domingo, abril 03, 2005

Pasó mientras esperaba el A3

Son las 12:50. Llueve bastante. Me ubico en la parada del A5 que está en la vereda de la Catedral. Mucha gente en la cola. Pasan los minutos.
Es curioso. El principal objetivo se transforma en llegar a casa ¿Cómo? En colectivo, ya que es prácticamente imposible hacerlo de otra manera. Entonces, el principal objetivo es que venga rápido el A5. ¿Y cómo logro esto? No hay forma. Solo tengo que esperar. No puedo hacer nada para cumplir mi simple y principal objetivo más que optar por una actitud pasiva.
Va pasando el tiempo. La lluvia se torna un poco más intensa. Tengo las manos en los bolsillos. "La puta que los parió" empiezo a decir mientras veo como colectivos de todos los colores pasan y devoran toda la gente que pueden.
A mi izquierda está el tipo que vende praliné y tres alfajores por un peso. Más allá está la estatua de Jerónimo Luis de Cabrera. Me pregunto qué vista se obtendrá desde ahí arriba. También está esa cabina telefónica de color rojo. “Parece un monumento a los ingleses”.
Sigue lloviendo. Pasa un tipo de Cliba barriendo la calle. Presiento que se ha juntado muchísima gente detrás de mi. Adelante, hay un tipo como de 40 años jugando a pegarse con un pendejo como de 15. No sé que hora será. No tengo reloj. Nunca en mi vida usé uno.
Y cuando venga el A5 que me lleva hasta el Marqués (me bajo en la Monseñor Pablo Cabrera, pasando el CPC), seguramente estará repleto de gente. No quiero subirme y hacer de cuenta que soy un ternero. Me voy hasta la plaza San Martín. Allá para el A3.

Camino los metros hasta la plaza. Paso al lado del puesto ése donde venden flores. Parece que ya no llueve. Es más, parece que se va a despejar el cielo. Me ubico en la fila del A3, al lado de un poste verde que tiene un farol. Veo pasar el A5, lleno de gente.
Y siguen transcurriendo los minutos (¿o las horas?)… y ahí pienso… ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Seguirá siendo viernes? A mi izquierda ahora está el tipo que vende panchos. Atrás de él hay varios perros. Parecen ser felices y buenos amigos. Por un momento creo que son los únicos verdaderamente felices de toda la plaza. Pero luego dos de ellos comienzan a pelearse por algo de comida… “Felices un carajo”
Miro el piso. Está hecho de mosaicos. Parece como si tuvieran escrito un mensaje que solo puede ser leído desde el cielo. ¿Qué dirá?
Se me ocurre mirar hacia atrás. Se ha juntado mucha gente. La fila describe una suerte de “S”. Pasan grupos de chicas con uniformes de la secundaria. Veo una pareja besándose y me pregunto si la espera se me haría más pasable si alguien me acompañara. Pasa una mujer, una vieja, diríamos, con varios años sobre su espalda. No sé cuántos tendrá, probablemente 70 o más, pero quién sabe, quizás tiene 120, 246 o 1300 años… el tiempo se vuelve algo decididamente relativo… el A3 nunca llegó. Es más, pasó otro A5, con poca gente arriba. Pienso que necesito un espejo. Tengo que ver mi rostro… quizás estoy viejo, arrugado, con el pelo blanco… pero luego me doy cuenta que mis manos, sí, mis manos están igual que antes. Entonces no ha pasado tanto tiempo… aunque, quizás estoy muerto ¡eso es! Estoy muerto. Para los muertos el tiempo no pasa. Eso tiene que haber pasado. Pero luego me doy cuenta que sigo vivo… un muerto no sentiría hambre. No me animo a mirar hacia atrás. Presiento que la fila debe llegar hasta el Cabildo. Ha dejado de llover… ¡no! Sigue lloviendo… un momento, ya no… ahora sí, empezó de nuevo…
¿Qué ha pasado? De seguro ya no es más el año 2005. No. Debe ser el… no quiero ni pensarlo. ¿Y dónde están mis hijos, mis nietos, que habrá sido de mi hermano, mis padres me habrán buscado, Victoria seguirá viviendo en Punta Alta, habrá ascendido Talleres? ¿Qué es esto? ¿Una señal? ¿Cómo tengo que interpretarla?
Y después, aparece en el horizonte. No es ni un héroe, ni la salvación. Es sólo un puto colectivo A3 que nunca llegaba. Me subo, no hay tanta gente. Todo parece normal. El boleto dice que son las 13:35 del 1/04/05. No hay nada raro. Solamente fue uno de esos días en que el colectivo se demora. Hasta tengo la suerte de sentarme en uno de esos asientos del fondo.
Pero cuando el A3 arranca, miro por la ventanilla y en la plaza, en la parada, al lado de un poste de color verde, hay un flaco, con una mochila negra, alto, como de 1,83, que mira el horizonte esperando.

5 comentarios:

gobernador de cordoba dijo...

Para mi el sentido de la vida es no hacer lo que no me gusta y vivir tranquilo. Lo que me gusta es todo lo que hago. Por eso mismo, mencionabas chicas en jumper saliendo del colegio...que bien. que bien. esperar el colectivo ¿acaso no toma un sentido extraordinario cuando las ves caminando? ahora viene invierno, peste, peste. quier mas chicas en ligeras ropas.

Manucho dijo...

muy bueno, carlos... excelente. Ojalá que en ese extraño mundo paralelo, al menos ahí, haya ascendido Talleres. Y ya que estamos, que salga campeón. Y que alguna de las minas que regalan globos de gomina antes de los partidos, en ese extraño mundo paralelo que se te ocurrió mientras esperabas al que nunca llega, te pida mi e-mail y me mande una foto de su teta, que desde la platea el otro día -en este mundo horriblemente real- sólo alcancé a verle desde lejos un escote tentador pero mezquino.

Rael dijo...

Se agradece, señor P.Fonseca.
Seguramente, en un mundo paralelo como ese, las cosas serían bien diferentes, por ejemplo, lo bueno no sería tan mezquino. En fin... esperemos ver un par de chispazos más de ese mundo paralelo, entre goles de la T y fotos tentadoras.

Anónimo dijo...

Cool blog, interesting information... Keep it UP » »

Anónimo dijo...

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