domingo, agosto 28, 2005

Siempre supimos que llegaría

CC se paró sobre el pasto y miró hacia los árboles. Esperó unos instantes con insoportable ansiedad y por fin apareció. Caminando lentamente surgió una especie de sombra que se acercaba hacia él. Era Rael. Había una brisa muy leve en el aire que movía su pelo ondulado. Avanzó los metros que lo separaban de CC y se paró frente a él mientras una sonrisa casi imperceptible se dibujaba en su rostro.
Se miraron unos momentos y Rael dijo casi sorpresivamente:
-¿Sabés una cosa? Siempre supiste que llegaría este momento. Este momento de la encrucijada, de “tomar una decisión”. Siempre supiste que llegaría el final pero te habías olvidado. Y cuando te acordabas, preferías no pensar en eso. Pero bueno, ha llegado.
-Sí… lo sentía. Sentía que esa etapa de definición estaba muy cerca.
-Ajá, bueno… qué bien…
Rael miró fijamente a CC como esperando una respuesta. Pero CC no lo miraba. Paseaba su vista por los árboles y el verde pasto.
-¿Y?- preguntó finalmente Rael.
-¿Y qué?
-¿Qué pensás hacer?
-Ah ¿Te tengo que responder? ¿Y cómo mierda puedo saber qué voy a hacer?
-Claro, entiendo- respondió Rael con una sonrisa desconcertante

CC lo miró durante unos instantes hasta sentirse incómodo por no comprender exactamente qué estaba pasando. Rael empezó a caminar de un lado hacia otro como si se preparara para empezar a contar un relato.
-Estar en el abismo de la indiferencia y la melancolía tiene su lado bueno ¿No?
CC intentó responder con seguridad:
-Sí, creo que sí. Creo que no tener nada para esperar es lo menos peor.
-Me imagino que sabés que eso contradice por completo el espíritu humano ¿Verdad?- preguntó Rael de manera casi sarcástica mientras no dejaba de lanzar esas sonrisas enigmáticas y casi perceptibles.
-Supongo que lo contradice pero… después de todo, solo contradice al pensamiento mayoritario. Al fin y al cabo no soy el primero y tampoco voy a ser el último en pensar así.-respondió CC tranquilamente.
-Eso es cierto. Y también es cierto que durante todo este tiempo te has ido acostumbrando a estar “en el abismo” ¿No? Te has ido acostumbrando al punto tal que has llegado a sentirte cómodo, muy cómodo. No tener ni sueños ni esperanzas ni ningún motivo para vivir trae tristeza pero también una suerte de “sensación de seguridad” ¿O no? Porque la gente que se esfuerza queriendo alcanzar un objetivo y que siente placer por la vida está totalmente expuesta a la decepción, al fracaso, a la frustración. En cambio, quien no espera nada no puede sufrir desilusiones ¿Verdad?
-Es cierto
-Claro que es cierto- dijo Rael sonriendo casi con malicia- pero ¿Acaso no es una manera de autojustificarte? ¿Acaso de esta forma no estás construyéndote un argumento para justificar tu falta de valor o tu falta de optimismo?
CC no respondió nada. Sabía que Rael apenas había comenzado a hablar y que aún iba a agregar algo mucho más interesante.
-A mi no podés engañarme, CC. Somos prácticamente iguales. Mirame. Pareciera que estuviéramos frente a un espejo. Y los dos sabemos que en realidad sí tenés esperanzas, todavía querés cosas. Aún sentís ese gusto por esta vida de mierda.
CC sonrió. Sonrió con la misma sonrisa que Rael y su extraña mirada profunda se tornó aún más intensa
-Y sí, CC, yo también considero que la vida no tiene sentido y que eso de que “uno mismo debe crearle su propio sentido” es una burda mentira. Pero también sé que si vos pudieras ver uno, uno solo de tus sueños hacerse realidad te olvidarías aunque más no fuera por unos momentos de todos tus argumentos y pensamientos nefastos y pensarías en vivir… como ya te ha sabido pasar.
CC escuchaba con atención a Rael. Mirándolo con serenidad, como anticipándose a todo lo que él le decía.
-Puede ser que tengas razón - dijo CC- pero te estás olvidando de un aspecto que no se puede dejar de lado. Te estás olvidando de mi cansancio, mi intenso cansancio por todo esto, que me impide hacer cualquier cosa…
-Sí… vos seguís respirando porque se trata de un movimiento involuntario ¿No?- dijo Rael una vez más con tono sarcástico.
-Pero bueno – continuó Rael – dijimos que finalmente habíamos llegado a una gran encrucijada. Que, te gustara o no te gustara, todo esto ya se había tornado insoportable y ha llegado el momento de que las cosas se definan, para mejor o para peor…
-Sí- respondió CC seriamente y con cierta incertidumbre.
Rael lo miró unos momentos sin decir nada. Su casi imperceptible sonrisa se borró y en su rostro se reflejó la duda, la duda de cómo le diría lo que ahora pensaba decirle. Se puso las manos en los bolsillos y comenzó a caminar. De repente quedó de espaldas a él y se detuvo.
-Estar a la deriva puede transformarse en una hermosa pesadilla. Claro que es hermoso. Es más, la gente que nunca ha experimentado la sensación de que nada tiene sentido y que nunca ha sabido lo que es no tener esperanzas y que nunca ha tenido intensos deseos de morir… no sabe lo que se pierde. En cambio, vos sabés lo que se siente. Solo que ya estás cansado de estar así. Y yo te pregunto ¿Y si salieras del abismo? ¿Y si pudieras ayudar a otros que están pasando por lo mismo? ¿Y si Dios te diera otra oportunidad?
CC no respondía nada. Observaba a Rael hablar de espaldas a él y casi tenía temor de que se diera vuelta. Y Rael continuó:
-Pero ¿y si no salieras del abismo? ¿Y si siguieras autodestruyéndote cada vez más y más? ¿Hundiéndote hasta lo insospechado hasta que…?- y Rael se dio vuelta.
En su rostro había regresado la sonrisa maliciosa y una mirada llena de lucidez. En su mano derecha tenía un arma con la que apuntaba directo a CC.
-Mirá. Está lista para ser disparada. Apretás el gatillo y listo.- dijo tranquilamente mientras le alcanzaba a CC el arma.
CC la recibió sin decir nada. La observó sin mucho interés y volvió a mirar a Rael.
-Es toda tuya. En tus manos está la decisión. Quizás el gran día por fin ha llegado. Es tu puerta al descanso. ¿Cuándo tuviste una oportunidad así?
CC seguía sin decir nada. Lo que Rael decía era cierto. En sus manos tenía la llave para terminar con todo ese absurdo. Verdaderamente había llegado el momento clave, que no se parecía a ningún otro. Pero no podía pensar con claridad. Sentía una especie de zumbido en su cabeza y el arma seguía ahí abajo, colgando desde su mano derecha.
-Es difícil, claro que sí – dijo Rael – pero no lo tenés que pensar. Nada de reflexionar. Solo hacer. Solo se trata de obedecer un sentimiento. ¿Te acordás? Mirá. Me voy a dar vuelta. No voy a mirar. Adelante.
Y Rael quedó de espaldas a CC que seguía inmóvil sin decir una palabra. Miró el arma. La llevó a su pecho, al corazón. Siempre había imaginado que cuando tuviera un arma en sus manos, se dispararía en el corazón. Sentía un tremendo vacío en el estómago y la vista se le había vuelto confusa. Todo aquello parecía un sueño, pero no lo era. La respiración se volvió pesada. No había manera de disparar. No podía. CC levantó la vista y vio que Rael estaba frente a él mirándolo fijamente.
-¿Ves? Alguna vez hablaste del “instinto de conservación” ¿Te acordás? Dijiste que de alguna manera ése era tu principal obstáculo. Dijiste que hasta los insectos tienen ese instinto. Pero si les preguntáramos porqué quieren seguir viviendo nunca podrían contestar. Lo mismo pasa con las personas. Si tomáramos a 100, 99 no podrían dar una respuesta satisfactoria. Ese instinto de conservación nos mantiene vivos a todos. Pero también dijiste que solamente necesitabas engañar a ese instinto aunque más no fuera por un segundo ¡Y acá tenés la oportunidad! Y sin embargo no podés hacerlo. Vos querés vivir, CC. No podés disparar porque te resulta inevitable no pensar en todas las cosas que ya no podrás vivir cuando estés muerto. Sabés que no hay vuelta atrás después de eso y por eso dudás. Ahora pensás que ya no querés estar muerto.
CC seguía confundido y las palabras de Rael parecían enfermarlo. ¿Acaso podía tener razón? ¿Acaso aquél individuo tan parecido a él, casi idéntico, estaba en lo cierto? CC se sintió desfallecer. Sintió que todos sus argumentos, que todos sus razonamientos eran derrotados y sucumbían ante una Verdad mucho más poderosa. Miró el arma que aún sostenía con su mano derecha. Entonces se escuchó un estruendo. Un estruendo fuerte y seco. Y la sangre brotó irresistiblemente desde el corazón y un extraño olor a humo se esparció por el aire.
Rael yacía tirado en el pasto. CC, aún con el arma en su mano, lo miró con detenimiento y volvió a notar la apenas perceptible sonrisa en su rostro.

3 comentarios:

º·.Such a little raven.·º dijo...

grosisimo el post
ahora se vuelve la vuelta de rael (re jason xD)
Saludos

Anónimo dijo...

la verdad que moy bueno...

Rael dijo...

Gracias a Little Raven y al estimado/a lector/a anónimo/a por sus palabras.

Firma: CC