lunes, agosto 22, 2005

Al frente, brillante

Domingo a la noche. Me encuentro algo resfriado. Pero en este momento solamente me importa una cosa: ver el gol de Talleres. Ayer ganó 1 a 0, contra Aldosivi. Tengo que ver el resumen del partido. Nada más. Prendo la tele pero el programa de fulbo todavía no empezó. En su lugar hay un puñado de infradotados jugando a ser graciosos y ocurrentes mientras se ríen en una playa del Caribe. El programa lo conduce un flaco con mucha cara de boludo. Veo una vedette, un boxeador y dos tarados más. Apago la tele. Espero unos minutos más y vuelvo a prenderla. Vuelvo a encontrarme con la misma imagen. Y así sucesivamente. Después tengo la suerte de encontrarme con la tanda publicitaria. Espero un rato. Y miro una publicidad de un tipo que sale con un auto pintado como bola 8, pañales descartables, un yogur mágico, un diario que vende libros de Borges y Bioy Casares, aspirinas milagrosas que previenen infartos y algo más que ya me olvidé. Después de la tanda, otra vez al programa de los tipos que la pasan bomba en el Caribe. Pienso que la escena es patética. Yo, parado frente al televisor, con el control remoto en la mano mirando a esos individuos que hacen de cuenta que son divertidos, esperando que termine de una vez, venga el programa de fulbo y pasen el gol de la T. A eso, hay que sumarle que la habitación está a oscuras. La única luz es la de la pantalla. Los únicos sonidos son las risas de la vedette, el flaco boludo, el boxeador ídem y los otros dos tarados. Pienso que la escena parece sacada de una película de trasnoche. ¡Qué manera de perder el tiempo! ¿Por qué hago esto? ¡Vamos! Aunque sea domingo a las 12 de la noche tiene que haber algo productivo para hacer. Ahí tenés una pila de trabajos sin terminar. ¿En dónde está tu voluntad? Y mientras me hago esas preguntas, me acuerdo que la familia ya se fue a dormir y no es conveniente hablar tan fuerte. Sigo mirando el televisor. La escena de mi persona sosteniendo el control remoto en medio de la oscuridad esperando infructuosamente que un horrendo programa termine para ver un simple gol me empieza a parecer surrealista. Pero entonces la oscuridad desaparece. De repente todo es brillante. De repente hay música, así como un merengue sonando a todo lo que da. Hay mujeres esculturales bailando en una playa. Hay un tipo preparando tragos mientras se mueve al ritmo de la música luciendo una sonrisa ganadora y unos anteojos para sol tipo Matrix caribeño. Pasa un cuatriciclo con un flaco haciendo piruetas. Todo es diversión, distracción, joda loca. Pero después, el merengue termina, la arena de la playa desaparece, las chicas se esfuman. Ahora estoy en una especie de barrio privado. En el jardín de una casa imponente, tipo comedia yanky. Parece que la casa es mía, producto de años de esfuerzo. Mi hermosa esposa juega con nuestros dos hijos, un varón y una nena. También hay un perro, así como de raza importante, que corre feliz. El pasto es muy verde y el sol en lo alto brilla como nunca. Está ideal para lavar el auto. Pero entonces también desaparecen la casa, mi hermosa esposa, nuestros hijos, el perro, el auto… Y en su lugar me encuentro acostado en una camilla de hospital. Viejo y con una sonrisa pelotuda. Mis hijos, mis nietos y mi esposa me acompañan diciéndome que todo saldrá bien. Todo es blanco y puro. Hay una sensación de gran seguridad. Los médicos parecen muy profesionales. Parece que me llevan a un quirófano. La escena transcurre en cámara lenta. Y luego, todo sale perfecto, la operación fue un éxito. Me levanto de mi cama de hospital lujoso y me dirijo hacia el televisor. Lo prendo para ver qué hay. Y entonces, lo blanco y la luz se van. Vuelvo a tener 22 años, todo vuelve a estar oscuro, vuelve a ser domingo a la medianoche. Y me doy cuenta que sigo mirando la pantalla del televisor (ahora solo hay chispitas grises que se mueven todo el tiempo) Y al final no vi ese gol de mierda. No hice la pila de trabajos acumulados (que en realidad tampoco son tantos ni tan importantes) Pero no importa. Vi la vida. Incluso participé de ella. Pero a fin de cuentas, ahora no hay luz, no hay claridad, no hay sonrisas, no hay seres queridos felices, no hay seguridad, no hay diversión. Solamente una pantalla que devuelve chispitas grises enloquecidas en medio de la oscuridad. Y mañana, cuando salga afuera, cuando el sol esté en lo alto, cuando haya verde pasto donde pisar, cuando haya una linda chica que te regale una sonrisa y no haya monitores, cuando eso suceda, entonces sabré que ya no estamos mirando un televisor sino que estamos dentro de él.

3 comentarios:

vistoria dijo...

oh. que veo aquí? optimismo disfrazado de pesimismo? o viceversa?
No importa. Al menos viste que existen mujeres lindas y perros que corren. Es una gran paso para CC.

El Angie Cordobes dijo...

Ahh, por eso eras pesimismta...hincha de la T (joda, joda)

º·.Such a little raven.·º dijo...

Yo vi belleza americana.
Y coso, maldicion, haber leido su post antes... el mio es tan solo una version en bruto de este
FUCK