jueves, junio 30, 2005

El Hereje y La Santa Educación Terciaria/Universitaria

Estuve en un lugar de Conocimiento. Formé parte de un Universo Inextinguible donde, quienes entran, pueden expandir su mente, ampliar sus horizontes, madurar como personas.
Estuve en el asombroso mundo de (de pie) La Santa Educación Terciaria/Universitaria. Me cultivé en La Facu.

Conocí interesantes personas. Se me abrió un cosmos de enormes posibilidades.
Me senté entre gente como yo, todos mirando al frente. Allí estaba El Profesor disertando y explicando los misterios de su Ciencia. Habló de Milenarias e Incorruptibles Leyes Académicas que quienes se atrevan a violar, serán castigados para siempre por ignorantes, por no comprometerse. La Vida vendrá a reclamarles por su osadía.
Luego El Profesor nos dio un Ejercicio. Un Sagrado Ejercicio para que pudiéramos “aplicar lo aprendido”. Pero el Ejercicio no nos salió. Seguramente por culpa nuestra. El Profesor y la Admirable Ciencia que se digna a compartir con nosotros nunca se equivocan. Sin embargo, algunos iluminados, Estudiantes- Ciudadanos Comprometidos con el Deber, hicieron exitosamente el Ejercicio aplicando todo su Esfuerzo.
Pasaron los días y llegó la época de los Importantes Parciales y Decisivos Exámenes Finales. Hora de ponerse las pilas. De trabajar. De esforzarse para conseguir El Objetivo. Hora de demostrar que no somos unos fracasados que no saben a dónde ir, sino que podemos ser Ciudadanos Comprometidos.
Entonces me reuní con otros Estudiantes para hacer los Primordiales Trabajos Prácticos Finales en grupo. Uno era un Estudiante Comprometido con el Deber y Consigo Mismo e insistía en aplicar Conceptos. Lo curioso es que no pretendía aplicarlos para satisfacer a El Profesor sino, para superarse A Sí Mismo. De esa manera, yo pasé a ser una suerte de Estudiante No Comprometido que merecía ser castigado por La Vida porque querer presentar algo así nomás para “sacarnos de encima esta bosta”.
Y continué escuchando a El Profesor. Y tuve que leer Apuntes con muchas Milenarias e Incorruptibles Leyes Académicas, tuve que aguantar a Estudiantes- Ciudadanos Comprometidos con el Deber hablarme sobre la importancia de hacer cosas para superarse Uno Mismo, tuve que decir “presente” cuando pasaban Lista, tuve que hacer Importantes Parciales…
Y no hubo un solo día en que no me considerara un Hereje y Blasfemo de las Milenarias e Incorruptibles Leyes Académicas y de La Santa Educación Terciaria/Universitaria. Y claro, será cuestión de tiempo para que La Vida me castigue sin misericordia por no haber escuchado las enseñanzas del Santísimo Profesor, por no haberme convertido en un Estudiante- Ciudadano Comprometido, por reírme y escribir posts hablando mal y escupiendo el buen nombre de El Esfuerzo Personal y de la Santa Educación Terciaria/Universitaria.

domingo, junio 26, 2005

A las 12 y media de la noche

Son las 12 y cuarto de la noche. Me encuentro acostado en mi cama y siento unos desesperantes deseos de estar muerto. De no respirar más, de que el corazón se jubile, de que la sangre se seque y deje de correr, de que el cerebro solo sea una pelota de inútil carne gris. Muerto. Eso es. No hay ninguna otra cosa que desee más en este momento. Pero no estoy muerto. Estoy vivo. Qué dilema. ¿Y ahora qué hago? Puedo levantarme, ir a la cocina, agarrar uno de esos cuchillos con mango celeste, después ir al baño, poner el cuchillo sobre el brazo izquierdo (en la parte donde los médicos sacan sangre para los análisis) y después cortar con fuerza. La sangre comenzaría a fluir con rapidez, un gran chorro caería al piso cual cascada, yo sentiría un escalofrío bastante molesto y después solo sería cuestión de esperar. Pero lo pienso mejor y considero que, al menos esta noche, no hay forma de que me anime a cortar. Además, Padre, Madre y Hermano andan dando vueltas por la casa. No es una buena idea. Pensemos otra cosa. Y pienso y me veo ahorcado, suspendido en el aire, me veo cayendo desde 150 metros, me veo tragando pastillas de colores graciosos, me veo haciendo muchas cosas. Pero no. Ahora son las 12 y media. Han pasado 15 minutos y sigo vivo. Sigo vivo porque siento que el corazón continúa latiendo, la nariz sigue dejando pasar aire, mi cuerpo sigue en calor. Sigo mirando, escuchando, siento la lapicera entre los dedos y sigo escribiendo. Cualquiera diría que sigo vivo. Pero ¿es eso cierto? Ahora empiezo a dudar. El hecho de que mi corazón siga bombeando ríos de sangre a lo largo y ancho de mi ser no significa que esté vivo ¿O si? Que camine, que hable, que piense, que me ría y que otros puedan verme hacer todo eso ¿Es una prueba de que sigo con vida? Realmente no estoy seguro. Es más, ahora pienso que no es suficiente. Miro más de cerca, meto un pensamiento adentro de otro, respiro un poco más hondo, escucho mis propios latidos resonar con fuerza y después… Nada que esperar, nada que quiera hacer, nadie para amar, nadie para odiar, ningún árbol para plantar, nadie que me necesite, ningún trabajo para hacer, ningún libro para escribir, ningún paisaje para ver, nada nuevo para decir, ninguna canción que quiera volver a escuchar, ningún lugar hacia donde ir, nadie más que quiera hablar. Así es, Clavero. Ya estás muerto.

jueves, junio 23, 2005

Entrevista con un Progre Intelectual Posmodernista

Progre: -...En fin, si yo viviera, por ejemplo, en la India, sería anti-hinduista. Protestaría porque no puedo comerme un buen asadazo, haría caricaturas de líderes hinduistas con cara de vaca y después diría que lo único bueno de Brahma es cuando está bien helada, lista para tomarla en algún bar de Nueva Delhi. Eso haría si viviera en la India o en cualquier otro lugar donde esté establecido el Hinduismo. Pero no vivo en algún lugar así.
Si viviera en algún país árabe sería anti musulmán (o anti mahometano, anti islámico, como prefieran). Escribiría agudas críticas contra ese perverso sistema religioso en alguna revista under de distribución gratuita. Me burlaría de la ridícula costumbre de ir a La Meca a arrodillarse frente a un dios que no existe. Seguramente haría algún chiste relacionado con ese velo que obligatoriamente cubre el rostro de las pobres mujeres musulmanas. Después de todo eso, probablemente me ejecutarían. Pero eso haría si viviera en algún país musulmán. Pero no vivo en ningún país musulmán.
Si viviera en algún país budista, sería, anti budista, claro. Largaría ácidos comentarios contra ese “obeso engreído que pretende que alcancemos la sabiduría pero que no es capaz de convidarnos alguno de los postres que se traga”. Tendría un programa de radio donde, entre tema y tema, no perdería oportunidad de reírme de la enorme contradicción de una religión que predica que la felicidad está en desprenderse de los bienes materiales, ya que son engañosos y temporales, y sin embargo, tiene como líder a un Dalai Lama, con sus millones de dólares. Eso diría si viviera en algún país budista. Pero no vivo en ningún país budista.
Si viviera, por ejemplo, en Israel, sería anti judío. Me burlaría y me ofendería por todos esos ritos absurdos como la Pascua, la circuncisión, el día de reposo, que esto, que lo otro. Buscaría la forma de armar un teatro alternativo en donde haría una obra sarcástica disfrazado de rabino para hacer reír a mis seguidores. Eso haría si viviera en Israel. Pero no vivo en Israel.
Como vivo en Occidente, me burlo del cristianismo. No me importa en absoluto si son católicos, evangelistas, mormones, o lo que sea. Yo me burlo del cristianismo y le echo la culpa de todo, porque vivo en Occidente, donde el cristianismo es mayoría.

Periodista Progre (algo confundido pero fingiendo que ha entendido todo):-Ja, ja, ja, señor Progre. Comprendo y comparto su punto de vista. Lo que está queriendo decir es que, al fin y al cabo, usted es anti religioso.

Progre:-Oh, no, no he terminado aún. Si viviera en China, me burlaría del ateísmo, de los agnósticos, o como quieran llamarse. Diría que son unos materialistas sin razón, que niegan lo que es y afirman lo que no es. Y les preguntaría que están esperando para matarse ya que no creen en una vida más allá de lo que ven. Eso haría si viviera en China o en cualquier otro lugar donde el ateísmo esté establecido. Pero no vivo en ningún lugar así.

Periodista Progre: -Pero, pero…

Progre: -Es más… me están entrando muchas ganas de burlarme de usted. Seguramente se cree muy superior e importante porque es periodista ¿No? Yo pienso que los periodistas progres como usted no son más que unos pelotudos…

miércoles, junio 22, 2005

La película ésta...pucha ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! "La vida es bella"

A ver… el estudio, la gente que camina por el centro, el frío, el ¿trabajo? (sí, como pregunta), el destino, el A3, la vieja de Video y Animación, la luz que se corta en lo mejor del partido, Internet que también se corta, el hambre, el tiempo, las compañías molestas, las personas que te fallan, el destino otra vez, el cansancio, el puto sistema, la plata que se termina muy rápido, la falta de inspiración, el perro del yanqui que ladra toda la noche, la salud, el boludo ese que dice que “las cosas tienen el valor que uno les da”, los amigos que no son tan amigos, los deseos que no se cumplen, los ojos que arden, Jorge Cuadrado y Rebeca Bortoletto, las responsabilidades que no deberían existir, Bersuit Vergarabat, frases hechas que llevan palabras como “ilusión”, “esperanza”, “futuro”, “amor”, celulares y más celulares, proyectos que nunca debí haber empezado, perder jugando al solitario, sábados de limpieza, parciales y trabajos prácticos de mierda de una carrera ídem, intuir cuando algo malo va a pasar (nunca algo bueno), verduras en la cena, ideas suicidas que nunca terminan de concretarse, momentos felices que cada vez duran menos, los pies que duelen de tanto caminar, los objetivos sin sentido, las cosas que se rompen, el vendedor que te atiende mal, las cosas que se pierden, el despertador que te suena en el oído, recuerdos que preferiría no recordar…yo mismo. Yo mismo que no puedo dejar de escribir listas como ésta.

lunes, junio 20, 2005

Explicación

Me detuve frente al hombre errante con aire de interpelación insolente, decidido a formular dos agresivas preguntas:
-¿Quién eres y qué haces?
Pero aquél ser incansable y fantástico me evitó con un giro raudo, como el arranque del vuelo del halcón, y lo vi mezclarse entre la multitud, como la gaviota cuando roza con sus alas las crestas de las olas, en que la blanca espuma esmalta en sus copos el azul del piélago que sirve de espejo a Dios.

Edgar Alan Poe- “El hombre de la multitud”


De repente me detengo en el medio de la multitud. La gente va y viene acelerada, cada uno con la mente en algo diferente. Cada uno sumergido en su propio mundo. Algunos muy ocupados, otros paseando distendidos, otros aparentemente muy seguros, otros desorientados, otros tristes, otros alegres, otros de a dos, tres, cuatro, otros solos. Ricos, pobres, viejos, jóvenes, mujeres, hombres. Muchísimos. Todos caminando hacia algún lado. Pero yo me he detenido por un momento. Soy un punto que no se mueve en el mar de gente. La muchedumbre pasa a mi lado y me esquiva con indiferencia. Yo no voy a ningún lado. Me he parado a mirar. ¿Hacia dónde van todos? ¿Hacia delante? Entonces iré hacia el lado opuesto. Empiezo a caminar abriéndome paso entre el mar de gente pero vuelvo a detenerme. No es hacia el lado opuesto donde quiero ir. En realidad no quiero ir a ningún lado. Me detengo y sigo mirando a toda esa gente. Miro tratando de comprender. Miro esperando alguna especie de revelación cósmica que me explique porqué toda esa gente camina sin detenerse. Quiero saber a dónde van. Pero por más que los observo no encuentro ninguna explicación que me convenza. Solo veo gente y más gente que avanza sin detenerse. Quiero comprender. El hombre siempre quiere comprender. Pero sigo contemplando abrumado la inmensa multitud que avanza y devora el espacio, escuchando su incesante ruido de confusas voces y no entiendo. Veo sin mirar. Sé que la explicación está ahí pero no puedo hacerme de ella. Multitud ¿Por qué caminas? Personas, cada una de ustedes ¿Hacia dónde van?
Pero nadie me responde. Solo avanzan. Hablando, riendo, pensando, insultando, matando, pero avanzan. Me doy cuenta que soy el único que no lo hace. Soy el único que se ha detenido a mirar. Quizás debería terminar con la búsqueda de una explicación y unirme a la muchedumbre que avanza sin más. Unir mi voz y mis pasos a los de ellos. Quizás así llegue a comprender. Quizás así llegue al lugar donde todos se dirigen.
Resignado y con un dejo de tristeza abandono mi lugar y comienzo a caminar. Avanzo devorando el espacio igual que todos y miro hacia delante intentando observar hacia dónde me dirijo. Pero solo veo gente, mucha gente. Entonces pienso que si sigo caminando, en algún momento podré llegar a ver el horizonte. Pero tampoco. Solo camino mezclado entre la multitud, arrastrando mi frustración. Camino entre gente que también tiene 21 años, entre gente que tiene el doble, el triple. Entre niños con remeras de colores. Entre tipos de traje y corbata. Entre jovencitas de belleza aparentemente inalcanzable. ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia dónde voy? Necesito comprenderlo. ¿Habrá alguien más en todo este océano de personas que se pregunte lo mismo?
Y mientras sigo avanzando, ya sin aire en mis pulmones, casi ahogado, con la angustia aplastándome el pecho, la respuesta que tanto anhelo llega a mi mente. Ahora comprendo.
-¿Hacia dónde vamos?
-Hacia ningún lado

miércoles, junio 15, 2005

Guía del Buen Aprovechador del Tiempo

Mientras transcurren los momentos
que conforman un día oscuro,
desperdicias y malgastas las horas
en una forma irresponsable,
deambulas por un sector de tu pueblo
esperando que alguien o algo te muestre el camino.

Pink Floyd- Time (1973)

Una de las cosas que más molesta puede llegar a resultar es la sensación de estar perdiendo el tiempo. Saber que tenemos docenas de cosas para hacer y no las hacemos. O quizás saber que tenemos mucho tiempo libre y no lo ocupamos en nada “productivo”. O también podemos estar haciendo algo supuestamente “productivo” como estudiar o trabajar, pero nos sentimos vacíos pensando que podríamos estar haciendo otra cosa “mejor”.
Pero ¿Quién decide lo que es “perder el tiempo” y lo que es “aprovechar bien el tiempo”? ¿Acaso viene algún manual llamado “La Guía del Buen Aprovechador del Tiempo”? Quizás algún diario debería editarlo mediante fascículos semanales. Seguramente ese manual nos daría muy buenos ejemplos de que es “aprovechar el tiempo”. Este podría ser un listado:
-Aprender a tocar un instrumento
-Leer una novela clásica
-Buscar trabajo en los clasificados del diario
-Ir al teatro a ver una obra surrealista
-Estudiar muy duro
-Ir a un gimnasio
-Hacer deporte con tus amigos
-Aprender idiomas para ser más eficiente en el competitivo mundo laboral donde vivimos

Lógicamente, “La Guía del Buen Aprovechador del Tiempo” también traería un listado de ejemplos sobre cómo perder el tiempo.
-Navegar por Internet (a menos que estemos llenando un currículum on-line o buscando información para ese trabajo práctico “de la Facu”)
-Escribir estando acostado mientras se escucha música
-Chatear (a menos que estés chateando con un cliente que quiere que le diseñes su campaña de marketing digital)
-Hacerse preguntas sobre el sentido de la vida
-Hacer cualquier cosa que no deje dinero en el corto o largo plazo

El manual también debería traer alguna especie de FAQ para resolver las odiosas dudas que irán apareciendo. Por ejemplo, se aclararía que “estar solo en la casa y tomarse un vino” es perder el tiempo, en cambio “tomarse tres vinos y dos ginebras en compañía de amigos” es aprovechar el tiempo porque “no todo es trabajo, también hay que pasarla bien”. Asimismo, se aclararía que reírte con el blog de tu desquiciado amigo es una de las formas más patéticas de perder el tiempo, pero leer el último libro de algún intelectual progre tipo, no sé, Bobby Flores, es una excelente forma de aprovechar el tiempo. Lógicamente, ver Defensa y Justicia contra San Martín de San Juan es perder alevosamente el tiempo, en cambio ir a jugar al fútbol 5, no (y menos si después te podés tomar tres vinos y dos ginebras). Por supuesto que salir un sábado a la noche en busca de minas para garcharse es una forma mucho más “importante” de aprovechar el tiempo que quedarse en casa a leer el libro progre de moda. Y ni hablar de que jugar al ajedrez sí sirve para aprovechar el tiempo y no así jugar al Tetris.
Y además, el paradigma del “Buen Aprovechador del Tiempo” es aquel que trabaja todos los días de su existencia (en lo que le gusta, ojo), que además estudia una carrera universitaria y que los fines de semana se desenchufa y “la pasa bien”. En resumen, “es feliz”.
Definitivamente, sería un buen negocio para el diario editar esa guía. Es más, después podrían vender el derecho a rendir un examen para sumar puntos de “buen aprovechador del tiempo”. Quizás, una vez que hayamos dejado este mundo, podamos canjear nuestro diploma por más tiempo extra como recompensa por haber “aprovechado bien el tiempo”.

NOTA: Este manual estaría dirigido a lectores cultores del ESTILO DE VIDA OCCIDENTAL. Próximamente saldría uno para los new agers, neo hippies, liberales y etcétera.

lunes, junio 13, 2005

Imágenes para un invierno

I) ¿Arte?

Acostado queriendo escribir sobre el cuaderno
Queriendo vomitar arte
Y no puedo lograrlo
Miro el reloj y son las 01:05 de la noche
Dentro de doce horas
Estaré sentado a la mesa
Comiendo galletas de agua con miel
Pero en este momento solo quiero vomitar arte
Y sigo sin poder
Y ahora no hay nadie con quién hablar
Nadie que quiera contarme su historia
Solo estoy yo
¿Contándome mi propia historia?
Y ahora son las 01:10
Noche del sábado
Galletas de agua con miel en la noche del sábado
O quizás
Vomitando arte con miel sobre el cuaderno
Mientras el reloj marca las 01:12

II) “Esto siempre estaba lleno de hojas ¿Sabías?”


Afuera, parado sobre el pasto
Estruendos suenan a lo lejos en esta tarde
Y Talleres ascendió, le ganó a Belgrano
Y el árbol donde sabía subirme
Majestuoso, rey de las hojas
Ya no está
Un cráter ha dejado
¿Estruendos que dejan cráteres?

Y quiero ver de nuevo a esa muchacha
De profundos ojos
Y porqué tengo que esperar doce horas
Para comer galletas con miel
Mirada profunda sabor a miel

III) Comiendo inviernos y recuerdos de mandarina

Me gusta el invierno
Porque los recuerdos se multiplican
Mañanas frías antes de ir al IPEM 20
Desde la mesa, mamá da el café
Quinto año, sentado contra la pared
Y porqué tengo que acordarme de la secundaria

Me gusta el color del invierno
No todo es gris en realidad
Porque cuando el sol aparece
Y su calor cae sobre mi cabeza
Mientras estoy comiendo mandarina
Todo parece dorado
Es más
Parece haber un ángel parado sobre el sol

IV) Doce semillas de miel y una muchacha parada sobre el sol

Quizás a nadie le importe mi historia
No a todos les gusta la miel
Y doce horas podrían pasar doce veces
Y todo podría estar igual
Pero también podría subirme una vez más
Al árbol que no existe
Y comer una mandarina
Mientras las semillas caen al pasto
Y escuchar un gol de la T
Y un poderoso estruendo resuena a lo lejos
Y el invierno que se acerca
Y los dorados rayos del sol
Que dentro de doce horas
Entrarán por la ventana
Mientras yo esté comiendo
Galletas de agua con miel

Y quiero ver de nuevo a esa muchacha
De profundos ojos
Y sonrisa sabor a miel.

sábado, junio 11, 2005

Informe sobre suicidas (y van...)

Muchísimas veces he pensado en suicidarme. Hubo una vez en que el pensamiento quiso transformarse en hechos pero no logré pasar la frontera. Hubo un tiempo en que esa idea desapareció de mi mente y se me hacía inconcebible haber pensado alguna vez en matarme. Pero como la vida no es más que un ciclo que se repite una y otra vez, la idea volvió. Al principio, no era más que un embrión. “La vida no tiene sentido”. “No vale la pena hacer ni esperar nada si total, después todo se pierde” Luego, la cosa fue creciendo hacia horizontes más oscuros. Se llega a tal punto de autodestrucción que absolutamente nada puede levantarte el ánimo, solo la idea de que en algún momento, vas a explotar y te vas a borrar definitivamente de este mundo. Nada te llama la atención. No querés nada. No te interesa nada ni nadie. Quizás, a los ojos de los demás te veas como alguien normal sin mayores preocupaciones que el común de la gente, pero dentro de vos todo está mal. A veces puede ser un torbellino de locura, de caos mental, a veces puede estar todo calmo. Pero solamente una idea te moviliza: “Quiero estar muerto”. De ninguna manera vas por ahí haciéndote la víctima, el sufrido, o lo que sea. No. Sabés que no sos ni mejor ni peor que nadie. Y te da mucha bronca ese estúpido instinto de conservación que todavía te retiene. Y buscás la forma de desahogarte. Y te vas a dormir con la esperanza de no despertar al otro día. Y pensás en muchas formas de matarte y buscás información sobre métodos para suicidarse y después te cansás de buscar y ya no hacés más nada. Estás muy seguro de algo: Nadie te va a poder ayudar de verdad. Y es una grotesca mentira eso de “Tenés que ayudarte a vos mismo”, “Vos tenés que proponerte salir de ese estado”. ¿Yo? Yo soy solo un hombre. Un hombre que si deja de tomar agua por unos pocos días se muere de sed. Nada puedo hacer, al igual que vos. Y sin embargo también pensás que no hay nada más contradictorio que un suicida. Porque el suicida se niega a aceptar cualquier ayuda o consejo ya que supone que lo tiene todo muy claro y que nadie podrá “salvarlo”, y no solo eso, tampoco quiere que lo “salven”. Pero aún así quiere que lo escuchen, necesita hablar con alguien sobre sus ideas y sobre lo que tiene pensado hacer. Paradójicamente, el suicida encuentra un poco de vida afirmando sus ideas y comentándolas con la gente que lo rodea. Y después cargás contra vos mismo y te reprochás seguir en este mundo. No tolerás que te llamen cobarde por pretender suicidarte, aunque tampoco te importa demasiado que lo hagan. Te llamás cobarde a vos mismo por no animarte a suicidarte. Muy dentro de vos sabés que no lo vas a hacer ni hoy ni mañana, pero algún día, sí, algún día así se van a terminar tus días. Debe estar escrito en algún lado. Y después tus ideas se van. No sabés cómo pero ya no pensás más en el suicido. Pasás una temporada con la mente en otras cosas. Pero todo vuelve, claro que sí. Y otra vez en lo que algunos llaman "el pozo". Y esta vez es mucho peor. Si antes sabías que no había salida ni camino que te sacara de allí, ahora mucho menos. Conocés a otros suicidas. Algunos se parecen a vos, otros se te antojan demasiado resentidos o insoportables. Como sea, pensás que no pertenecés a ese mundo, pero tampoco pertenecés al mundo de los vivos. Porque los vivos quieren estar vivos y hacen cosas para mantenerse vivos. En cambio vos, vivís "por inercia". Estás convencido de que todo es en vano y nada tiene sentido y que no da para ponerse a hacer algo demasiado pretencioso. No podés entender a la gente que cree que las cosas pueden cambiar. ¿Es posible que sean tan ilusos? Y de todas formas les caes bien, algunos hasta te quieren "ayudar". También están esos que por momentos te odian por ser tan "negativo" (como les gusta decir a ellos) Y vos sabés que, si te odian, es porque no han entendido absolutamente nada.
Pero a veces, sentís muy adentro que todavía puede haber algo que esperar más allá de la muerte y el descanso eterno. Es más, no solo hay algo que esperar sino que también sabés que va llegando hacia vos. Ni siquiera lo has buscado, sabiendo que era una búsqueda inútil, pero ahora te parece verlo llegar irremediablemente hacia vos. Y pensás que todavía te queda algo de ¿optimismo? Llamemoslo así. Optimista como el final de este post. Como muchos de tus posts.
Tal vez, después de todo, tus días no se terminen así.