros negociados y que además son dueños de los principales medios de comunicación del planeta y desde allí construyen una imagen positiva del absurdo Sistema que pregonan y sostienen.
Nuria nos da docenas de nombres: Gobiernos como el de EE.UU. y la Unión Europea que influyen en organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y las organizaciones destinadas a “legislar” Internet como el ICANN y la W3C. Gobiernos que impulsaron el neoliberalismo con el fin de “liberar el mercado, acabar con los monopolios e incentivar la competencia en busca de una mejor calidad de vida para todos los ciudadanos” y solo lograron crear enormes monstruos privados como Telefónica, la cual tiene alianzas con docenas y docenas de empresas en todo el mundo como Antena3, Telefé, el Grupo Clarín, Endemol, Patagonik Film Group, Lycos, Terra, Torneos y Competencias y varios más. Gigantescas compañías que devoran a otras más pequeñas, las compran, las ahogan a través de la competencia desleal –y con el guiño cómplice de los gobiernos- para así expandirse hasta todos los rincones del globo.
Nuria nos habla también de dos tremendos imperios como el de AOL- Time Warner y la compañía francesa Vivendi, a quienes describe como empresas dueñas “no solo de las cañerías sino también del agua que circula por ellas”. Empresas que explotan las telecomunicaciones y los contenidos que se pueden encontrar allí. AOL-TW es dueña de revistas como Time y Fortune, de canales de televisión como la CNN y HBO, compañías cinematográficas como Warner Bros y New Line Cinema…
Vivendi comenzó como la compañía que proveía de agua a la población francesa y ahora explota importantes marcas en las industrias de, a saber: la TV y el cine, la música, las editoriales, las telecomunicaciones e Internet. Lógicamente, si hablamos de monopolios tremendos, Nuria dedica también un capítulo a Microsoft.
Leyendo un libro como éste, observando un poco más allá de lo que nos rodea, escarbando la superficie, tratando de escuchar, aún cuando el intenso ruido no nos deja, alejándonos del tumulto, aunque sea por unos momentos y detenernos a mirar, uno concluye que al fin y al cabo, el mundo es gobernado por un reducido grupo de individuos, que hablan, respiran y morirán algún día exactamente igual que nosotros, pero que son inmensamente ricos, dueños de compañías cuyas cifras que facturan da asco transcribir, gobernantes con un poder difícil de imaginar, que negocian entre ellos y nos dan hamburguesas, películas con elfos y hadas, música fuerte y espectáculos al aire libre (como el Live 8), pornografía y teléfonos celulares con lindos colores para mantenernos contentos y distraídos. Y generan la cultura y la contracultura. Si no nos gusta Windows nos dan Linux, si no nos gusta Tinelli nos dan a Pergolini o a Pettinato, si no nos gusta Boca nos dan a River, si no nos gusta Coca tenemos Pepsi, si no nos gustan las películas de disparos y naves espaciales porque son “demasiado burdas” nos dan historias más “humanas” con personajes que luchan por un sueño y vencen a la adversidad. Y nos hacen creer que todo es posible siempre y cuando no seamos tan imbéciles de autoexcluirnos de este gran Sistema. Y basta con que nos distraigamos por un segundo para terminar creyendo que nuestra meta debe ser meternos en una universidad a estudiar y “capacitarnos” para después salir al “mundo competitivo” ya “preparados” y poder entrar a trabajar a una oficina con aire acondicionado. Que nuestra meta debe ser mantenernos jóvenes y bellos a base de horas de “gym”, de yogures de la eterna juventud para rodearnos de otros bellos y jóvenes representantes del sexo opuesto, fumando buenos cigarrillos y tomando “tragos re locos”. Que nuestra meta debe ser ir a Europa a trabajar en una multinacional todopoderosa que nos salvará y comprarnos un auto modelo 2005 y llegar a la oficina luciendo nuestro nuevo saco.
Y mientras los ricos son cada vez más ricos y llevan sus Imperios hasta el límite de la imaginación, millones de personas se mueren de hambre, deambulan por hospitales buscando curar sus enfermedades, se preocupan tratando de mantener el inestable trabajo que consiguieron y se ahogan buscando una explicación.
La autora de Los Amos de la Globalización no pretende dar soluciones mágicas. Tampoco se pone del lado de nadie. Solo presenta a la clase trabajadora como la víctima principal de este problema. Pero concluye diciendo, con asombrosa lucidez:
“…a lo que rendimos culto es al placer de la vida vacua y superficial, exenta de problemas de subsistencia y responsabilidades existenciales. Exenta de la necesidad de pensar. Es el culto a la vida fácil. Es la tiranía del placer y la comodidad que está atontando nuestras conciencias”
Y eso es lo que el ser humano busca desde el principio. Pero aún cuando lo consigue, se siente vacío, muy vacío.
Sui Generis- Instituciones (1974)
Hace un rato terminé de leer un libro más que interesante: Los Amos de la Globalización- Internet y Poder en la Era de la Información, escrito por la periodista española Nuria Almirón y publicado en 2002.
Con un lenguaje directo, entusiasta y hasta “combativo”, la autora brinda un análisis profundo sobre lo que se ha dado en llamar “la Sociedad de la Información”, que no es otra cosa que la era que estamos viviendo, marcada por la innovación tecnológica y cuyo símbolo principal es Internet.
Nuria describe con lujo de detalles quiénes son los amos del mundo, aquellos poderosos que controlan Internet, que fabrican las redes, los equipos y el software que usamos para conectarnos, que ponen en órbita sistemas de satélites como Echelon, diseñado especialmente para interceptar nuestras comunicaciones en busca de supuestos terroristas. Amos del mundo que se enriquecen en base a sus oscuros negociados y que además son dueños de los principales medios de comunicación del planeta y desde allí construyen una imagen positiva del absurdo Sistema que pregonan y sostienen.
Nuria nos da docenas de nombres: Gobiernos como el de EE.UU. y la Unión Europea que influyen en organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y las organizaciones destinadas a “legislar” Internet como el ICANN y la W3C. Gobiernos que impulsaron el neoliberalismo con el fin de “liberar el mercado, acabar con los monopolios e incentivar la competencia en busca de una mejor calidad de vida para todos los ciudadanos” y solo lograron crear enormes monstruos privados como Telefónica, la cual tiene alianzas con docenas y docenas de empresas en todo el mundo como Antena3, Telefé, el Grupo Clarín, Endemol, Patagonik Film Group, Lycos, Terra, Torneos y Competencias y varios más. Gigantescas compañías que devoran a otras más pequeñas, las compran, las ahogan a través de la competencia desleal –y con el guiño cómplice de los gobiernos- para así expandirse hasta todos los rincones del globo.
Nuria nos habla también de dos tremendos imperios como el de AOL- Time Warner y la compañía francesa Vivendi, a quienes describe como empresas dueñas “no solo de las cañerías sino también del agua que circula por ellas”. Empresas que explotan las telecomunicaciones y los contenidos que se pueden encontrar allí. AOL-TW es dueña de revistas como Time y Fortune, de canales de televisión como la CNN y HBO, compañías cinematográficas como Warner Bros y New Line Cinema…
Vivendi comenzó como la compañía que proveía de agua a la población francesa y ahora explota importantes marcas en las industrias de, a saber: la TV y el cine, la música, las editoriales, las telecomunicaciones e Internet. Lógicamente, si hablamos de monopolios tremendos, Nuria dedica también un capítulo a Microsoft.
Leyendo un libro como éste, observando un poco más allá de lo que nos rodea, escarbando la superficie, tratando de escuchar, aún cuando el intenso ruido no nos deja, alejándonos del tumulto, aunque sea por unos momentos y detenernos a mirar, uno concluye que al fin y al cabo, el mundo es gobernado por un reducido grupo de individuos, que hablan, respiran y morirán algún día exactamente igual que nosotros, pero que son inmensamente ricos, dueños de compañías cuyas cifras que facturan da asco transcribir, gobernantes con un poder difícil de imaginar, que negocian entre ellos y nos dan hamburguesas, películas con elfos y hadas, música fuerte y espectáculos al aire libre (como el Live 8), pornografía y teléfonos celulares con lindos colores para mantenernos contentos y distraídos. Y generan la cultura y la contracultura. Si no nos gusta Windows nos dan Linux, si no nos gusta Tinelli nos dan a Pergolini o a Pettinato, si no nos gusta Boca nos dan a River, si no nos gusta Coca tenemos Pepsi, si no nos gustan las películas de disparos y naves espaciales porque son “demasiado burdas” nos dan historias más “humanas” con personajes que luchan por un sueño y vencen a la adversidad. Y nos hacen creer que todo es posible siempre y cuando no seamos tan imbéciles de autoexcluirnos de este gran Sistema. Y basta con que nos distraigamos por un segundo para terminar creyendo que nuestra meta debe ser meternos en una universidad a estudiar y “capacitarnos” para después salir al “mundo competitivo” ya “preparados” y poder entrar a trabajar a una oficina con aire acondicionado. Que nuestra meta debe ser mantenernos jóvenes y bellos a base de horas de “gym”, de yogures de la eterna juventud para rodearnos de otros bellos y jóvenes representantes del sexo opuesto, fumando buenos cigarrillos y tomando “tragos re locos”. Que nuestra meta debe ser ir a Europa a trabajar en una multinacional todopoderosa que nos salvará y comprarnos un auto modelo 2005 y llegar a la oficina luciendo nuestro nuevo saco.
Y mientras los ricos son cada vez más ricos y llevan sus Imperios hasta el límite de la imaginación, millones de personas se mueren de hambre, deambulan por hospitales buscando curar sus enfermedades, se preocupan tratando de mantener el inestable trabajo que consiguieron y se ahogan buscando una explicación.
La autora de Los Amos de la Globalización no pretende dar soluciones mágicas. Tampoco se pone del lado de nadie. Solo presenta a la clase trabajadora como la víctima principal de este problema. Pero concluye diciendo, con asombrosa lucidez:
“…a lo que rendimos culto es al placer de la vida vacua y superficial, exenta de problemas de subsistencia y responsabilidades existenciales. Exenta de la necesidad de pensar. Es el culto a la vida fácil. Es la tiranía del placer y la comodidad que está atontando nuestras conciencias”
Y eso es lo que el ser humano busca desde el principio. Pero aún cuando lo consigue, se siente vacío, muy vacío.

