miércoles, diciembre 28, 2005

martes, diciembre 20, 2005

Carta (fragmento)

…y un día me di cuenta que la vida no tenía sentido. Que cualquier cosa que no pudiera durar para siempre, no podía tener sentido, y como la vida siempre se acaba, entonces ésta tampoco tiene un sentido válido.
Y un día me dijeron que la vida tiene el sentido que uno le crea. Pero quienes dijeron eso estaban equivocados. No habían entendido el problema en su totalidad. Yo me refería a un sentido absoluto, no a sentidos relativos que variaran de persona en persona y que fueran cambiando con el tiempo. Sentido absoluto e invariable.
Y un día también me di cuenta que quienes apostaban por que la vida tuviera un sentido, en realidad tenían miedo. Tenían miedo de darse cuenta que no había tal sentido. Que todo era una mentira. Y también me di cuenta que pretendían ser felices por sus metas temporales, por sus amores temporales, por sus deseos temporales…

lunes, diciembre 12, 2005

Casi

Creo que a pesar de tanta melancolía
Tanta pena y tanta herida
Sólo se trata de vivir

Perfecto, Lito Nebbia.
Sólo te faltó decir porqué.

jueves, diciembre 08, 2005

Nuevo blog: el limbo existe

Hola, amigos bloguerosos: En el transitar por el mundo, varias veces uno siente el impulso de hacer determinadas cosas. Algunos liberan a su patria del opresor extranjero y otros no llegan a la tapa del Billiken pero -animados por ese impulso sobrenatural- consiguen lo que querían (aunque solo sea algo tan simple como escribir un poema). Pues bien, hoy largué con un viejo proyecto: tener un blog de "humor" (¿que querrá decir "humor"?) www.limboartificial.blogspot.com. De más está decir que están todos invitados y que sus bendiciones serán bienvenidas :)
Y lógicamente, Gusto a Plástico seguirá (aguante la catarsis)

domingo, diciembre 04, 2005

Galería de fin de año

Entonces me interno en los laberintos de las galerías. Siento una extraña fascinación con la idea de esos minúsculos universos alimentando la vida de quienes los habitan, al tiempo que flotan dentro de ese gran universo que es el centro de la ciudad. Fantaseo con la idea de vivir para siempre en una galería de esas, como quien se refugia del mundo exterior e ir conociendo a todas las personas que las habitan y solo moverme por las galerías y caminar kilómetros pero siempre dentro de ellas, deteniéndome para buscar con la mirada algún raro dibujo en las vidrieras o para hablar con alguna chica de esas que están detrás de los mostradores. Escucho la voz de mi amigo M, descargando toda su ansiedad y maldiciendo la histeria de la ciudad, desilusionado de las cosas, imaginando un viaje mágico hacia los bosques del sur y ya nunca más volver. Lo escucho y deseo estar ahí, entre los grandes árboles, mirando el lago, escuchando el silencio.
Pero ahora deambulo por la gran ciudad, solo a pesar de todo, otra vez, otro verano, otro fin de año que es igual, otra vez trabajando en ese lugar, que no deja de ser un buen lugar pero me resulta surrealista (¿surrealista?) que una vez más todo se repita, y que las cosas hayan girado, dando una increíble vuelta de 365 días para nuevamente aterrizar en el mismo lugar. Y entonces escucho que Padre cita a Carl Sagan como al pasar: si uno espera lo suficiente, todo cambia. Pero ahora, extrañamente, no me siento triste, ni cansado, ni ansioso. ¿Trastorno Bipolar? Quién sabe. Quizás. Eso explicaría muchas cosas. “Qué año tan raro” pienso. Y por momentos me lleno de ese optimismo y pienso que todo se puede y que todas las cosas saldrán bien y que incluso debería ir a buscarla, aunque mi alma esté lejos de ella y el alma de ella lejos de mí. Pero después esa sensación disminuye y entonces me doy cuenta que uno recurre al arte cuando está confundido, cuando su alma tiene sed, una sed que parece no poder apagarse. Que al fin y al cabo escribo para aclarar mis ideas. Después me observo a mi mismo y pienso “qué gran cosa es no estar enamorado, como para estar alegre”. Porque así el alma y la mente de uno permanecen las dos en un solo lugar. Y después me decepciono a mí mismo preocupándome por el futuro inmediato cuando desde hace años he dejado de creer en el futuro y afanarse por algo que no existe como lo es el día de mañana me parece patético. Y a veces inconscientemente imagino que mañana mismo todo se va a acabar, sí, inconscientemente lo pienso así. Que nuestra vida es tan frágil y efímera, que todo parece un gran sueño y que mañana todo se terminará, si es que no se terminó ya. Pero después parece como si fuera a haber tiempo para hacerlo todo.
¿Todo cambia? ¿Todo es siempre igual?
No lo sé. Creo que no me interesa conocer la respuesta.

jueves, diciembre 01, 2005

Post promocional

Hola hola:
Después de un par de semanas vuelvo a postear. Ya se imaginan... la falta de inspiración, de ganas, de tiempo y algunos etcéteras más siempre conspiran! ¡Y ahora, encima, me mando un post promocional! Pero qué mejor que promocionar algo que vale la pena. Un poco de cultura, algo diferente, algo en donde no van a tener que mandar el mensaje de texto "sáquenme la plata, yo no la quiero" al *900... Se trata del sitio web www.elnuevocojo.com , una publicación on-lain de gente muy loca, llena de artículos de los buenos, de esos con muchas observaciones dementes que por lo menos a mi me gustan. Mucha denuncia, mucho discurso sin necesidad de ponerse máscara de progre, mucho humor también. Claro, lógicamente no todo es perfecto ya que un servidor ha comenzado a colaborar con sus escritos. Invitado por el amigo Vicente escribí -y cometieron la locura de publicarlo- un artículo sobre nuestra sagrada Educación Sistematizada.
Lean, disfruten, escriban y sean felices.

martes, noviembre 15, 2005

Dos Frases

Nunca pienses que estás desperdiciando tu vida porque vivir es un desperdicio

El sentido de la vida consiste en llegar a comprender que nada tiene sentido


He dicho.

domingo, noviembre 13, 2005

Los Beatles ya cansan

Gusto a Plástico quiere manifestar su hartazgo por la moda de la beatlemanía, a saber: Bandas tributo, discos tributo, conferencias, muestras, covers, remeritas, pósters, documentales, programas especiales, temas en la radio, los beatles en versión bossa nova, en versión folklore andino, en versión punk, en versión música de cámara, homenajes aquí y allá y muchos etcétera.
El público masivo y complaciente descubrió que eran una banda original (mucho más que cualquier cosa que aparezca en la tele o en la radio hoy en día), el mercado vio el negocio y los puso de moda y ahora escuchar a los Beatles es “de culto”.
Además de estar bien harto de esta moda –que a estas alturas me parece patética- quisiera agregar una opinión puramente personal pero que estoy seguro muchos compartirán: los Beatles no son taaaaaan buenos. Es más, por momentos me parecen sumamente cuadrados y escuchar más de tres temas de ellos me aburre en sobremanera.
Si bien es cierto que ellos cambiaron la forma de hacer rock y abrieron un gran panorama de innovaciones artísticas en este género musical, a mi me parece que están muy por debajo de lo que vino después. Y si no, revisar esta lista de bandas y músicos: Genesis, Yes, Deep Purple, Emerson Lake & Palmer, Rick Wakeman, Led Zeppelin, Camel, Jehtro Tull, Pink Floyd, Caravan, The Strawbs, King Crimson, y también Marillion, Pendragon, IQ, Rush, Queen, Dream Theater, Porcupine Tree… Y en Argentina: Almendra, Pescado Rabioso, Serú Girán, Manal, Sui Generis, Invisible, Crucis, La Pesada del Rock´n roll, Vox Dei, Aquelarre, Color Humano y una gran cantidad más.
Miren si habrá música para escuchar, para organizar muestras y homenajes y todo lo que tengan ganas. Pero claro, ahora el negocio son los Beatles. Bah.
Ah, y lo vuelvo a decir: esta es una opinión puramente personal y tendenciosa. Yo no soy la voz del pueblo ;-)

jueves, noviembre 10, 2005

Metamorfosis la

Franz Kafka nos hablaba en su novela La Metamorfosis acerca de Gregor Samsa, un joven que era desechado por su familia porque se había transformado en alguien diferente, concretamente, en un repugnante insecto. Incluso el mismo Gregor se excluía a sí mismo encerrándose en su pieza y sometiéndose a los cuidados de su familia, que solo se limitaban a darle de comer con la esperanza de que se muriera pronto. Cuando finalmente eso ocurría, se sentían libres, felices y salían a celebrarlo.
Entonces quisiera mirar este asunto desde otra perspectiva. Pienso en las personas que – lejos de transformarse en un repugnante insecto - un buen día parecen convertirse en seres sociables, o quizás exitosos, o tal vez “superados”, o en cualquier otro adjetivo “positivo” que ustedes encuentren. Personas que por el simple hecho de haber encontrado una novia o un novio, o por haber encontrado un trabajo, o por haberse puesto metas más arriesgadas e interesantes, o por lo que sea, ahora se sienten mejor, se sienten parte de otros círculos, incluso se sienten personas distintas (aunque ellas sostengan que siguen siendo las mismas de siempre)
Estas personas que un buen día vieron que alguno de sus sueños más anhelados se concretaba y que por lo tanto le han encontrado un “sabor más dulce a la vida” deciden – consciente o inconscientemente – que ahora están para cosas mejores y comienzan a olvidarse – literalmente – de las personas que los rodeaban.
Insisto. Estas personas no son repugnantes insectos. Todo lo contrario. Ahora tienen más amigos, tienen una pareja “que los hace felices”, tienen un trabajo que los hace sentirse importantes, tienen sueños y proyectos. Si antes vivían en penumbras, limitados por ellos mismos y las circunstancias, si antes se sentían mal, tristes y depresivos, ahora las cosas son diferentes.
Sí. Quizás no todo esté bien. Quizás muchas cosas sigan molestando pero decididamente ahora pueden considerarse “felices” (por más relativo que sea el significado de “felicidad”)
Y así es. Ahora estas personas se autoexcluyen, al igual que Gregor Samsa, pero se autoexcluyen de las personas que los bancaron, que estuvieron con ellos en los momentos más difíciles, de las personas con las que compartieron las mejores cosas, los que más profundamente pudieron entenderlos. Se alejan de ellos y se van hacia otros horizontes, creyendo que ahora todo es mejor. Y menosprecian lo imperfecto y terrenal de sus anteriores amigos porque en este momento ellos son… sí, lo voy a decir: superiores (¿o superados?)

domingo, noviembre 06, 2005

Insufribles para todos los gustos

Piensan subir el precio del boleto del transporte urbano en Córdoba.
Así es, parece que a los empresarios no los satisface ser el transporte más caro de todo el país (el cospel ya cuesta 95 centavos) sino que ahora tienen ganas de entrar al Guiness de los récords llevando el precio a $1,46. El Gobierno piensa que eso es demasiado y el aumento sería de $1,20. Sin duda, se trata de una barbaridad increíble. Ya de por sí, el servicio es una verdadera mierda: colectivos que nunca llegan a horario, que se caen a pedazos, que se rompen a mitad de camino y hay que bajarse para tomarse otro, etc. Lógicamente ya sabemos lo que va a pasar si el aumento no los convence a estos hijos de mil puta: los putos de los choferes van a hacer todo tipo de paros hasta que les den su puto aumento. Los mismos choferes que cobran alrededor de $2000. Oh, sí, leíste bien, amigo lector: $2000 por manejar un colectivo.
Lo que todos tendríamos que hacer es mandar bien a la mierda este transporte del orto y no subirnos más hasta que nos dejen de cagar la existencia. Pero, claro, nadie va a tomar esa iniciativa… y yo voy a ser el primero de todos los pelotudos en pagar $1,20 para subirme a una de esas mierdas. En fin…

Asesinando un clásico
Soy uno de los desafortunados que han escuchado la versión de Miguel Cantilo de su tema “La gente del futuro” en donde canta junto al insufrible Pelado Cordera (el de la Bersuit). Más allá del discurso que tenga este “músico”, pienso que no sirve para cantar un tema como el de Cantilo. Terrible. Insoportable. Hubiera sido lo mismo llamar a la Mona Jiménez.
Cosas así alimentan inconscientemente mis tendencias suicidas. Posta.

Talleres, Belgrano y La Voz de los que quieren quedar bien con Dios y con el diablo
El sábado que viene se jugará una nueva edición del clásico del fulbo cordobés. Estuve leyendo un poco ese diario pseudo progre
y caníbal de la ciudad –La Voz del Interior- y allí escribieron que “contando los amistosos, los dos clubes llevan 128 victorias cada uno”. En primer lugar, hay que aclarar que en ningún lugar del mundo se cuentan los partidos amistosos, los cuales, la mayoría de las veces, se consideran solo como “de preparación” (casi un entrenamiento) y solamente sirven para recaudar unos cuantos pesos. Pero claro, si los muchachos de La Voz mencionaran solamente los partidos oficiales, los simpatizantes de Belgrano pondrían el grito en el cielo y eso no es bueno para el negocio (Talleres lleva 90 victorias y Belgrano 70)
Sin embargo, eso no es todo. Si insistimos en contar los encuentros amistosos, según mis cálculos (los cuales surgen de una información que este mismo diario publicó hace unos años) Talleres lleva 127 victorias y Belgrano 125. Es decir que de todas formas, los albiazules van ganando. Pero La Voz quiere quedar bien con todo el mundo… total, quién se acuerda.

lunes, octubre 24, 2005

Día de elecciones

La bandera va al paisaje inmundo, y nuestra jerga ahoga el tambor.
En los centros alimentaremos la más cínica prostitución. Masacraremos a los rebeldes lógicos.
¡A los países de pimienta y humedad! –al servicio de las más monstruosas explotaciones industriales o militares.
Hasta la vista, aquí, no importa dónde. Reclutas de buena voluntad, nuestra filosofía será feroz; ignorantes de la ciencia, hábiles para el confort; que este mundo reviente. Es la verdadera senda ¡Adelante en marcha!


A. Rimbaud – Democracia

Los proles no se rebelarán ni en un millón de años.

George Orwell – 1984

Vamos a votar. El día es frío y lluvioso. Pensar que durante la semana hizo un calor casi irreal y que se respiraba la sequedad en estado puro. Parece una metáfora barata. Al parecer, hoy se eligen diputados ¿Se eligen? El concepto es gracioso. Sí, como para reírse. Millones de trabajadores, pobres y no tan pobres, votando por individuos infinitamente más ricos que ellos. En realidad no es para reírse. Es como para llenarse de tristeza y frustración. Algunos se llenarán de odio.
Y uno no puede evitar preguntarse porqué los partidos que parecen “mejores”, que cuentan en sus filas con gente aparentemente más honesta, más capaz, más trabajadora, más inteligente, que parecen presentar las propuestas más justas y lógicas son los que menos votos obtienen y nunca ganan nada. Y cómo aquellos que negocian con los grandes grupos empresarios, que roban y matan y mienten y se ríen de la gente y… En fin.
Y mientras andás por la lluvia rumbo a la escuela en donde hiciste la primaria y se te congelan las manos por el frío pensás que ésta “elección” ya está definida de antemano. Y no solo ésta. Todas las elecciones del mundo de todas las épocas ya fueron determinadas desde mucho antes. Al fin y al cabo el resultado siempre es el mismo: el pueblo al servicio de un grupito de poderosos. A veces es terrible, a veces no es tan malo pero siempre es así y nunca al revés. ¿La democracia el mejor de los mundos posibles? ¿Pero es que acaso sigue existiendo eso que llaman democracia? ¿Alguna vez existió? En un mundo en donde el dinero es el señor todopoderoso del reino de la tierra, en donde todo es negocio (incluso la guerra, quizás el primero de todos) ¿Puede creerse que sea el pueblo el que elige quienes serán sus gobernantes? Suena ingenuo, absurdo, patético…
Y sin embargo sabés que si no estuvieras en democracia, no durarías ni un día diciendo estas cosas. Terminarías con picana en las encías, reventado a patadas, contra un paredón, en el fondo de un río. Pero también sabés que, si quisieran, ahora te harían lo que se les antojara (como lo hacen con todos) y a nadie le importaría. O a muy pocos.
La democracia es un negocio. Todo es un negocio. Fríamente calculado. Pero también sabés que ni aún los poderosos del reino de la tierra tienen control sobre su vida. Ni siquiera ellos. Y hoy pueden matar, robar y mentir pero ¿mañana?

martes, octubre 18, 2005

Basado en hechos reales

SALE DE SU CASA EN EL MARQUÉS DE SOBREMONTE
en la mañana primaveral y mientras se dirige hacia la parada del A5 observa que la policía ha cortado una cuadra. Cinco o seis camionetas del CAP, dos cintas rojas y blancas que van desde una esquina a otra, respectivamente. Y en el medio, muchos policías, algunos usando traje negro y revisando un auto verde. Bordea la cuadra metiéndose por una diagonal y cuando vuelve a salir rumbo a la ruta se cruza con una vieja que vive frente a su casa. ¿Qué pasó? Pregunta asustada. No sé, responde con indiferencia. No habrá pasado nada en mi casa ¿no? No sé.

LA OTRA NOCHE
soñó con esa muchacha. Ambos están en el patio de la casa de él. Ella está ligeramente preocupada por la posibilidad de encontrarse embarazada. Él quiere creer que eso le importa. Y siguen hablando y cambian de tema. Lo curioso es que junto a ellos está ese árbol. Enorme y lleno de hojas. Pero ya han pasado como ocho años desde que lo cortaron y lo sacaron, casi de raíz.

ESTÁ EN LA DISQUERÍA
de música étnica que eventualmente atiende su amigo. Está ese amigo y también otro tipo, uno que hace un programa de radio. Y éste tipo cuenta que estudió matemática o algo así en la FAMAF. Y dice que a medida que uno se va involucrando más y más con los números y las ecuaciones y los cálculos, llega un punto en que toda la realidad que observa mientras camina por la calle – un árbol, el vuelo de un pájaro, chicas de escuela secundaria que pasan riendo – puede transformarse en más números y más ecuaciones y más cálculos.

ESTÁ EN SU PIEZA Y ABRE LAS PUERTAS
de la parte de arriba del ropero. Saca un cubrecama y cuando gira recibe un tremendo golpe en la parte de atrás de la cabeza, en el lado derecho. Comprende que se ha golpeado con una de las puertas y se deja caer sobre la cama mientras espera que el dolor se pase. Cree sentirse mareado pero solo parece ser una impresión suya.

POR PRESUNTA VENGANZA, ASESINARON A GOLPES A UN PRESTAMISTA
Río Cuarto. En menos de 10 horas, la Policía de Río Cuarto esclareció ayer el asesinato del financista local, Romeo Maffini, de 82 años. El flamante Peugeot 307 azul del riocuartense, que vivía solo en la ciudad, había sido hallado ayer por la mañana en Córdoba. Estaba abandonado en barrio Marqués de Sobremonte. En su interior se habrían encontrado manchas de sangre (en el asiento trasero), un bolso, guantes de goma y una pistola calibre 38. El coche tenía rastros de haber transitado por un camino de tierra.

Y MIENTRAS YACE EN SU CAMA
frotándose el lado derecho de la parte de atrás de su cabeza, se acuerda del tipo que estudió matemática o algo así en la FAMAF y que llegó a ver números y cálculos y ecuaciones en la realidad. Y piensa que él ahora está viendo sangre en un auto verde, esa muchacha junto a ese árbol que ya no existe, roperos, cubrecamas, amigos, viajes urbanos, gente que habla, hermano que toca el piano y va a la FAMAF, amigas que están lejos. Y supone que tiene que escribirlo.

sábado, octubre 15, 2005

Nuevo sueño

Un día CC se despertó con una nueva sensación. Se despertó sabiendo que ése no sería un día como los otros. No. Se despertó con una extraña, absurda y sin embargo segura convicción de que en ese día comenzaría una nueva etapa.
Y ahora ya no piensa en el suicidio. Ahora siente que se ha despertado de un perverso y aún así agradable sueño para sumergirse en otro, diferente. Ahora vuelve al CC que era el año pasado. El que tiene innumerables proyectos. Pero a diferencia de aquél CC, se dedica a buscar la forma de llevar a cabo esos proyectos sin transformarse en una presa del nervioso entusiasmo y tratando de disfrutar del proceso.
CC no se ha enamorado. CC no ha tenido un hijo. CC no ha cumplido algún viejo y anhelado sueño de juventud. Pero ha despertado. Como una versión posmoderna y tercermundista del hijo pródigo, ahora sabe que una vez más ha sido sacudido por Dios y levantado de la oscuridad. No sabe porqué y no sabe cuánto durará.
A veces piensa que ha perdido esa rara esperanza y firmeza que le daba el desear la muerte. A veces considera que después de todo solo se ha despertado para volverse a dormir y soñar un sueño distinto pero que por momentos parece igual al anterior. Pero ¿Todo sigue igual? No ¿Ahora se siente mejor? Él dice que sí. Pero también sabe que esta suerte de nuevo sueño acaba de empezar y que todavía falta pasar por momentos nefastos que quizás darán paso a momentos más estables y agradables. A veces se pregunta si vale la pena. A veces realmente duda que tenga algún sentido seguir participando de este juego en donde hay que sortear obstáculos una y otra vez. Pero como se trata de un sueño distinto, las cosas y él mismo siguen otro curso.

viernes, octubre 07, 2005

En el claro

Después de correr durante varios metros a través del bosque se sintió desfallecer. Llegó a un claro y se dejó caer pesadamente sobre la hierba. Confiaba en haberles sacado una buena ventaja a sus cazadores para así poder recobrar algo de fuerzas y volver a correr. Respiraba con mucha dificultad, no sentía las piernas, un extraño dolor se deslizaba por su estómago. Miró hacia el cielo y contempló las aves en majestuoso vuelo. Se sintió invadido por una poderosa fascinación y por un momento se olvidó de sus cazadores, de sus piernas y de su dolor en el estómago. Solo miraba ese conjunto de aves cruzar el cielo, ajenas a todo lo que pasaba debajo de ellas. Entonces escucha. Escucha pasos y voces que vienen desde el bosque. Cada vez más intensas. Muchos pasos y muchas voces. Ya cree ver los fusiles apuntando. Ya cree escuchar los estruendos. Ya cree ver y sentir su propia sangre caliente derramarse. Cree verla irrumpir en el verde suelo del claro. Entonces se incorpora. Y mira. Y distingue las siluetas llegar hacia él. Y ahora ya no siente ni sus piernas ni tampoco el verde suelo. Se eleva, se eleva con irresistible velocidad. Escucha los estruendos y los gritos. Escucha los zumbidos de las balas pasar a su lado. Pero ya no podrán alcanzarlo. Y esquiva las últimas ramas de los árboles y llega al cielo infinito y vuela haciendo danzar sus alas y sube cada vez más y se aleja y se desliza por el aire y se maravilla mirando el sol y escuchando el silencio.

Escrito el último 24 de julio

domingo, octubre 02, 2005

Visita guiada a una Universidad

Buenas tardes, señores visitantes. Mi nombre es Marcela y voy a ser su guía a lo largo de este recorrido por la Universidad. En este momento nos encontramos en la entrada principal, por favor, acompáñenme para que puedan conocer en profundidad cómo se elaboran nuestros productos.Bien. Ésta sala que ven a su derecha es el Despacho de Alumnos. En este lugar a cada uno de nuestros productos se le asigna un número y un destino. Este proceso recibe el nombre de “matriculación” y constituye el primer paso en la cadena de producción.
Si seguimos caminando podrán observar muchas otras salas a las que denominamos “Aulas”. En las Aulas, nuestros productos comienzan un proceso llamado “proceso de educación”, es decir, la parte más importante de la cadena de producción se desarrolla aquí. Si me acompañan adentro de una de estas aulas, les explicaré de manera detallada este proceso:
Bien. En primer lugar, el producto ingresa por la puerta y se dirige a sentarse en un “banco” que son estos objetos que ustedes pueden ver aquí. El producto mira hacia el frente en donde se encuentra el “profesor”, presta atención a lo que éste dice y comienza a tomar nota. El producto cumple este proceso durante todos los años que dura su estadía en la Universidad. Cada un determinado período de tiempo, el producto debe demostrar que está siendo instruido y rinde un “examen”. El examen consiste en la realización de una serie de ejercicios que luego son evaluados por el profesor mediante una simple fórmula matemática. Veo que algunos de ustedes se sienten extrañados por este método pero créanme que funciona.
Por favor, ahora acompáñenme a conocer otros sectores del edificio.
Ésta sala que ven a su derecha es el Centro de Estudiantes. Aquí, los productos reciben el supuesto apoyo por parte de otros productos como ellos. Los productos que trabajan en el Centro de Estudiantes juegan a que cambian y mejoran las cosas. Sus tareas consisten en tomar mate y algunas otras cosas irrelevantes.
Ésta es la Cantina. En este lugar, los productos comen y se distraen un rato hablando sobre cómo se emborracharon el fin de semana o sobre cómo se van a emborrachar el próximo fin de semana.
Bien, señores visitantes, hemos llegado al final de nuestro recorrido. Cuando uno de nuestros productos finalmente cumple el proceso de producción está listo para “recibirse”. En un acto formal se le otorga un papel conocido como “diploma” en donde consta que el producto ha cumplido con todo el proceso – no nos hacemos responsables de si aprendió algo o no – y luego está listo para abandonar la Universidad y empezar una vida de éxito, felicidad y realización personal.

viernes, septiembre 23, 2005

Cuando las cosas cambien

Y un día CC dejó de decir y de escribir esas cosas tan feas sobre el suicidio."Se puso las pilas", siguió estudiando y terminó su carrera. Sus amigos se alegraron por él y comenzaron a invitarlo a fiestas. Después consiguió un buen trabajo y siguió esforzándose para llegar más lejos. Entonces su familia se puso muy contenta por todo esto. Después CC conoció a una chica, se enamoraron y se pusieron de novios. Pasó el tiempo y se fueron a vivir juntos. Después se casaron y tuvieron un hijo. Después tuvieron otro hijo. Después CC se puso viejo, se jubiló y después se murió.

miércoles, septiembre 14, 2005

Once años después

Lo conocí cuando fui a quinto grado de la escuela primaria, en 1994. Él venía de otra escuela y no conocía a ninguno de nosotros pero rápidamente me tomó confianza y nos hicimos amigos. Solo lo tuve como compañero ese año y nunca más lo volví a ver pero eso alcanzó para que de vez en cuando me siga acordando de él ¿Por qué? Vaya uno a saber. Pero todavía me sigo acordando de su cara, de su tono de voz y de ciertas conversaciones intrascendentes que tuvimos.
Parecía un buen pibe. Algo inquieto, sin demasiados problemas.

Hace un par de días y sin saber porqué, volví a acordarme de él.
Y hoy, después de 11 años, lo vi. Lo vi en la tele, en el asqueroso noticiero del canal 8. Vi que unos policías se lo llevaban esposado por los pasillos de un juzgado. Escuché que el periodista decía su nombre. También mostraron su casa, donde vive con su novia –o esposa- en el mismo barrio que yo. En el frente de la casa pueden leerse leyendas escritas en las paredes que dicen cosas como “asesinos”, “muerte a los asesinos”…
Desde hace algunos días los medios locales disfrutan hablando “del espeluznante caso de los padres que mataron a golpes a su hija de 4 meses”
Este chico, que iba conmigo a quinto grado de la primaria (y que tiempo después fue compañero de mi hermano en el cuarto año de la secundaria) está acusado junto a su novia –o esposa- del “horrendo crimen”. Según parece, hace algunos meses también se dieron una vuelta por los edificios de la justicia acusados de golpear y quebrar un brazo de esa misma hija.

Pasaron 11 años ¿Qué son 11 años? Nada.
Hace once años usábamos el absurdo guardapolvo blanco de la escuela y hablábamos de videojuegos para el Family. Nos hacían estudiar pelotudeces de Sarmiento, fracciones y circulación sanguínea. Jugábamos al policía y al ladrón en el recreo. Comíamos alfajores.

Y ahora algunos están ansiosos por el futuro, otros estudian algo que no los convence, otros son explotados en el trabajo mientras imaginan algo mejor o simplemente ni imaginan, otros creen que son felices, otros se enamoran, otros no se enamoraron nunca, otros son abandonados por sus supuestos “seres queridos” que dicen “amarlos”, otros están a la deriva aún sin saberlo, otros creen tenerlo todo arreglado, algunas lloran de noche, otros se autodestruyen, otros decepcionan a todo el mundo, otros pretenden alcanzar sus deseos al precio que sea, otros solo quieren placer y después de un tiempo ya no lo encuentran, otros se mueren y otros matan.

jueves, septiembre 08, 2005

Letargo sobre letargo

Hacía mucho que no experimentaba un intenso tedio como el de hoy. Un cansancio mental tremendo, un aburrimiento aplastante, una indiferencia por todas las cosas demasiado grande, un desprecio por la vida prácticamente total. Si tuviera que resumirlo en una frase esa sería “todo me importa una mierda, incluyéndome, claro, más vale, cómo que no”
Aparentemente septiembre es un mes que, supuestamente, puede ser intenso e interesante. Viene la primavera, las chicas empiezan a mostrar más partes de su anatomía, está el famoso “día del estudiante” y demás aditamentos. Por otro lado, para los pelotudos que estudiamos una carrera, las cosas se empiezan a acelerar y llueven los “parciales”, los “trabajos prácticos” y los “trabajos finales”. Según parece, todo esto es una mezcla más que suficiente como para mantenernos despiertos y llenos de energía ya que “hay mucho para hacer y disfrutar” (?)
Sin embargo, nada de eso puede evitar que este tedio tan poderoso me invada por completo. Es un estado en donde la mente no puede concentrarse en nada por mucho tiempo. Es un estado en donde, y esto es clave, nada importa realmente.
Estoy en la clase y al frente hay un viejo hablando sobre un parcial que va a haber la semana que viene. Después viene otro a hablar del “trabajo final” el cual “es muy pesado y van a tener que trabajar muy duro para entregarlo”. Pero yo no les presto atención. No puedo hacerlo y tampoco quiero hacerlo. Es como si el futuro dejara de existir.
Las cosas se empiezan a mover en el trabajo. Grandes proyectos parecen dar frutos. La gente con la que trabajo se entusiasma y va de acá para allá. Pero a mi no me importa. Me da lo mismo si pasa algo o sino pasa nada. Y tampoco hago nada.
¿Qué me ocurre? ¿Por qué estoy así? ¿Será alguna reacción química del cerebro? Y sin embargo, esas preguntas dejan de importarme y no me interesa encontrar respuestas.
Entonces, se podría decir que “la vida me pasa por delante” (o por encima) y a mi no me molesta. No hay nada que llame demasiado mi atención. Pero al mismo tiempo soy consciente de que si sigo así pronto vendrán los problemas. Problemas que podrán romperme mucho las pelotas. Pero aún así, no hay forma de que pueda abandonar este aburrimiento y esta melancolía tan destructiva. Y llega un punto en que se vuelve muy molesto. La verdad, este estado es una mierda. Y entonces pienso en cómo salir. Y otra vez la única gran salida que encuentro es la muerte. Si me muero, ya no tendré más cosas que me produzcan cansancio y melancolía. Ya no me cansaré ni sentiré esta indiferencia. Ya no voy a depender de las pelotudeces de esta existencia sin sentido. Oh, claro que sí, la muerte es la solución. Pero… ¿Cómo morir? Tengo 22 años… un infarto a esta edad no es demasiado probable. Quizás algún accidente mortal, como ser aplastado por un piano o resbalar mientras me esté bañando… pero eso puede llegar mañana mismo como nunca en toda mi vida. Está visto que yo mismo tendré que provocarme la muerte. Pero es fácil decirlo. Muy, muy fácil. Ahora tengo que ponerme manos a la obra. Puedo ahorcarme con el cinto colgándome de un árbol pero de solo pensar que me voy a tener que subir a un árbol ya me cansa. Entonces puedo envenenarme con algún fármaco. Sin embargo, si fallo, lo único que conseguiré será pasar una temporada en el hospital mientras me clavan agujas por todos lados e incluso, me meten tubos por el orto. Puedo pegarme un tiro, eso aparece como lo más conveniente. Lo difícil será conseguir un arma. Tirarse desde una gran altura… no me veo haciéndolo. Seguramente me voy a arrepentir como un boludo. Cortarme las venas… incluso es poético (?) pero parece ser una muerte lenta y media dolorosa y capaz que mientras estoy en eso aparece alguno y me salva la vida.
Y el cansancio mental sigue ahí. El aburrimiento aplastante crece minuto a minuto. La motivación para levantarse es igual a cero. El “nada tiene sentido” se afirma con fuerza. Y la muerte que no viene. Qué hija de puta.

viernes, septiembre 02, 2005

Soy una máquina de ideas creativas

La inspiración viene hacia mí como imparable fuerza cósmica y mi mente creativa no puede dejar de generar grandes ideas. Mi nueva creación será una película ¿Qué tal? Una película de terror, con altas dosis de suspenso psicológico, con personajes que se enfrentan a fuerzas ocultas, con niños de mirada misteriosa, con muertos interfiriendo en el mundo de los vivos (no, no hay ningún personaje hincha de Belgrano en la película)
El guión lo tengo casi listo y la historia está ambientada en Córdoba pero, acorde al nuevo cine de terror posmoderno, tiene varios elementos de la tradición oriental (estoy tratando de convencer a un par de coreanos de la peatonal para que participen)
El título tentativo para el filme es “La Sexta Llamada”. A continuación, les brindo un par de detalles sobre el argumento:
Resulta que Martín y Valeria forman una joven pareja que se va a vivir en una casa que queda en el barrio Poeta Lugones. Pero Valeria empieza a notar cosas muy extrañas como puertas que se cierran solas, mensajes escritos con sangre en el espejo, televisores que se prenden solos, voces misteriosas. Le cuenta todo a Martín pero él dice estar muy ocupado como para “atender tus pelotudeces”. Mientras Valeria está trabajando (en una joyería) recibe la visita de un extraño pendejo que le da un papel con una dirección. Valeria se dirige hacia esa dirección y se encuentra con el cuerpo asesinado de una chica. Asustada llama a la policía y es allí cuando se presenta el comisario (interpretado por uno de los coreanos) el cual le dice a Valeria que todo esto forma parte de una maldición japonesa y que es muy probable que su casa esté habitada por un espíritu que no puede descansar en paz. Valeria se dirige a su casa y cuando entra tiene una visión. Puede ver claramente como su novio Martín esta ahogando con una bolsa de plástico a una chica coreana que usa lentes y tiene buenas gomas. En ese momento, Martín entra en la casa y se da cuenta que Valeria ya sabe la verdad entonces decide ahogarla en la bañera. Valeria se defiende golpeándolo con un diccionario Larousse pero Martín logra atraparla y después de adormecerla con un trapo mojado con limpiador para pisos, procede a meterla en la bañera para ahogarla. Sin embargo, en ese momento el televisor se prende solo y de la pantalla sale una chica morocha toda pálida que usa un camisón blanco. Agarra a Martín y se lo lleva adentro del tele mientras él dice “Veo una pendeja muerta!”
Esa es más o menos la idea. Y ya saben, el o la (mejor si es la) que quiera participar, que me avise.

domingo, agosto 28, 2005

Siempre supimos que llegaría

CC se paró sobre el pasto y miró hacia los árboles. Esperó unos instantes con insoportable ansiedad y por fin apareció. Caminando lentamente surgió una especie de sombra que se acercaba hacia él. Era Rael. Había una brisa muy leve en el aire que movía su pelo ondulado. Avanzó los metros que lo separaban de CC y se paró frente a él mientras una sonrisa casi imperceptible se dibujaba en su rostro.
Se miraron unos momentos y Rael dijo casi sorpresivamente:
-¿Sabés una cosa? Siempre supiste que llegaría este momento. Este momento de la encrucijada, de “tomar una decisión”. Siempre supiste que llegaría el final pero te habías olvidado. Y cuando te acordabas, preferías no pensar en eso. Pero bueno, ha llegado.
-Sí… lo sentía. Sentía que esa etapa de definición estaba muy cerca.
-Ajá, bueno… qué bien…
Rael miró fijamente a CC como esperando una respuesta. Pero CC no lo miraba. Paseaba su vista por los árboles y el verde pasto.
-¿Y?- preguntó finalmente Rael.
-¿Y qué?
-¿Qué pensás hacer?
-Ah ¿Te tengo que responder? ¿Y cómo mierda puedo saber qué voy a hacer?
-Claro, entiendo- respondió Rael con una sonrisa desconcertante

CC lo miró durante unos instantes hasta sentirse incómodo por no comprender exactamente qué estaba pasando. Rael empezó a caminar de un lado hacia otro como si se preparara para empezar a contar un relato.
-Estar en el abismo de la indiferencia y la melancolía tiene su lado bueno ¿No?
CC intentó responder con seguridad:
-Sí, creo que sí. Creo que no tener nada para esperar es lo menos peor.
-Me imagino que sabés que eso contradice por completo el espíritu humano ¿Verdad?- preguntó Rael de manera casi sarcástica mientras no dejaba de lanzar esas sonrisas enigmáticas y casi perceptibles.
-Supongo que lo contradice pero… después de todo, solo contradice al pensamiento mayoritario. Al fin y al cabo no soy el primero y tampoco voy a ser el último en pensar así.-respondió CC tranquilamente.
-Eso es cierto. Y también es cierto que durante todo este tiempo te has ido acostumbrando a estar “en el abismo” ¿No? Te has ido acostumbrando al punto tal que has llegado a sentirte cómodo, muy cómodo. No tener ni sueños ni esperanzas ni ningún motivo para vivir trae tristeza pero también una suerte de “sensación de seguridad” ¿O no? Porque la gente que se esfuerza queriendo alcanzar un objetivo y que siente placer por la vida está totalmente expuesta a la decepción, al fracaso, a la frustración. En cambio, quien no espera nada no puede sufrir desilusiones ¿Verdad?
-Es cierto
-Claro que es cierto- dijo Rael sonriendo casi con malicia- pero ¿Acaso no es una manera de autojustificarte? ¿Acaso de esta forma no estás construyéndote un argumento para justificar tu falta de valor o tu falta de optimismo?
CC no respondió nada. Sabía que Rael apenas había comenzado a hablar y que aún iba a agregar algo mucho más interesante.
-A mi no podés engañarme, CC. Somos prácticamente iguales. Mirame. Pareciera que estuviéramos frente a un espejo. Y los dos sabemos que en realidad sí tenés esperanzas, todavía querés cosas. Aún sentís ese gusto por esta vida de mierda.
CC sonrió. Sonrió con la misma sonrisa que Rael y su extraña mirada profunda se tornó aún más intensa
-Y sí, CC, yo también considero que la vida no tiene sentido y que eso de que “uno mismo debe crearle su propio sentido” es una burda mentira. Pero también sé que si vos pudieras ver uno, uno solo de tus sueños hacerse realidad te olvidarías aunque más no fuera por unos momentos de todos tus argumentos y pensamientos nefastos y pensarías en vivir… como ya te ha sabido pasar.
CC escuchaba con atención a Rael. Mirándolo con serenidad, como anticipándose a todo lo que él le decía.
-Puede ser que tengas razón - dijo CC- pero te estás olvidando de un aspecto que no se puede dejar de lado. Te estás olvidando de mi cansancio, mi intenso cansancio por todo esto, que me impide hacer cualquier cosa…
-Sí… vos seguís respirando porque se trata de un movimiento involuntario ¿No?- dijo Rael una vez más con tono sarcástico.
-Pero bueno – continuó Rael – dijimos que finalmente habíamos llegado a una gran encrucijada. Que, te gustara o no te gustara, todo esto ya se había tornado insoportable y ha llegado el momento de que las cosas se definan, para mejor o para peor…
-Sí- respondió CC seriamente y con cierta incertidumbre.
Rael lo miró unos momentos sin decir nada. Su casi imperceptible sonrisa se borró y en su rostro se reflejó la duda, la duda de cómo le diría lo que ahora pensaba decirle. Se puso las manos en los bolsillos y comenzó a caminar. De repente quedó de espaldas a él y se detuvo.
-Estar a la deriva puede transformarse en una hermosa pesadilla. Claro que es hermoso. Es más, la gente que nunca ha experimentado la sensación de que nada tiene sentido y que nunca ha sabido lo que es no tener esperanzas y que nunca ha tenido intensos deseos de morir… no sabe lo que se pierde. En cambio, vos sabés lo que se siente. Solo que ya estás cansado de estar así. Y yo te pregunto ¿Y si salieras del abismo? ¿Y si pudieras ayudar a otros que están pasando por lo mismo? ¿Y si Dios te diera otra oportunidad?
CC no respondía nada. Observaba a Rael hablar de espaldas a él y casi tenía temor de que se diera vuelta. Y Rael continuó:
-Pero ¿y si no salieras del abismo? ¿Y si siguieras autodestruyéndote cada vez más y más? ¿Hundiéndote hasta lo insospechado hasta que…?- y Rael se dio vuelta.
En su rostro había regresado la sonrisa maliciosa y una mirada llena de lucidez. En su mano derecha tenía un arma con la que apuntaba directo a CC.
-Mirá. Está lista para ser disparada. Apretás el gatillo y listo.- dijo tranquilamente mientras le alcanzaba a CC el arma.
CC la recibió sin decir nada. La observó sin mucho interés y volvió a mirar a Rael.
-Es toda tuya. En tus manos está la decisión. Quizás el gran día por fin ha llegado. Es tu puerta al descanso. ¿Cuándo tuviste una oportunidad así?
CC seguía sin decir nada. Lo que Rael decía era cierto. En sus manos tenía la llave para terminar con todo ese absurdo. Verdaderamente había llegado el momento clave, que no se parecía a ningún otro. Pero no podía pensar con claridad. Sentía una especie de zumbido en su cabeza y el arma seguía ahí abajo, colgando desde su mano derecha.
-Es difícil, claro que sí – dijo Rael – pero no lo tenés que pensar. Nada de reflexionar. Solo hacer. Solo se trata de obedecer un sentimiento. ¿Te acordás? Mirá. Me voy a dar vuelta. No voy a mirar. Adelante.
Y Rael quedó de espaldas a CC que seguía inmóvil sin decir una palabra. Miró el arma. La llevó a su pecho, al corazón. Siempre había imaginado que cuando tuviera un arma en sus manos, se dispararía en el corazón. Sentía un tremendo vacío en el estómago y la vista se le había vuelto confusa. Todo aquello parecía un sueño, pero no lo era. La respiración se volvió pesada. No había manera de disparar. No podía. CC levantó la vista y vio que Rael estaba frente a él mirándolo fijamente.
-¿Ves? Alguna vez hablaste del “instinto de conservación” ¿Te acordás? Dijiste que de alguna manera ése era tu principal obstáculo. Dijiste que hasta los insectos tienen ese instinto. Pero si les preguntáramos porqué quieren seguir viviendo nunca podrían contestar. Lo mismo pasa con las personas. Si tomáramos a 100, 99 no podrían dar una respuesta satisfactoria. Ese instinto de conservación nos mantiene vivos a todos. Pero también dijiste que solamente necesitabas engañar a ese instinto aunque más no fuera por un segundo ¡Y acá tenés la oportunidad! Y sin embargo no podés hacerlo. Vos querés vivir, CC. No podés disparar porque te resulta inevitable no pensar en todas las cosas que ya no podrás vivir cuando estés muerto. Sabés que no hay vuelta atrás después de eso y por eso dudás. Ahora pensás que ya no querés estar muerto.
CC seguía confundido y las palabras de Rael parecían enfermarlo. ¿Acaso podía tener razón? ¿Acaso aquél individuo tan parecido a él, casi idéntico, estaba en lo cierto? CC se sintió desfallecer. Sintió que todos sus argumentos, que todos sus razonamientos eran derrotados y sucumbían ante una Verdad mucho más poderosa. Miró el arma que aún sostenía con su mano derecha. Entonces se escuchó un estruendo. Un estruendo fuerte y seco. Y la sangre brotó irresistiblemente desde el corazón y un extraño olor a humo se esparció por el aire.
Rael yacía tirado en el pasto. CC, aún con el arma en su mano, lo miró con detenimiento y volvió a notar la apenas perceptible sonrisa en su rostro.

lunes, agosto 22, 2005

Al frente, brillante

Domingo a la noche. Me encuentro algo resfriado. Pero en este momento solamente me importa una cosa: ver el gol de Talleres. Ayer ganó 1 a 0, contra Aldosivi. Tengo que ver el resumen del partido. Nada más. Prendo la tele pero el programa de fulbo todavía no empezó. En su lugar hay un puñado de infradotados jugando a ser graciosos y ocurrentes mientras se ríen en una playa del Caribe. El programa lo conduce un flaco con mucha cara de boludo. Veo una vedette, un boxeador y dos tarados más. Apago la tele. Espero unos minutos más y vuelvo a prenderla. Vuelvo a encontrarme con la misma imagen. Y así sucesivamente. Después tengo la suerte de encontrarme con la tanda publicitaria. Espero un rato. Y miro una publicidad de un tipo que sale con un auto pintado como bola 8, pañales descartables, un yogur mágico, un diario que vende libros de Borges y Bioy Casares, aspirinas milagrosas que previenen infartos y algo más que ya me olvidé. Después de la tanda, otra vez al programa de los tipos que la pasan bomba en el Caribe. Pienso que la escena es patética. Yo, parado frente al televisor, con el control remoto en la mano mirando a esos individuos que hacen de cuenta que son divertidos, esperando que termine de una vez, venga el programa de fulbo y pasen el gol de la T. A eso, hay que sumarle que la habitación está a oscuras. La única luz es la de la pantalla. Los únicos sonidos son las risas de la vedette, el flaco boludo, el boxeador ídem y los otros dos tarados. Pienso que la escena parece sacada de una película de trasnoche. ¡Qué manera de perder el tiempo! ¿Por qué hago esto? ¡Vamos! Aunque sea domingo a las 12 de la noche tiene que haber algo productivo para hacer. Ahí tenés una pila de trabajos sin terminar. ¿En dónde está tu voluntad? Y mientras me hago esas preguntas, me acuerdo que la familia ya se fue a dormir y no es conveniente hablar tan fuerte. Sigo mirando el televisor. La escena de mi persona sosteniendo el control remoto en medio de la oscuridad esperando infructuosamente que un horrendo programa termine para ver un simple gol me empieza a parecer surrealista. Pero entonces la oscuridad desaparece. De repente todo es brillante. De repente hay música, así como un merengue sonando a todo lo que da. Hay mujeres esculturales bailando en una playa. Hay un tipo preparando tragos mientras se mueve al ritmo de la música luciendo una sonrisa ganadora y unos anteojos para sol tipo Matrix caribeño. Pasa un cuatriciclo con un flaco haciendo piruetas. Todo es diversión, distracción, joda loca. Pero después, el merengue termina, la arena de la playa desaparece, las chicas se esfuman. Ahora estoy en una especie de barrio privado. En el jardín de una casa imponente, tipo comedia yanky. Parece que la casa es mía, producto de años de esfuerzo. Mi hermosa esposa juega con nuestros dos hijos, un varón y una nena. También hay un perro, así como de raza importante, que corre feliz. El pasto es muy verde y el sol en lo alto brilla como nunca. Está ideal para lavar el auto. Pero entonces también desaparecen la casa, mi hermosa esposa, nuestros hijos, el perro, el auto… Y en su lugar me encuentro acostado en una camilla de hospital. Viejo y con una sonrisa pelotuda. Mis hijos, mis nietos y mi esposa me acompañan diciéndome que todo saldrá bien. Todo es blanco y puro. Hay una sensación de gran seguridad. Los médicos parecen muy profesionales. Parece que me llevan a un quirófano. La escena transcurre en cámara lenta. Y luego, todo sale perfecto, la operación fue un éxito. Me levanto de mi cama de hospital lujoso y me dirijo hacia el televisor. Lo prendo para ver qué hay. Y entonces, lo blanco y la luz se van. Vuelvo a tener 22 años, todo vuelve a estar oscuro, vuelve a ser domingo a la medianoche. Y me doy cuenta que sigo mirando la pantalla del televisor (ahora solo hay chispitas grises que se mueven todo el tiempo) Y al final no vi ese gol de mierda. No hice la pila de trabajos acumulados (que en realidad tampoco son tantos ni tan importantes) Pero no importa. Vi la vida. Incluso participé de ella. Pero a fin de cuentas, ahora no hay luz, no hay claridad, no hay sonrisas, no hay seres queridos felices, no hay seguridad, no hay diversión. Solamente una pantalla que devuelve chispitas grises enloquecidas en medio de la oscuridad. Y mañana, cuando salga afuera, cuando el sol esté en lo alto, cuando haya verde pasto donde pisar, cuando haya una linda chica que te regale una sonrisa y no haya monitores, cuando eso suceda, entonces sabré que ya no estamos mirando un televisor sino que estamos dentro de él.

jueves, agosto 18, 2005

Estallido perfecto

Eran cerca de la dos y media de la tarde cuando CC salió de su facultad. Soplaba un viento relativamente fresco pero el sol casi primaveresco pretendía hacerse sentir. CC aún no podía regresar a su casa. Tenía que esperar hasta las 3 y volver al edificio para realizar quién sabe que horrendo trabajo práctico (que finalmente no haría). A la salida se encontró con uno de sus compañeros de clase, T. Entonces CC decidió acompañarlo hacia la parada del colectivo, sería una buena forma de esperar que se hicieran las 3. Echaron a andar por las calles del centro cordobés y T. comenzó un discurso que parecía haber tenido atravesado en la garganta durante largo tiempo y que ahora, por fin, podía largar:
-“Estoy muy cansado, CC. Estoy hecho bosta. Encima ahora tengo que ir a laburar a esa remisería de mierda. Por suerte ya hablé con el chico que está antes que yo y le dije que se quede media hora más y yo laburo los sábados. Me comeré todo el sábado ahí pero qué me importa.”
Cruzaron a lo largo de la peatonal. CC vio a una vieja que comía helado y pensó que a la vuelta se compraría uno.
-“El año pasado yo me ponía las pilas ¿viste? Hacía todos los trabajos, prestaba atención. Ahora estoy harto, a veces tengo ganas de tirar todo a la mierda. Que se vayan todos a la mierda ¿viste? Últimamente me he dado cuenta que a donde voy me tengo que putear con todo el mundo. En serio. En el trabajo, con los taxistas “pendejo de mierda” me gritan. Yo los mando a la puta que los parió. Y los remiseros también me putean. Te meten el pecho. Y cuando estoy loco, los mando bien a la mierda y se quedan piolas, al final, si sos bueno se aprovechan y si los puteás, se quedan tranquilos. Y en mi casa también: “y tenés que empezar a traer más plata” y “porqué vas a esa facultad donde son todos unos choros, sos un pelotudo” y todo eso. Yo no les doy bola, me encierro en mi pieza y chau, que se vayan a cagar. Y con mi novia también. A veces estoy tan cruzado que apenas me dice cualquier cosa, la mando a la mierda “pero quién te pensás que sos, pendeja mogólica” así le digo, en serio.” dice T. mientras ríe con frustración y mueve la cabeza.
Cruzan la General Paz. Hay mucha gente en las calles. Muchos autos. T. sigue hablando y CC parece contemplar en su rostro el peso de una suerte de tensión violenta e insoportable. Llegan a la parada de los R. “Cuando no estudiaba vivía de joda. Trabajaba y después me iba a chupar con mis amigos, no sabés” continúa diciendo. Y habla de fiestas lujuriosas y alcohol y después de su entrada a la universidad como si eso hubiera marcado el fin de una etapa que nunca más volvería. Y parece desahogarse hablando con CC. Acaso aún buscará el sentido de una vida tan aparentemente vacía que CC hace rato dejó de buscar. Pero su rostro continúa cargado de tensión y de violencia reprimida. Entonces llega el R2. T. se despide y se dispone a subir. CC da media vuelta y se aleja. Y mientras avanza escucha gritos. Gritos histéricos de mujeres. Insultos. CC mira hacia atrás. Ve un tumulto de gente. Alguien que corre huyendo de allí, o acaso varios. Gente rodeando a alguien en el suelo. Gente que mira desde lejos asombrada. Y CC que no entiende pero parece adivinar. Y se acerca rápidamente y quiere ver. Y llega abriéndose paso y mira hacia abajo y se encuentra con T. tirado, sangrando por el cuello, con los ojos desorbitados como jamás ha visto. Y gente que intenta reanimarlo sin saber cómo. Y hablan de “una puñalada” y de “ambulancias” y “policías”. Y la sangre de T. inunda el piso hecho de mosaicos. Y su violencia reprimida por fin estalla de manera perfecta.

jueves, agosto 11, 2005

En el viento

Me levanté temprano. Afuera, el viento resonaba con mucha fuerza y me hacía pensar que el frío debería ser tremendo. Salí al patio para comprobarlo. Pero no me pareció que fuera para tanto y desistí de ponerme una campera súper abrigada y opté por mi buzo de polar y la campera negra ídem. Finalmente tomé los cospeles y salí de casa rumbo a la inútil facultad. Entonces, el viento helado se hizo sentir con toda su furia. Literalmente, hacía un frío de la San Puta. El viento chocaba contra mi pecho y las tres cuadras hacia la parada del A3 parecían más largas de lo normal. Nunca en todo el año había sentido tanto frío y me tuve por un pelotudo por no haberme puesto la campera súper abrigada. Cuando faltaban unos cincuenta metros para llegar donde la parada, divisé la inequívoca mole azul del A3 que pasaba y se alejaba, sin mí, claro. Lancé unas maldiciones (“la puta madre” entre otras) que rápidamente fueron llevadas por el insistente y puto viento y eché a andar unas seis cuadras buscando un A2 salvador que me librara del frío y de llegar demasiado tarde a esa mierda de clase.
Eran como las 7:30 y el paisaje gris se iba aclarando cada vez más. Luego de caminar esas cuadras llegué a la Tomás de Irobi donde un A2 estaba levantando a unas viejas. Corrí un poco y logré subirme. Me senté con la sensación de estar hecho mierda. Los oídos me dolían a causa del frío y los mocos me rompían las pelotas y, peor, no tenía pañuelo. El boleto decía que eran las 7:37. Según mis cálculos, llegaría incluso un rato antes de que empezara la clase del pelado. Tenía algo de sueño y la cabeza me daba vueltas, lo cual me producía una leve sensación de bienestar. Mientras estaba en eso, un pensamiento llegó a mi mente: ¿Para qué me molesto en abandonar mi cama, salir y cagarme de frío, caminar como un pelotudo buscando un colectivo de mierda que me lleve a esa facultad del orto para estar en una clase que no me importa en absoluto? ¿Para qué? ¿Para qué me molesto? ¿Por mi futuro? ¿Para ser “alguien el día de mañana”? ¡Y a mí que mierda me importa el futuro! Mañana bien puedo ser un cadáver. ¿Para qué entonces salí hoy con este frío? Quizás para no decepcionar a mi familia, para después no tener que escuchar esos reproches que los padres les dan a los hijos que no estudian. Y bueno ¿A mí qué me importa eso? ¡Es más! Puedo bajarme ahora mismo y marcharme para cualquier otro lado. Eso es, ya estoy en la calle otra vez ¿y qué hacer ahora? Supongo que necesito un trabajo mejor para pagarme un lugar donde vivir, comida y esas cosas importantes ¿No? Bueno, buscaré un trabajo, me esforzaré y… un momento ¿Y para qué quiero cumplir con todos esos estándares? ¿Quién dice que así debe ser? Puedo dedicarme al arte, siempre me gustó eso. A la mierda el diseño web y el marketing. Escribiré, dibujaré ¿por qué no? Tengo muchos amigos, puedo buscarlos, convencerlos de que me acompañen ¿Para qué mierda queremos seguir así? ¡No lo necesitamos! Bueno ¿y qué hay del amor? Puedo encontrar alguna chica que sea dulce, que me entienda y que me quiera y continuar el camino juntos ¿qué tal? Claro, si de eso se trata. Al fin y al cabo se trata de hacer lo que nos gusta y no hacer lo que no nos gusta ¿Cierto? No necesito el A2, ni putos estudios, ni celulares, ni ser esclavo de explotadores trabajando en sus oficinas de mierda ¿Para qué quiero eso? ¡A mí no me importa! Entonces podré seguir por este otro camino, si una dulce chica que me entienda y me quiera me acompaña, mucho mejor todavía. Quizás después vendrán los hijos, podré ver que la gente lee mis libros, incluso podría irme de esta ciudad de horrible cemento y vivir en el campo y… un momento ¿Para qué quiero todo eso? ¿Para qué quiero dedicarme al arte, para qué quiero una dulce chica, para qué pienso en hijos, en libros, en campos…? ¿Para qué mierda pienso en todo eso? ¿Acaso por más que camine y haga cosas podré librarme del cansancio, de los problemas, de la tristeza, de las presiones, de las enfermedades, de los burócratas, de la muerte misma? ¿Podré evitarme todo eso? ¡No! ¿Podré vivir para siempre? ¡No! ¿Entonces para qué me molesto? ¿Para qué me levanté esta mañana a las 7 menos 10, pasé un frío bárbaro, vi como se me pasaba el A3, caminé como un pelotudo buscando el A2 pensando en no llegar tarde a una clase de una carrera que odio y no me interesa? ¿Por qué lo hice? ¿Y ahora para qué imagino nuevos rumbos y nuevos proyectos? ¿Para qué me molesto?

El A2 llegó a la Vélez Sársfield. Me bajé, caminé unas cuadras, entré a la facultad y vi que había llegado con tiempo. Todavía faltaban unos minutos para que empezara la clase.

lunes, agosto 08, 2005

No es más que sentimientos

Eran alrededor de las 11 de la noche cuando Rael comenzó a chatear con su amiga Ana. Había tenido un día normal, sin mayores sobresaltos, pero se sentía extraño, sumergido en un estado de profunda indiferencia, donde nada parecía importarle y donde todo podía llegar a irritarlo. Hacía varios días que arrastraba esos síntomas que acaso algún doctor hubiera diagnosticado como “depresión” pero que a Rael no le parecía así. Del otro lado, Ana se mostraba con su entusiasmo y simpatías de siempre, si bien había tenido un día agotador. Al parecer le interesaba el estado de ánimo de Rael y sentía deseos y hasta la responsabilidad de ayudarlo, quizás de hacerlo desistir de sus locuras y sus extravagantes razonamientos. Le habló de su concepción de las cosas, de que todo tiene un sentido, de que es uno mismo quien debe decidirse a salir de tan aplastante estado de angustia, de que todas las cosas tienen el valor que uno les da. Incluso le contó una historia, al parecer de Platón, acerca de dos prisioneros que un día eran liberados, pero Rael no comprendió la esencia del relato. Él, por su parte, no tenía angustia, al menos no esa angustia destructiva e insoportable que nadie quiere sufrir. Tampoco pretendía dar lástima ni pedir ayuda, simplemente conversaba, como quien conversa para pasar el rato. Habló sobre sus ideas, que para él la vida es un tremendo absurdo que no merece la pena ser vivido, que nada que no pueda durar para siempre tiene valor alguno, que el hombre es débil y no puede decidir sobre su existencia y que algún día todo se va a perder por lo tanto es inútil hacer e incluso dejar de hacer cosas.
A medida que la conversación fue avanzando, Rael parecía molestarse e irritarse cada vez más y hasta incluso reírse de su amiga (si bien no lo hacía) y Ana tampoco cedía y recurría a todos sus argumentos acaso para llegar a convencerlo de su supuesto error. ¿Por qué alguien tan joven como Rael querría morirse cuanto antes? Eso era algo que ella no podía entender.
Pero llegó un momento en que Ana pareció ser derrotada. Le dijo que era un orgulloso, un cobarde y que su actitud le daba mucha impotencia. Al decir aquello de alguna manera daba a entender que se daba por vencida.
Entonces Rael sintió cierto estremecimiento. De repente fue como si despertara de un profundo y largo sueño. No fue necesariamente a causa de las fuertes palabras de su amiga, fue algo mucho más extraño, casi inexplicable. No podía entender como él mismo había lanzado aquel enfermizo discurso, de qué forma había hecho de Ana una víctima de su cínica actitud. Solo pudo pedirle perdón. Perdón por todo lo que había dicho, por la forma en que la había tratado. Al fin y al cabo, ella solo quería ayudarlo, sinceramente quería hacerlo. Rael sintió que se derrumbaba. Sintió deseos de salir de su casa en la fría noche de domingo, dejar de lado la casi insensibilidad de una computadora, echar a correr las quince cuadras que lo separaban de su amiga y darle un abrazo. Abrazar a aquella muchacha de cabellos rojizos que solía ver todos los días en el verano cuando trabajaban juntos. Ahora se sentía miserable, prácticamente una basura y nada más que eso. “Yo valoro todo lo que me dijiste” le dijo a su amiga. “¿Aunque un día me vaya a morir?” preguntó ella. “Sí, claro. Mirá…ahora, en este momento, justamente ahora, para mí, todo lo que dijiste tiene mucho valor.” respondió. Ana pareció recobrar el entusiasmo con esas palabras y dijo “¿Ves? Estás sintiendo. Eso te hace falta, sentir”
Al acostarse en su cama, Rael seguía sintiéndose mal. Hacía mucho tiempo que no experimentaba ese tipo de angustia, tan molesta, que le taladraba el cerebro y el corazón, que parecía comerle las entrañas. Y sin embargo, no sabía porqué se sentía así. Aún tenía deseos de abrazar a su amiga. Entonces reflexionó. Y una vez más comprendió que todo no es más que sentimientos. Hacía tan solo unas horas había estado sumergido en esa apatía tan lúgubre y por momentos reconfortante, lleno de indiferencia por todas las cosas. Y ahora, luego de haber hablado con Ana, experimentaba una mezcla de angustia, de ternura y gratitud hacia ella e incluso, cierta esperanza de que, quizás, no estuviera todo perdido. Rael volvió a comprender que la existencia está regida por los sentimientos. Nada puede hacer la razón frente a los sentimientos. Y tal vez, lo que ahora sentía no era más que el producto del cansancio, de la oscuridad de la noche, de una palabra dicha en el momento justo, de algún recuerdo, o de alguna fuerza invisible hablándole al oído. Ahora se sentía así y quizás al día siguiente también. Y todo lo que hiciera estaría guiado por ese sentimiento hasta que fuera reemplazado
por otro.

miércoles, agosto 03, 2005

Exactamente igual

Este es uno de esos días en los que solo deseo con toda mi alma que la muerte venga cuanto antes y me dé un fuerte abrazo.
Me encuentro cansado, sin fuerzas para nada, salvo para escribir.
Hoy fui a clases y solo escuché hablar de cosas que no me interesan en lo más mínimo.
Y francamente ya no hay nada que me interese.
Y ahora voy a trabajar, o mejor dicho, a hacer de cuenta que estoy trabajando, capaz que después me ponga a leer algo, después se va a hacer de noche, cenaré con mi familia y después solo quedará irse a dormir para volver a levantarse mañana por la mañana, desayunar cualquier cosa, ir a esperar el puto A3 frente al Canal 10 y dejar que me lleve durante 45 minutos mientras mi mente se pierde en pensamientos vacíos y mi vista se pasea por el monótono paisaje a través de la ventana y después bajarse en el centro y encerrarse en un aula a escuchar pelotudeces inútiles que no podrán durar para siempre y después salir y hablar algunas giladas con los compañeros y después ir a la parada a esperar otra vez al A3 y otra vez viajar durante 45 minutos y bajarme frente al Canal 10 y caminar y llegar a casa y otra vez a escribir, a comer, a trabajar, a escuchar Pescado Rabioso, si la conexión no se corta quizás pueda chatear con algunos amigos, a cenar, a dormir y de nuevo a levantarse para hacer otra vez lo mismo.
Y de todas formas, aunque me levantara a las 3 de la tarde, aunque fuera al centro en helicóptero o en ala delta, aunque en lugar de estudiar fuera a una fiesta en la Mansión Playboy, todo sería exactamente igual y yo seguiría sintiéndome exactamente igual.
Y no reniego de esta vida. No reniego de este sistema absurdo. Porque siempre ha sido así y nunca va a cambiar. Estamos destinados a nacer, crecer, quizás a reproducirnos y después morir sin importar cómo, cuándo ni porqué. No reniego de eso.
Pero tampoco puedo evitar sentir esta tristeza aletargante, este aburrimiento que sigue abriéndose paso, y sentir como todo pierde su sabor, y considerar que nada, absolutamente nada tiene sentido en este mundo simplemente porque nada puede durar para siempre, y ya no esperar ni desear nada, tan solo la muerte (¿Por qué se tardará tanto? A lo mejor está viajando en un A3…)
Y pienso e imagino cuántos sentirán lo mismo que yo. Cuántos estarán hartos de todo y cuántos ya no esperarán nada de esta vida sin sentido. Cuántos como yo sentirán que su mente está pudriéndose irremediablemente.
Mi alma acaso ya está muerta. Claro, muerta en vida, eso es.
Suicidado en vida. Una vez más he dejado las cosas a la mitad. Quizás pueda aprovechar esas últimas energías que siempre quedan y finalmente concretar algo y liberarme de mí mismo y liberar al resto de la gente de mi pesada carga.
Lo último que necesita el mundo es un muerto caminando entre ellos. Tengo que irme.

sábado, julio 30, 2005

La Cena está lista

Oye, hijo, las cosas están de este modo
Una radio en mi cuarto me lo dice todo
No preguntes más
Tenés sábados, hembras y televisores
Tenés días para amar aún sin los pantalones
No preguntes más

Sui Generis- Instituciones (1974)


Hace un rato terminé de leer un libro más que interesante: Los Amos de la Globalización- Internet y Poder en la Era de la Información, escrito por la periodista española Nuria Almirón y publicado en 2002.
Con un lenguaje directo, entusiasta y hasta “combativo”, la autora brinda un análisis profundo sobre lo que se ha dado en llamar “la Sociedad de la Información”, que no es otra cosa que la era que estamos viviendo, marcada por la innovación tecnológica y cuyo símbolo principal es Internet.
Nuria describe con lujo de detalles quiénes son los amos del mundo, aquellos poderosos que controlan Internet, que fabrican las redes, los equipos y el software que usamos para conectarnos, que ponen en órbita sistemas de satélites como Echelon, diseñado especialmente para interceptar nuestras comunicaciones en busca de supuestos terroristas. Amos del mundo que se enriquecen en base a sus oscuros negociados y que además son dueños de los principales medios de comunicación del planeta y desde allí construyen una imagen positiva del absurdo Sistema que pregonan y sostienen.
Nuria nos da docenas de nombres: Gobiernos como el de EE.UU. y la Unión Europea que influyen en organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y las organizaciones destinadas a “legislar” Internet como el ICANN y la W3C. Gobiernos que impulsaron el neoliberalismo con el fin de “liberar el mercado, acabar con los monopolios e incentivar la competencia en busca de una mejor calidad de vida para todos los ciudadanos” y solo lograron crear enormes monstruos privados como Telefónica, la cual tiene alianzas con docenas y docenas de empresas en todo el mundo como Antena3, Telefé, el Grupo Clarín, Endemol, Patagonik Film Group, Lycos, Terra, Torneos y Competencias y varios más. Gigantescas compañías que devoran a otras más pequeñas, las compran, las ahogan a través de la competencia desleal –y con el guiño cómplice de los gobiernos- para así expandirse hasta todos los rincones del globo.
Nuria nos habla también de dos tremendos imperios como el de AOL- Time Warner y la compañía francesa Vivendi, a quienes describe como empresas dueñas “no solo de las cañerías sino también del agua que circula por ellas”. Empresas que explotan las telecomunicaciones y los contenidos que se pueden encontrar allí. AOL-TW es dueña de revistas como Time y Fortune, de canales de televisión como la CNN y HBO, compañías cinematográficas como Warner Bros y New Line Cinema…
Vivendi comenzó como la compañía que proveía de agua a la población francesa y ahora explota importantes marcas en las industrias de, a saber: la TV y el cine, la música, las editoriales, las telecomunicaciones e Internet. Lógicamente, si hablamos de monopolios tremendos, Nuria dedica también un capítulo a Microsoft.
Leyendo un libro como éste, observando un poco más allá de lo que nos rodea, escarbando la superficie, tratando de escuchar, aún cuando el intenso ruido no nos deja, alejándonos del tumulto, aunque sea por unos momentos y detenernos a mirar, uno concluye que al fin y al cabo, el mundo es gobernado por un reducido grupo de individuos, que hablan, respiran y morirán algún día exactamente igual que nosotros, pero que son inmensamente ricos, dueños de compañías cuyas cifras que facturan da asco transcribir, gobernantes con un poder difícil de imaginar, que negocian entre ellos y nos dan hamburguesas, películas con elfos y hadas, música fuerte y espectáculos al aire libre (como el Live 8), pornografía y teléfonos celulares con lindos colores para mantenernos contentos y distraídos. Y generan la cultura y la contracultura. Si no nos gusta Windows nos dan Linux, si no nos gusta Tinelli nos dan a Pergolini o a Pettinato, si no nos gusta Boca nos dan a River, si no nos gusta Coca tenemos Pepsi, si no nos gustan las películas de disparos y naves espaciales porque son “demasiado burdas” nos dan historias más “humanas” con personajes que luchan por un sueño y vencen a la adversidad. Y nos hacen creer que todo es posible siempre y cuando no seamos tan imbéciles de autoexcluirnos de este gran Sistema. Y basta con que nos distraigamos por un segundo para terminar creyendo que nuestra meta debe ser meternos en una universidad a estudiar y “capacitarnos” para después salir al “mundo competitivo” ya “preparados” y poder entrar a trabajar a una oficina con aire acondicionado. Que nuestra meta debe ser mantenernos jóvenes y bellos a base de horas de “gym”, de yogures de la eterna juventud para rodearnos de otros bellos y jóvenes representantes del sexo opuesto, fumando buenos cigarrillos y tomando “tragos re locos”. Que nuestra meta debe ser ir a Europa a trabajar en una multinacional todopoderosa que nos salvará y comprarnos un auto modelo 2005 y llegar a la oficina luciendo nuestro nuevo saco.
Y mientras los ricos son cada vez más ricos y llevan sus Imperios hasta el límite de la imaginación, millones de personas se mueren de hambre, deambulan por hospitales buscando curar sus enfermedades, se preocupan tratando de mantener el inestable trabajo que consiguieron y se ahogan buscando una explicación.
La autora de Los Amos de la Globalización no pretende dar soluciones mágicas. Tampoco se pone del lado de nadie. Solo presenta a la clase trabajadora como la víctima principal de este problema. Pero concluye diciendo, con asombrosa lucidez:

“…a lo que rendimos culto es al placer de la vida vacua y superficial, exenta de problemas de subsistencia y responsabilidades existenciales. Exenta de la necesidad de pensar. Es el culto a la vida fácil. Es la tiranía del placer y la comodidad que está atontando nuestras conciencias”

Y eso es lo que el ser humano busca desde el principio. Pero aún cuando lo consigue, se siente vacío, muy vacío.

lunes, julio 25, 2005

Cambiante

La semana que viene tengo exámenes finales todos los días. La verdad, he estudiado poco y nada y creo que así seguirá siendo en las próximas jornadas. Me siento extraño, de hecho, este post probablemente suene muy extraño. El aburrimiento quiere vencerme y aunque no quiera me parece que me va a ganar lo mismo. Mis energías han descendido abruptamente y a la mente le cuesta un montón salir de este estado de sopor en donde se ha sumergido.

Los niños juegan afuera
Puedo escuchar sus gritos alegres
Saltan y corren
Y cuando crezcan
Jugarán con el cuerpo inocente de alguien
Y gritarán de desesperación
Saltarán sobre los débiles
Y correrán tras lo inalcanzable

Y ahora intento descubrir a qué se debe este tedio que se ha apoderado de mí. En realidad, no me molesta. Eso es lo más curioso. Por lo general, la gente se queja del aburrimiento y desea romper un poco la monotonía. Que puedan o no puedan es otra cosa. Entonces reflexiono un poco y pienso que lo que nos mantiene vivos a todos es esperar. Siempre se trata de esperar algo, aunque más no sea la cosa más insignificante y pelotuda del mundo. Se puede trabajar para que eso que esperamos llegue cuanto antes, se puede buscarlo, o también se puede seguir como siempre esperando que se presente por sí mismo. Se puede esperarlo con una terrible ansiedad, o con pesimismo pensando que jamás llegará, o todo lo contrario. Podría decirse que el hecho de esperar cosas es lo que le da sabor a la vida. Entonces pienso que, quizás, mi aburrimiento se deba a que ya no tengo nada que esperar.

“Crece rápido, hermano árbol
Que se hagan grandes tus ramas
Que tus frutos sean delicias
Que se haga perpetua tu presencia en la tierra
Crece y vence al tiempo”
Eso cantaban tus amigos
Y no se dieron cuenta
Que habías muerto, hermano árbol


¡Ah, las supuestas responsabilidades! ¡Las cosas que quisiéramos que pasen! Hay mucho por hacer, dicen. Trabajar, correr apresurados porque no hay tiempo que perder, estudiar, amar y tanto hay para mirar. Despertarse para que los sueños se hagan realidad, dicen. Pero frustración sobre frustración equivale a matar voluntariamente lo que esperábamos. Entonces me pregunto si acaso no es antinatural matar cada una de nuestras esperanzas y ya no querer nada. Y que todo me dé igual, y que la monotonía parezca proclamarse como vencedora y que las supuestas responsabilidades me importen una mierda. Eso. Ya no hay nada.

Me vieron sentado en el parque
Mirando la Nada
Tenía una melancólica sonrisa, eso dijeron
Pasaron jovencitas de eterna hermosura
Riendo y brillando
Y solo miré la Nada
Y la gente se amontonaba y quería trozos de grandeza
Y algunos querían cambiar al mundo
Y otros querían cambiarse a sí mismos
Pero, dijeron, que yo solo estaba sentado en el parque
Mirando la Nada
Con mi melancólica sonrisa.

Entonces digo que me conozco. Y que si hoy el aburrimiento se proclama vencedor y ya no tengo nada que esperar, mañana bien puede ser diferente. Y dejaré que el entusiasmo vuelva. Y me verán hablar con ánimo y algunos dirán que les gustó lo que hice. Si, mamá, vas a ver cómo mis ojos brillan. Y seguramente pareceré el mismo de siempre. El de ojos marrones que se ríe y parece tranquilo y feliz, aunque no lo sea. El que, a pesar de todo, sabe que Dios lo cuida. El que todavía tiene algo de ganas de hacer cosas. Quizás, hasta cometa la tontería humana de ilusionarme con algo, otra vez. Si alguien me quiere acompañar, es bienvenido.

Qué cosa rara que resulta todo esto
Al final solo es un estado mental
De mirar pero no mirar
Y sentir pero no sentir
Y quién podrá vencer a su propia mente
Y quizás eso que tanto estamos esperando
Ya lo tenemos.

miércoles, julio 20, 2005

Un post para el día de tu cumpleaños

Hoy, 20 de julio de 2005 a las 20 horas, cumplí 22 años. Además de Madre, Padre y Hermano, vino un tío a saludar. Llamaron por teléfono las abuelas, otro tío y Julieta. Por Messenger recibí saludos de Victoria, Emilia, Maxi Juncos, Javier, Carina y algunos más. Y por mail recibí los buenos deseos de Morita, Pablo Aguiar, Gladys, Candiles, entre otros. Hubo torta de chocolate, música de Genesis y Marillion y eso fue todo.
Y ahora me resulta inevitable pensar en lo que ha pasado de un año a esta parte. Muchas cosas he vivido, muchas personas he conocido, pienso que he madurado en varios aspectos. Y me miro a mí mismo cumpliendo 21 el año pasado. Tenía sueños. Hace un año esperaba cosas. Hace un año quería hacer muchas cosas. Hace un año me sentía como quien se para frente a un inmenso campo y se alegra mirando todo el camino que hay para recorrer. También, hace un año tenía una desagradable ansiedad pensando en todas las que aún no había hecho. Y me movilizaba y quería hacerlas.
Pero ahora no hay nada de eso. Ahora me contemplo y me miro con 22 años y pienso que solo eso ha pasado, años y sólo años, nada más. Pienso que el tiempo avanza velozmente devorándolo todo, tragándose la gente, las vivencias, los proyectos y las palabras. Pienso que ahora tengo 22 años y que todo siempre es igual, que solo vamos acumulando días y días sobre nuestra espalda hasta que la muerte nos alcanza.
Pienso que ahora no tengo ganas de vivir. Pienso que ya no hay manera de lamentarse por las oportunidades perdidas simplemente porque ya no hay oportunidades que perder. Pienso que ya no quiero hacer nada. Y ahora todo me da igual. Y me paro y miro el inmenso campo que se despliega frente a mí y no me interesa y pienso que todo el camino para recorrer solo es vana ilusión, no es nada, nos lleva siempre al mismo lugar. Y otra vez pienso y me dicen que tendría que organizar algo, que tengo que estar bien, que no hay que deprimirse, que tengo que pasarla bien con mis amigos pero en realidad, solo puedo escribir. Escribir un post para el día de mi cumpleaños.

domingo, julio 17, 2005

Vana ilusión

Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

Eclesiastés


En estos últimos días he estado ocupado con varias cosas especialmente en el ámbito laboral donde han aparecido interesantes proyectos. He dado muchas vueltas por el centro encontrándome con diversas personas, haciendo trámites y etcétera. He estado en casa trabajando en esos proyectos. Tampoco me he olvidado del ocio: he dormido hasta tarde, me he quedado charlando a través del Messenger, he visto amigos que hacía mucho que no veía. También he pensado en hacer una pequeña celebración en mi casa el viernes con motivo de mi vigésimo segundo aniversario de existencia (que por cierto, el aniversario se cumple este miércoles 20)
En fin, he hecho muchas cosas, he pensado en otras tantas, han surgido muchas ideas. Sin embargo, ahora me detengo a pensar. Pienso en lo temporal que es todo. En lo rápido que pasan las cosas. Pienso en que todo tiende a desaparecer. Pienso que nada será para siempre. Pienso que al fin y al cabo, todo es igual.
Entonces pienso en mis proyectos. Pienso en las cosas que hago. No solo en el estudio y en el trabajo sino en todo. Reuniones con amigos, las cosas que escribo, las cosas que digo. ¿Para qué lo hago? Pienso en el dinamismo, en el entusiasmo que he tenido durante estos últimos días de supuestas novedades, en las esperanzas que han venido a mi mente. ¿Para qué? ¿Qué cambia o qué deja de cambiar? ¿A alguien le importa? ¿Acaso durará para siempre? ¿De qué sirve hacer cosas si de todos modos se perderán? ¿Acaso no me moriré algún día? ¿Podré llevarme algo, cualquier cosa, de lo que hice o tuve en vida? ¿Acaso quedarán los recuerdos? Pienso que ni siquiera los recuerdos.
Entonces pienso en toda la gente. Esa gente que estudia y quiere terminar su carrerita para que le den un título y no “morirse de hambre en el futuro”, esa gente que trabaja y se levanta a las 5 de la mañana, esa gente que lucha por un sueño, o sino, esos otros que solo buscan la forma de “pasarla bien”, o también los otros que piensan en tener cada vez más plata y más poder. Pienso en todos ellos. ¿Para qué se molestan? ¿Para qué estudian, para qué trabajan, para qué quieren más, para qué sueñan, para qué aman, para qué lo que sea?
¿Para qué sale el sol todos los días, para qué llueve, para qué siguen naciendo niños, para qué empezamos proyectos, para qué escuchamos música, para qué se escriben libros?
¿Para qué camino por el centro, para qué trabajo, para qué sigo, para qué hablo con mis amigos, para qué pienso en celebrar mi cumpleaños, para qué respiro, para qué escribo esto?
¿Acaso no terminará todo?
¿Acaso algo cambia?

domingo, julio 10, 2005

Ansiedad

Ojeando el diccionario busco la palabra "ansiedad" y veo que dice "estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo". Después agarro un libro y en una parte dice que "la palabra en inglés para ansiedad proviene del inglés worry que a su vez proviene del alemán worgen que significa ahogar". En otra parte del mismo libro dice que el vocablo ansiedad viene del griego merinmao que quiere decir "mente dividida". Inquietud, ahogar, mente dividida. Todo hace referencia a la ansiedad. Bien. Entonces uno se imagina a un tipo desesperado que tiene mil cosas para hacer y no le alcanza el tiempo y lo ataca una crisis nerviosa y le llega el estrés y se enferma. O quizás se imagina a un ama de casa ocupada con un montón de tareas, con los hijos alrededor jodiendo y con un marido desocupado. Está bien, son ejemplos válidos. Pero no hace falta recurrir a situaciones tan extremas para hablar sobre la ansiedad. La ansiedad está en todos lados. En las cosas más insignificantes de nuestra ordinaria existencia. La ansiedad come los huesos. O como lo diría algún científico: la ansiedad nos caga a palos.
La ansiedad es preocuparse demasiado por algo. La ansiedad es angustiarse porque algo nos falta. La ansiedad es encontrar cosas que siempre están mal. La ansiedad es amargarse por algo que no puede ser cambiado. La ansiedad es esperar todo el tiempo que las cosas mejoren.
La ansiedad es amargarse pensando en todos los trabajos que hay que entregar y correr desesperado de acá para allá intentando llegar a tiempo, es pensar todo el tiempo en esa persona con temor a perderla, es volverse loco porque no tengo trabajo o porque el trabajo que tengo no me gusta, o porque hoy es sábado y me quedé en mi casa en lugar de salir, es esperar que eso que tanto deseamos llegue de una buena vez, es trabajar y esforzarse y desesperarse porque no vemos los frutos.
Y hay más. Esta sociedad, este sistema con gusto a plástico incentiva la ansiedad, la alimenta continuamente y nos hace creer que es algo bueno, que preocuparse por querer más y más es inteligente, que pensar continuamente en nuestro futuro es de personas capaces que miran más allá. Y sacan productos y más productos que hay que comprar, que hay que tener sí o sí porque sino perdemos el tren de la historia. Y no me refiero solamente a celulares y cámaras digitales, sino también a yogures mágicos que como padres responsables debemos darles a nuestros hijos todos los días de su infancia para que no se enfermen de terribles enfermedades, a cremas poderosas que hacen que las mujeres sean más lindas y jóvenes, programas de televisión supuestamente divertidos que lograrán "desenchufarnos" y de paso nos encajarán alguna publicidad de un banco.
Y vemos miles de fotos de chicas perfectas y las mujeres quieren ser como ellas y los hombres las desean y los chicos que terminan la secundaria son bombardeados por eso que llaman "oferta académica" y tienen que decidirse rápido e inscribirse porque sino no serán triunfadores sino unos fracasados que se morirán de hambre. Y también nos dicen que hay que aprovechar el tiempo porque la vida es corta y nos ofrecen boliches y viajes a Europa y trolas y putas y alcohol y películas y ropa de moda y más trolas y más putas. Y para contrarrestar tanta ansiedad después nos traen libros de autoayuda que hay que comprar y leer para ser libre y ser feliz.
Y todos los días alguien inventa un concepto nuevo, una idea que hay que poner en práctica para no quedarse afuera, para no autoexcluirse.
Y no importa que tan sabios seamos, que tan libres nos consideremos. Uno divide su mente en docenas de cosas y cree que de eso se trata, uno anda apurado y piensa que es lo correcto, lo ahogan el tiempo, las presiones de la gente que lo rodea, los nuevos conceptos y productos, la idea de querer algo con tal persona, la búsqueda de la supuesta felicidad… y tanto ruido y tanto movimiento le impiden detenerse y pensar si realmente vale la pena, si realmente esto es vida.
Y viene el ahogo. Y la ansiedad te come vivo.

viernes, julio 08, 2005

Atentado

Sangriento atentado en Irak

Un gigantesco grupo armado conocido como “Estados Unidos de Norteamérica” (EE.UU) cuyo líder intelectual es George Bush, asistido por la histórica organización terrorista “Reino Unido” más una docena de células mercenarias está llevando a cabo un ataque masivo en este país árabe.
Hasta el momento, el saldo es de miles de muertos y heridos.
El motivo de tan brutal ataque parece ser el de “restituir la paz en Irak y en el mundo”, sin embargo, todo hace indicar que los verdaderos objetivos de EE.UU y sus aliados son los de apropiarse de las reservas de petróleo que posee Irak así como hacerse del control de toda la región.
Asimismo, el líder de la principal organización terrorista del mundo, George Bush, ha emitido varios comunicados en donde amenaza con realizar más ataques en diferentes partes del mundo sino se cumplen sus demandas.

jueves, julio 07, 2005

Miren qué idea


He decidido escribir una novela. No puede ser que el ya de por sí saturado mundo de la literatura no cuente con algún librejo mío. Si escribe cada uno, porqué no puedo escribir yo. Y se me ha ocurrido una idea de la gran puta madre. El título tentativo para dicha novela es “El Código A5”. Pienso que si me pongo en el trámite, soy capaz de terminarla en un mes, mandarla a alguna editorial y tiempo después estar autografiando ejemplares en el Patio Olmos. Pero tampoco me olvido de lo vago e irregular que soy. La novela puede quedar inconclusa para toda la vida. Por lo tanto, voy a desistir de escribirla por el momento y me voy a conformar con contarles muy brevemente la sinopsis.
El Código A5 sería la historia de Martín, un estudiante cordobés de Filosofía, (alto, lindo e inteligente, como yo, dicho sea de paso) que todos los días toma el colectivo A5 para volver a su casa. Pero poco a poco, empieza a notar que en los boletos hay extrañas combinaciones de números. Por ejemplo, en uno de ellos nota que él es el pasajero número 777, en otro boleto, le toca el número 033. Martín comienza a inquietarse y piensa que detrás de estas cifras se esconde un mensaje que puede cambiar muchas cosas. Al mismo tiempo, nota extraños sucesos en su vida normal. Gente que lo sigue, misteriosas llamadas telefónicas… Es entonces cuando una extraña chica que se hace llamar Rebeca se contacta con él y juntos deciden investigar que hay detrás de todo esto. Poco a poco van descifrando los códigos que aparecen en los boletos y las pistas los van llevando hacia las entrañas mismas de la Iglesia. En el camino, se encontrarán con docenas de personajes que saben más de lo que parece, como un pibe limpiavidrios que en el pasado fue abusado por un cura adicto a los repelentes para mosquitos, o la operadora de un cyber que cree ser descendiente de Jack el Destripador. En medio de todo el quilombo, Martín y Rebeca descubren impresionantes secretos que durante años fueron ocultados por la Iglesia y el Gobierno, también evitan una catástrofe ecológica, detienen una invasión extraterrestre, vuelven dinosaurios a la vida, encuentran las manos de Perón y un tema inédito de Bach y descubren que Buda, Jesucristo, Mahoma y algún otro en realidad se casaron con muchas mujeres y se fueron en un platillo volador.
Y después, rumbo a Joligud.

miércoles, julio 06, 2005

El de "Gusto a Plástico" se mandó cualquiera

Así es. Me fui al carajo con ese poema de la T. Pero qué quieren, yo no lo oculto, soy de Talleres y me la banco (por ahí tendría que haber hecho otro poema para el 4 de julio ya que ese día se cumplió un año del descenso, pero apenas intenté escribirlo, las lágrimas me borronearon la vista y no daba)
Y bueno. Quizás ahora he perdido mi áurea de icono y oscuro progre (y ya que estamos: “anti-progre”) suburbano cordobés. Ahora quién me va a tomar en serio cuando escriba sobre suicidas, caminos que no llevan a ninguna parte y posmodernistas que critican a otros que no lo son. “Ah, pero el de Gusto a Plástico es un pelotudo hincha de Talleres que se hace el poeta”. “Se hace el interesante y el profundo pero después sale con cada estupidez…” “Y encima puso una foto de la hinchada, andá a cagar…”
Pero así es la cosa. Este sujeto al que le gusta escribir cosas en un blog y que el 20 de julio va a dar inicio a sus 22 años de “perder el tiempo” (hace mucho que quería poner un link que lleve a otro artículo del blog!), que teoriza sobre el suicidio, que se manda intentos de poemas desesperados, que habla pestes de la educación terciaria/universitaria, que no quiere caer en la mentira de “el sentido de la vida es hacer lo que te gusta”, también se ríe mirando Rush Hour 2 (aguante el negro y Jackie Chan), lee el Patoruzú y Los Pitufos (y encima lo disfruta!), se muere de risa con bloopers de gente que se cae y se hace pelota, le gusta cuando en el programa de Tinelli imitan a algún famoso, le gusta hablar de fútbol con Abril (ella me dice “pecho frío” y yo le recuerdo la plata que habrá puesto Macri en las cuentas bancarias de la AFA, el Colegio de Árbitros y porqué no, de la FIFA, para que Boca ganara todo lo que ganó en los últimos años), además, habla con Javier sobre las caras que ponen las chicas que chatean en los cybers, hace torneos de videojuegos con su Hermano y Gasper, Terminator 3 le pareció excelente y cayó víctima de un profundo sopor cuando vio El Señor de los Anillos, entre otras cosas poco “intelectuales”.
Quizás, sea tan solo un muchacho de barrio... al que no le gusta ni Callejeros, ni la Mona y mucho menos la Bersuit... (Qué boludo ese pelado, por favor)

Pero, es más. Los invito a todos para mi cumpleaños. Traigan palitos, chicitos (¿o "chizitos"?), tutucas, las acompañamos con buenas cervezas, miramos Tonto y Retonto y Comando y después pongo el CD con música disco de los 70 de mi mamá.
Y bueh... para equilibrar, después recordamos diálogos de Los Simpsons.

martes, julio 05, 2005

5 de Julio de 1998


Aglomeración de personas
En el Chateau Carreras
Y la radio que transmite el mensaje
Y el verde césped pisoteado
Y el Norte Azul y Blanco
Que repite la Historia
Y al mismo tiempo lo elude
Magistralmente.
Y el círculo se cierra perfecto
Y esta vez las lágrimas son de alegría
Del otro lado, el Sur se vuelve triste
El Celeste del cielo se vuelve gris
Porque el sueño se ha destruído
Porque han caído rendidos
Bajo los pies de la Historia
Y no tienen consuelo
Y no pueden vencer
A aquello que ha sido escrito
Desde la fundación del tiempo
Porque la T se hace grande
Porque por un momento
La T se vuelve indestructible
Porque las manos de Cuenca
Te dijeron que no
Y el tiro del Lute Oste
Te terminó de matar
Y el Tigre nos hace subir
Las escaleras hacia lo alto
Y ahora entendemos
Que solo esto podía pasar
Que el tiempo se detiene
El 5 de julio de 1998
Y de ahí en más
La espina ha quedado enterrada en tu carne
Y nunca te las vas a sacar
Caen rendidos ante Talleres
Lo aplauden y reconocen su magia
Y ya nada volverá a ser como antes
Porque la Historia se ha repetido
Y ha cambiado al mismo tiempo.

domingo, julio 03, 2005

Un mensaje en la bruma

Nadie se pregunta hasta la muerte
Dónde están los signos vivos del amor, soledad

Aquelarre- Aves Rapaces (1973)


Una densa niebla caía sobre la ciudad. El boleto decía que me había subido al A Central a las 5:27 de la madrugada. Sentado en el último asiento experimenté algo de sopor pero al mismo tiempo de relajación. Sentí que el tiempo nunca pasaba. Sentí que el viaje desde el centro hasta mi casa en el Marqués de Sobremonte era eterno y eso era bueno. Pero después experimenté cierta frustración al saber que no era eterno, no. Que nada en este mundo podía ser eterno. Que pronto podría ir a dormir profundamente pero que el sueño no duraría para siempre.
Estaba así, sumergido en ese estado de sopor, de relajación física, de frustración, con el efecto de la cerveza aún expandiéndose en todas direcciones por mi cerebro, mientras el A Central desandaba el camino por la Monseñor Pablo Cabrera, a pocas cuadras de mi descenso, cuando el colectivo cambió bruscamente su recorrido. Cruzó las vías y dobló a la izquierda en lugar de seguir derecho como lo había hecho desde la fundación del mundo (según creo).
Debí haberme bajado de inmediato, claro. Debí haber tocado el timbre y bajarme en la primera parada antes de que el A Central se perdiera por oscuros barrios suburbanos desconocidos para mí. Pero no lo hice. Me quedé sentado esperando. ¿Esperando qué? No lo sé. Quizás esperando que me dejara en la puerta de mí casa. Quizás esperando que me llevara por un fantástico viaje hacia los pies del mismísimo Hacedor. Quizás tan solo que avanzara unas cuadras y volviera a meterse por la Monseñor Pablo Cabrera, principal atajo hacia mi hogar. Pero no. El paisaje se transformó. Se fueron las amarillas y tristes luces de las rutas transitadas, ya no había más misteriosas y felices parejas caminando por las veredas, desaparecieron los autos solitarios. Ahora todo era oscuro y melancólico. Muchos árboles. Sombras. Silencio. Silencio total. Me bajé en una tal calle Roberto Cayol y a mis espaldas el A Central se alejó lanzando su último y grotesco rugido.
Estaba solo. A mi alrededor todo parecía muerto. Paradójicamente, ahora lo único viviente era yo. No tenía idea de donde me encontraba. Sabía que no estaba tan lejos de la Monseñor Pablo Cabrera, es más, el nombre Roberto Cayol me sonaba. Era lógico, estaba en el barrio Poeta Lugones. Estaba cerca de casa. Pero no sabía qué dirección tomar. Estaba absolutamente desorientado. Sin embargo, una cosa era segura: tenía que caminar. No podía estarme quieto.
Me convertí en una sombra errante que avanzaba y retrocedía por entre la niebla una y otra vez. Rompí el silencio con mis pisadas. Fui hacia la izquierda, hacia la derecha, hacia delante, hacia atrás, me crucé con una camioneta del CAP como cuatro veces, atravesé iluminadas calles para luego volver a entrar en la oscuridad. Pasé frente al viejo colegio secundario donde solía ir mi hermano. Vagamente recordé cuando fui a su ceremonia de egresados en el 2003 pero no había forma de acordarme cuáles caminos había tomado en esa ocasión. Me sentí solo. Sabía que tarde o temprano daría con la salida del laberinto y finalmente me acostaría en mi cama pero la angustia iba en aumento. Me angustiaba ver las casas inmóviles, sin vida sabiendo que sus habitantes estarían durmiendo en paz, o quizás no, pero estaban seguros porque aquél era su territorio, lo conocían. Sabían a dónde ir cuando quisieran comprar pan, sabían el camino más corto hacia el Hiper. En cambio, yo era un extraño moviéndose entre la niebla. Perdiéndose cada vez más en los negros senderos. Vi una escena surrealista, absurda. Un tipo sentado en un banco en medio de un gran descampado. Hacia el fondo, más oscuridad y más descampados. Pasé a su lado rumbo hacia donde lo oscuro y desconocido parecía total. La camioneta del CAP volvió a pasar. Vi tanta oscuridad, tanta desolación frente a mi, mientras algunas gotas de lluvia caían sobre mi rostro y la bruma tocaba mis ojos que decidí dar media vuelta y volver. El tipo surrealista ahora estaba parado en medio de la calle de espaldas a mi. Me fui acercando hacia él y cuando estuve a su lado vi que llevaba un celular de fantasmal luz azul en la mano. Le pregunté por la Monseñor Pablo Cabrera. Dio gusto escuchar una voz. Sonaba amable, habrá tenido mi edad. Me dio algunas indicaciones, no estaba seguro. Él también estaba casi sin rumbo fijo y no encontraba el camino que buscaba. Quizás en aquél paraje íbamos a parar todos los que estábamos perdidos. Le di las gracias y aquel individuo anónimo me deseó suerte en medio del amarillento y onírico paisaje.
Eché a andar nuevamente esperando encontrarme realmente con la Monseñor Pablo Cabrera pero intuyendo que no era muy probable. Mis pisadas siguieron dejando su eco. A lo lejos se escuchaba el insistente y desagradable canto de un gallo. No había miedo, aún no existía el peligro de caer en la locura, lo que había era una terrible e hiriente sensación de soledad, soledad absoluta. Pensé en lo que me había pasado y lo consideré absurdo y casi imposible. Hacía tan solo unas horas me había encontrado en mi casa. Con mi hermano tocando los temas de Wakeman en el teclado, con las risas de mis padres, con la Seda caminando por todas las habitaciones y su nostálgico maullido. Hacía tan solo unas horas había estado acompañado, riéndome en medio de divertidos comentarios, con cervezas y palitos salados. Ahora estaba solo. Solo en un lugar desconocido, oscuro, con la bruma rodeándome, escuchando el triste sonido de mis pasos en el asfalto y el molesto canto del gallo, perdiéndome en delirantes laberintos. Entonces me acordé de Dios. De ese Dios que cada vez veía más lejos. Que cada vez recordaba menos. Me acordé de Él. Supe que había sido Él quien me había metido en semejante y grotesca situación. Supe que no había forma de escapar de sus manos. Me acordé de todo lo malo que yo había hecho. Pensé que en aquel momento se iba a decidir si Dios quería ser mi amigo o mi enemigo. Eso pensé en mi enferma mente, rodeado por la bruma. Entonces le pedí perdón. Perdón por mi cinismo. Otra vez lo entendía. “Y por favor, llevame a mi casa”
Un perro se alertó por mi presencia. Recibí sus ladridos. En el asfalto vi los baches llenos de piedras. Pensé en tirarle una, pero no era una buena idea. Al fondo de la calle divisé una ruta iluminada. Dos remises pasaron. Era la Roberto Cayol, otra vez. Donde todo había empezado. Hacia allí me dirigí. Con un poco de suerte podría tomar un remis que pudiera encaminarme. Me encontré nuevamente en esa calle. A lo lejos volvió a pasar la camioneta del CAP. Eché a caminar en dirección contraria hacia donde me había dirigido toda la noche. Pasó un auto de color bordó. A lo lejos venía otro. Se detuvo en una esquina, a algunos metros. Creí que era de color blanco. Sus luces no me dejaban confirmarlo, entonces vi que era del clásico color verde de los remises. Estaba dejando gente en su casa. Me acerqué, le pregunté si estaba disponible, el remisero, de unos treinta años, con barba y cara de bueno me dijo que sí. Me subí. “Llevame hasta el CPC de la Monseñor Pablo Cabrera”. En cuestión de minutos estuvimos allí. Ahora si podía ver un paisaje conocido. Hasta el aire parecía diferente. Me bajé y caminé las cuatro cuadras hacia mi casa. En ese momento, aún con la bruma húmeda que tocaba mis ojos, con las tristes luces amarillas de la ruta, con el cielo totalmente gris, con el horizonte oscuro y con el melancólico sonido de mis pasos, supe que no había paisaje más hermoso que aquel. Y también supe que en realidad nunca había estado solo. Nunca en toda la noche. Había estado en un silencioso y negro laberinto, con la fantasmal neblina pasando sobre mi, metiéndome en calles que no recordaba haber caminado nunca, sin nadie a mi lado que me acompañara diciéndome cosas al oído, sin un lugar donde descansar, perdido, completamente desorientado y sin embargo nunca había estado solo.